Ceuta reivindica en la UNED una convivencia “frágil” que hay que cuidar cada día

Por la izquierda, Mercedes Canga, Paloma Fernández, Sony Vasdev y Navila Abdelkader.
photo_camera Por la izquierda, Mercedes Canga, Paloma Fernández, Sony Vasdev y Navila Abdelkader.

La mesa redonda ‘La visión comunitaria de la diversidad en Ceuta’ reunió a representantes de distintas confesiones y culturas que defendieron el valor de la convivencia en una ciudad “única”, alertando también sobre los riesgos de la polarización y el mal uso de las redes sociales

La convivencia entre culturas y religiones volvió a tomar el protagonismo en Ceuta durante la mesa redonda celebrada este martes en la UNED Ceuta bajo el título ‘La visión comunitaria de la diversidad en Ceuta’. El encuentro reunió a representantes de distintas sensibilidades religiosas y culturales que coincidieron en reivindicar el modelo de convivencia ceutí como un patrimonio “frágil”, construido durante generaciones y que requiere trabajo constante para mantenerse frente a fenómenos como la polarización social o los discursos de odio.

El acto -enmarcado en las Jornadas sobre convivencia y diversidad cultural en Ceuta- contó con la participación de Navila Abdelkader Mohamed, profesora de religión islámica en el IES Mare Nostrum; el economista Sony Vasdev; la maestra y delegada de Manos Unidas en Ceuta, Mercedes Canga; y Asher Bentolila, sefardí ceutí e ingeniero técnico. Todos compartieron experiencias personales y reflexiones en torno a una realidad multicultural que, según defendieron, forma parte de la esencia histórica de la ciudad.

Asistentes a la mesa redonda en la UNED.
Asistentes a la mesa redonda en la UNED.

“La convivencia no se hereda”

Una de las intervenciones más destacadas fue la de Navila Abdelkader, que centró buena parte de su exposición en el papel de la educación para sostener la convivencia. La docente recordó que la enseñanza de religión islámica se implantó en Ceuta en 2002 y que los primeros años estuvieron marcados por la falta de recursos.

“Por suerte, después de más de veinte años estamos muy bien y creo que hacemos una labor muy importante”, señaló antes de lanzar una reflexión que marcó buena parte del debate: “La convivencia no se hereda, es algo muy frágil y muy delicado que tenemos que trabajar todos los días”.

La profesora alertó además del impacto de las redes sociales y del uso irresponsable del lenguaje. “Las palabras no se las lleva el viento, quedan en la cabeza, quedan en los corazones y pueden generar mucho amor, pero también mucho daño”, advirtió.

En esa línea, defendió la necesidad de impulsar proyectos comunes entre distintas confesiones dentro de las aulas para enseñar a compartir y convivir desde edades tempranas. “El aula puede ser un microcosmos para todo el mundo”, resumió.

Cultura y religión, conceptos distintos

Sony Vasdev puso el acento en la diferencia entre cultura y religión, dos conceptos que, a su juicio, en ocasiones se confunden en Ceuta. El economista y miembro de la comunidad hindú recordó su participación en encuentros interculturales celebrados tras los atentados del 11-M, cuando se produjo un aumento de discursos islamófobos.

“La cultura es mucho más amplia: incluye música, gastronomía, literatura o tradiciones. La religión es una parcela mucho más personal”, explicó durante su intervención.

Vasdev reivindicó además la riqueza que supone crecer en un entorno multicultural como el ceutí. “En el instituto parecíamos Naciones Unidas: había musulmanes, hebreos y cristianos, pero convivíamos sin esa polarización que existe ahora”, lamentó.

La empresaria también avanzó que trabaja en una guía práctica para mejorar la convivencia entre culturas y destacó el valor de la comunidad hindú ceutí dentro del mosaico social de la ciudad.

Por la izquierda, Asher Bentolila, Mercedes Canga, Paloma Fernández, Sony Vasdev y Navila Abdelkader.
Por la izquierda, Asher Bentolila, Mercedes Canga, Paloma Fernández, Sony Vasdev y Navila Abdelkader.

Una convivencia “natural”

Mercedes Canga aportó una visión más personal ligada a su experiencia en educación especial y a la convivencia diaria con una familia musulmana. La delegada de Manos Unidas relató cómo acogió en su hogar a una niña con cardiopatía y síndrome de Down junto a su abuela después de que la madre la abandonara.

“En mi mano estaba colaborar y es lo más natural del mundo”, explicó durante una intervención marcada por el componente humano y emocional.

Para Canga, la convivencia no puede imponerse desde fuera, sino que surge de manera espontánea cuando existe empatía y trabajo común. “No es algo que te impongas, es algo natural como la vida misma”, defendió.

“Vivir en Ceuta es algo difícil de explicar fuera”

La mesa redonda la cerró Asher Bentolila, sefardí nacido en Ceuta y residente durante dos décadas en Madrid antes de regresar a la ciudad en 2020. Su intervención giró en torno a la singularidad de la convivencia ceutí y a la dificultad de explicarla a quienes nunca la han vivido.

Vivir en Ceuta es lo más maravilloso que hay. Es algo muy difícil de explicar fuera de aquí porque prácticamente no existe en otros sitios”, aseguró.

Bentolila vinculó esa realidad multicultural a la herencia histórica compartida entre comunidades en Marruecos y en los antiguos barrios donde convivían judíos, musulmanes y cristianos. “Daba igual que fueras Moisés, Mohamed o Jesús. Todo el mundo estaba integrado”, recordó.

El participante también puso ejemplos cotidianos de convivencia desde su experiencia laboral en una empresa municipal con cientos de empleados de distintos orígenes y confesiones. “Todo el mundo se respeta”, resumió.

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