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No te compliques, estas fiestas que te cocine El Refectorio. Esta es su oferta

No te compliques, estas fiestas que te cocine El Refectorio. Esta es su oferta
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Expositor de El Refectorio.

Ahora que es hora de hacer balance. Si algo deberíamos haber aprendido en este 2020 es que las ocasiones especiales no están en nuestra mano, al menos no del todo, posponerlas. Por eso, si hay que celebrar entorno a una buena mesa, mejor no escatimar, si se puede. Así que conviene que preste atención y meta entre sus opciones para las comidas y cenas de estas fiestas una más, encargarle las viandas a una de las mejores cocinas de la ciudad, la del restaurante El Refectorio.

Quizás las abuelas a estas alturas no andarían preguntándose ¿qué vamos a cenar estas fiestas? Alguna puede que hasta hubiera puesto ya la olla a calentar para alguno de esos guisos con más raigambre que el propio vino en los que se deshacen los huesos para extraer hasta el tuétano y que son capaces de resucitar el Premio Massiel de la Tardebuena más desmesurada. Pero la vida moderna va a otro ritmo. Y si no lo tiene claro o simplemente es de esas personas que le gusta disfrutar en la mesa, pero no quemarse las manos cocinando ni sentarse a la mesa con los sobacos perfumados de gambas, la opción del Restaurante El Refectorio para estas fiestas es más que ideal.

Vamos, dicho a lo bruto: Estas fiestas, ¡que cocine Rafa! Que además lo hace muy bien y con materias primas de primerísima calidad. Las que a usted le esconde el pescadero, a él se las reservan. Se lo digo yo, y seguramente su cuñado también.

¿Cómo funciona el invento?

Es sencillo. Le echa un vistazo a la carta, que se la ponemos pinchando aquí o la tiene al final de este texto.  Decide qué es lo que usted quiere comerse y se lo encarga por teléfono: 956513884 o 609529077. Y luego sólo tiene que ir a recogerlo el día 24 o el día 31 entre las 12 y las 14 horas.

Como va a poder comprobar en la carta esta gente lo ha pensado todo y no le van a vender un armario de Ikea con el que luego tenga que pasarse la tarde de Nochebuena o Nochevieja peleándose para montarlo a tiempo de la cena. Se lo van a dar todo hecho para que apenas tenga que presentarlo en la mesa. Han pensado en platos que o bien simplemente va a necesitar emplatar o tan sólo van a requerir un golpe de calor en el horno o en la olla. Algunos bocatas de la calle dan más trabajo por el sobre ‘packaging’ con el que los amortajan.

Ejemplo, manos y patas de cordero lechal, se lo van a dar en una bandeja lista para el horno, incluso podrá usted tirarse el moco y decir que lo ha hecho usted cuando lo saque jugoso y listo con nivel de chef profesional. Ni su cuñao se va a atrever a protestar.

refectorio centollos

Y como eso todo: las ensaladas, los pasteles de cabracho o centollo. ¡Con el trabajo que da el paste de Cabracho, Mari! Canelones rellenos de centollo y gambas (palabras mayores), el marisco ya cocido en su punto para que no tenga que estar con un ojo en el discurso del Rey y el otro en el agua hirviendo. El Cochinillo o los pescados para hornear, con sus salsas. Y hasta los postres como la tarta de queso o el strudel de manzana.

Oye, que yo, el 24 por la noche, lo tengo resuelto porque mi suegro… pero el 25, para después de la fiesta, un guiso con enjundia ya me agradaba. Hasta han pensado en eso y le ofrecen cosas como un guiso de garbanzos con bacalao al pilpil, rabo de toro o fabada asturiana.

Detalles importantes.

Es preferible que haga el encargo para Nochebuena antes del día 21, y lo que quiera para Nochevieja antes del día 28. Si usted no encontrara en la carta nada que le seduzca, seguramente tiene un problema de sibaritismo agudo, pero eso se arregla fácil: admiten encargos concretos fuera de carta.

El Refectorio

Por si usted no conoce a los firmantes de esta propuesta de enjundia para que su mesa luzca como nunca estas fiestas, se trata de unos fogones artesanos por los que sólo pasan materias primas de primera calidad, de esas que habría que meter en una cajita para enviarlas al espacio y explicarle a los Extraterrestres lo que es La Tierra y cómo es capaz de gozar el ser humano.

Sus platos apuestan por la tradición, aunque sin renunciar a los toques de innovación que el i+d+i de la gastronomía más innovadora y porosa del planeta ha ido introduciendo a lo largo de décadas de horas extras en cocinas de luxe con detalles de la NASA o por cocineros que son casi antropólogos que han estudiado las técnicas de las abuelas hasta poder escribirlas como si fueran la fórmula química, pero no la del etanol, sino la del amor verdadero. Ese amor que hace babear, enamorando a los cinco sentidos en el perfecto orden que pasa del chup chup de la olla (oído), al olor a tradición y día especial de los que no se olvidan y que impregna la casa, siguiendo con los ojos haciendo chiribitas al ver lo que sale de la cocina para hacer explotar el corazón al introducir el bocado en la boca y notar a qué sabe el amor y palpar con esa víscera llamada lengua su textura perfecta.

No espere encontrar esferificaciones a base de nitrógeno líquido u otros inventos de ingenieros culinarios. Sus técnicas son las del respeto a la tradición sin renunciar a la actualización y se basan en rescatar de los mercados y los proveedores lo mejor y más sabroso de la tierra, el mar o las cabañas ganaderas. En sus platos hay más amor que en los versos de Neruda. Un amor con trazabilidad que va añadiendo cariño y fogosidad en cada paso de la cadena que va desde la siembra, las redes o el parto de la vaca a su boca. Alimentos del país más rico del mundo, como dice José Andrés, capaces de dejar el cuerpo estas fiestas preparado para derrotar al cansinovirus a cañonazos de proteína de la buena. Si después de probar estas cosas sus hijos o sus nietos siguen teniendo ganas del burger de la esquina o inventos de la última importación de fast food temático y exótico con platos de nombre impronunciable, habrá que hablar con alguien para que los someta a un examen de españolidad de forma urgente y tal vez darles un curso de reciclaje gustativo.

Y por si no le ha quedado claro, sólo hace falta acudir a la raíz lingüística del nombre elegido para el establecimiento, Refectorio: En las comunidades y en algunos colegios, habitación destinada para juntarse a comer. ¡Y viene del latín!

Ya sabe, ¡que cocine Rafa estas fiestas!

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No te compliques, estas fiestas que te cocine El Refectorio. Esta es su oferta