Nayat Kaanache recibe el Premio Convivencia llamando a la hermandad

Nayat Kaanache recibe el Premio Convivencia llamando a la hermandad
Nayat Kaanache -1
Nayat Kaanache -1

“Me niego a aceptar que la humanidad está trágicamente ligada a la medianoche sin estrellas del racismo y la guerra"


Nayat Kaanache ha recogido este viernes el Premio Convivencia de la Ciudad de Ceuta sujetando las lágrimas de emoción. Emocionada, en medio de una gran ovación de un Teatro Auditorio Revellín tristemente con menos público del que merecía la ocasión, Nayat Kaanache, la ‘chef peregrina’, ha celebrado el galardón como un reconocimiento de que otro mundo es posible. 

La prestigiosa chef vasco-marroquí ha querido dedicar el premio a su padre, “que me enseñó lo mejor de aceptar ser inmigrante toda tu vida”, “por cruzar la frontera descalzo” y a sus “mujeres que son el futuro de y a toda esa gente que me conoce por luchar sufrir no parará de ser parte del pueblo. Porque Tierra soy.  A la Fundación Premio Convivencia por su cariño y su gran esfuerzo por creer en mí y a la asociación BPW Ceuta que son unas ‘champions’ imparables”. 

Palabras gigantes como paz, convivencia, justicia, hambre, hermandad han sido los pilares del discurso de agradecimiento de esta cocinera, artista, comunicadora y activista vasco marroquí nacida en Orio, que ha recorrido medio mundo formándose con los mejores cocineros de la nueva cocina sin olvidar sus orígenes sencillos, recordando siempre que la pobreza que la alumbró es hoy su mayor riqueza.

Nayat Kaanache recoge el Premio Convivencia-2
Nayat Kaanache recoge el Premio Convivencia-2

Lo que en otros es impostura en Nayat es pasión y verdad, siempre con los pies en el suelo. Siempre con “alta conciencia” en cada uno de sus pasos. Por eso no quiso olvidar que mientras ella recogía el XVIII Premio Convivencia en el sur de Europa, al Norte llueven las bombas. “Acepto el premio  de la Convivencia en un momento en que el mundo está sufriendo un dolor incontrolable. Acepto este premio en nombre de un movimiento de derechos civiles que se mueve con determinación y un majestuoso desprecio por el riesgo y el peligro para establecer un reino de libertad y un estado de justicia que para mis son mujeres, hombre y niños que solo quieren vivir con dignidad. Soy consciente de que apenas ayer, esta misma mañana, en Ucrania las bombas no paraban. Que en Afganistán las niñas sólo quieren sacar su voz, que en la frontera con Mexico los niños mueren sin agua, soy consciente de que muchas almas mueren todos los días en Africa y soy consciente de que el Mediterráneo está lleno de cuerpos de los que nunca sabremos sus nombres. Soy consciente de que la pobreza debilitante y abrumadora aflige a mi pueblo y lo encadena al peldaño más bajo de la escala económica”.

La cocina de Nayat, como su pasión y su capacidad para saltar los obstáculos, nace del hambre, insiste a menudo. Pero pese a ello, quiere ser la última que pase hambre en este mundo, una meta que a cualquier otro le parecería inalcanzable, pero no a Nayat Kaanache: “Tengo la audacia de creer que los pueblos de todas partes pueden tener tres comidas al día para sus cuerpos, educación y cultura para sus mentes y dignidad, igualdad y libertad para sus espíritus”.

Porque Nayat Kaanache se niega a creer que somos una causa perdida. Ella tiene la receta para ello y es sencilla: el amor. “Tarde o temprano, todas las personas del mundo tendrán que encontrar una manera de vivir juntos en paz, y así transformar esta elegía cósmica pendiente en un salmo creativo de fraternidad. Si se quiere lograr esto, el hombre debe desarrollar para todos los conflictos humanos un método que rechace la venganza, la agresión y las represalias. La base de tal método es el amor. Me niego a aceptar la idea de que el "ser" de la naturaleza presente del hombre lo hace moralmente incapaz de alcanzar el eterno "deber" que siempre lo confronta. Me niego a aceptar la idea de que el hombre es un mero naufragio en el río de la vida , incapaz de influir en los acontecimientos que se desarrollan a su alrededor. Me niego a aceptar la opinión de que la humanidad está tan trágicamente ligada a la medianoche sin estrellas del racismo y la guerra que el brillante amanecer de la paz y la hermandad nunca podrá convertirse en realidad. Me niego a aceptar la noción cínica de que una nación tras otra deben descender en espiral por una escalera militarista hacia el infierno de la destrucción termonuclear. Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra en la realidad.” 

Nayat Kaanache recoge el Premio Convivencia-2
Nayat Kaanache recoge el Premio Convivencia-2

Y es esa fe la que le ayuda a seguir adelante con paso firme: “Todavía creo que un día la humanidad se inclinará ante los altares de Dios y será coronada triunfante sobre la guerra y el derramamiento de sangre, y la buena voluntad redentora no violenta proclamará el gobierno de la tierra. Y el león y el cordero se echarán juntos y cada uno se sentará debajo de su vid y de su higuera y nadie tendrá miedo”, reivindicó parafraseando al profeta Isaías. “Esta fe puede darnos coraje para enfrentar las incertidumbres del futuro. Dará nuevas fuerzas a nuestros pies cansados ​​a medida que continuamos nuestro paso hacia la ciudad de la libertad. Cuando nuestros días se vuelven lúgubres con nubes bajas y nuestras noches se vuelven más oscuras que mil medianoches”.

Nayat Kaanache recibe el Premio Convivencia llamando a la hermandad