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El último yihadista encarcelado se ganaba la vida como vidente

«Yo soy tu hombre de ayer, de hoy y de siempre. Cariño, no me olvides». Cuando la Guardia Civil oyó esa conversación telefónica a la una y media de la madrugada entre el marroquí Abdellatif Aoulad Chiba y su esposa española Cándida, que vive en Gerona, tuvo claro que se estaba despidiendo. Fue el pasado día 12 y a partir de ese momento no lo perdieron de vista. Ese inquietante adiós era el último indicio que les faltaba para actuar contra «Genio», como se anunciaba Aoulad en la propaganda de vidente-astrólogo. Cinco días después, entraban en su piso alquilado en La Línea de la Concepción (Cád...