“Estamos criando niños de cristal”, lamentan los encargados de dinamizar el campamento de verano municipal, que intentan que los jóvenes entrenen la imaginación y hagan trastadas
En el campamento de verano municipal de Ceuta, en el complejo Miguel de Luque, los monitores libran una batalla silenciosa. No contra los mosquitos ni contra el calor, sino contra una infancia que parece cada vez más frágil y dependiente. “Estamos criando niños de cristal”, lamenta José Ángel Rivas, monitor de la empresa Educador y alma de esta cita estival. Su receta es clara: menos pantallas, menos mimos… y más travesuras.
Entre socorrismo y periódicos caseros
El jueves amaneció con la rutina ya asentada. Medio centenar de niños, repartidos en grupos, pasan de la piscina a las carpas sin tiempo para aburrirse. Rivas detalla el programa variado como quien repasa un menú variado: un taller de primeros auxilios y socorrismo, donde los pequeños aprenden —jugando— cómo reaccionar ante un accidente en el agua; un taller de periódicos, en el que redactan columnas inventadas o recuerdos del campamento que luego cuelgan en el dormitorio; manualidades para fabricar llaveros de recuerdo; y juegos cooperativos para entrenar la convivencia.
Por la tarde, la cosa se anima aún más: acroport con figuras humanas, talleres de circo con malabares, cariocas y diábolos, baile con los hits del verano. Y, por la noche, llega la magia: tras una terrorífica velada el día anterior, este jueves la propuesta es cine con palomitas, entre “Coco” y “Mufasa”.
“Todo se hace desde el juego, siempre”, insiste Rivas, que defiende que la imaginación se entrena como un músculo.
El apego a papá y mamá
Más allá de las actividades, el monitor pone el acento en un problema cada vez más repetido: a muchos niños les cuesta quedarse a dormir sin sus padres. “Estoy acostumbrado a meterme en la cama con mi papá y mi mamá”, confiesan algunos a mitad de la noche. Y ahí llega el choque: “Nosotros no podemos meter a un niño en la cama con nosotros”, explica Rivas con media sonrisa.
Su crítica, lanzada con cariño, va dirigida a las familias: “Entiendo que sea su primer hijo, que dé miedo soltarlo… pero hay que dejarles caer y levantarse. Que lloren si se hacen una herida, que resuelvan conflictos entre ellos. Si no, no crecerán autónomos”.
La infancia atrapada en TikTok
El otro gran enemigo está en los bolsillos. Móviles, vídeos cortos, likes y tendencias virales. Rivas lo tiene claro: las redes sociales están robando la creatividad de los niños. “Ahora mismo, si no tienen el móvil, están perdidos. Gracias a los campamentos, al quitarles los teléfonos, empiezan a inventar. Se aburren y de ahí salen las trastadas, que es justo lo que necesitamos: que vuelvan a ser cafres, en el buen sentido”, sostiene.
Para él, TikTok es el ejemplo más preocupante: “Lo usan para hacerse virales con tonterías. No saben qué hay detrás, no entienden los riesgos. Y los padres, que tanto protegen en unas cosas, luego dejan que sus hijos suban fotos sin control. Ahí está la contradicción”.
Travesuras con premio
Rivas reconoce que no todas las trastadas se celebran, pero sí muchas. “Si un niño gasta una broma a otro para reírse juntos, lo refuerzo. Les digo: bien, eso es de niños. Si se pasan, también les paro, pero explicándoles por qué. No es un ‘eso no se hace’ y ya está. Es enseñarles a pensar”.
Ese equilibrio entre libertad y responsabilidad es, para él, la esencia de un campamento. Porque lo que se llevan los niños no son solo llaveros ni periódicos improvisados, sino experiencias que marcan para siempre: “Llevo 20 años y luego te encuentras a chavales de 20 que aún se acuerdan de lo que vivieron aquí. Algo estaremos haciendo bien”.
La llamada a los padres
El mensaje de Rivas es un toque de atención, aunque envuelto en ternura: “Dejemos que los niños vuelvan a ser niños”. Que corran, que se manchen, que inventen, que se hagan un rasguño sin que se acabe el mundo. “Si no, seguiremos criando generaciones pegadas a las pantallas, incapaces de inventar nada. Y los niños, al fin y al cabo, están para ser un poco cafres”.