J.S.

La Sirena de Punta Almina vuelve mirar al mar

La Sirena de Punta Almina vuelve mirar al mar
Sirena de Punta Almina
Sirena de Punta Almina

La restauración del edificio de 1913 pretende sugerir la relación de Punta Almina con el mar y la niebla usando materiales ligados a la navegación, como los cabos, la madera o el vidrio


La Sirena de Punta Almina, nacida en 1913, ha tenido en su más de un siglo de existencia, muchas vidas y ahora se prepara para tener una más. Pese a estar catalogado como Bien de Interés Cultural, el emblemático edificio ha pasado muchos años sumido en el olvido, al borde del precipicio. Muchos son los proyectos que han quedado en un cajón, muchas las ideas y varias las restauraciones. La última hace ya una década por Forja XXI —la misma fundación que rehabilitara el fortín del Príncipe y la rampa de Abastos, ambos de nuevo hoy abandonados y en estado de ruina, al igual que la Sirena—.

Ahora, de nuevo, el emblemático edificio de los acantilados del Hacho se prepara, ahora sí, para desempeñar un nuevo cometido. Será sede de Obimasa y albergará alas oficinas de asociaciones conservacionistas y de senderismo, según adelantó en la sesión de control de la Asamblea el consejero de Medio Ambiente, Yamal Driss. “El nuevo proyecto tiene por objeto (…)  darle un nuevo uso administrativo, equivalente al que se dispuso en el proyecto anterior, aplicando las medidas correctoras necesarias según la reglamentación vigente, reutilizando todos los acabados y revestimientos interiores y exteriores, canalizaciones de instalaciones, carpinterías, etc., que se encuentran en buen estado”, explica el proyecto, al que ha tenido acceso Ceuta al Día.

La Vaca 

El edificio de la sirena nació en 1913, aunque la Primera Guerra Mundial demoró su puesta en marcha para reforzar con señales acústicas en el sistema de aviso a los navegantes del faro de Cerro Mosquero, que empezó a funcionar en 1855. Las frecuentes nieblas que se forman en el estrecho de Gibraltar suponían un peligro para las embarcaciones que se acercaban a la costa Ceutí, por lo que se decidió la construcción de esta sirena. Las peculiares señales acústicas que emitía, similar a los mugidos de un animal ,le valió el sobrenombre de La Vaca. 

Un origen que el nuevo proyecto de restauración quiere fijar en la nueva Sirena, al menos en los materiales usados en su interior. Es por ello, que la línea de actuación del proyecto se basa en sugerir esas nieblas o confusión generadas por las condiciones climáticas, en el interior del edificio. Para ello, se proyectan unos cerramientos de vidrio que independizan los diferentes espacios y por delante de ellos se disponen unos perfiles anclados en el suelo y falso techo, donde se sujetan diversas cuerdas de algodón, lo cual dificulta la visión hacia el interior de los diferentes departamentos que se crean, así como un juego de luces y sombras, que pretende recordar o emular esa confusa visión desde la costa en días de niebla. “Este edificio siempre ha estado vinculado al mar, por ello, los materiales protagonistas de la reforma son la cuerda, el vidrio, madera y acero”, argumenta el edificio.

“Debido a su relación con el mar, se opta por las cuerdas (cabos) como elemento de vínculo con los barcos, además de intentar recrear esa sensación de confusión con el juego de luces y sombras el sistema de cuerdas utilizadas, permite que se puedan utilizar para colgar paneles, cuadros o cualquier otra exposición ya sea de los propios usuarios que utilizan el edificio como para exposiciones permanentes o encimeras de diferente índole”, detalla el proyecto, que básicamente s eliminara a os interiores del edificio. 

La fachada no se verá afectada por ninguna modificación, únicamente trabajos de conservación y mantenimiento de todos los revestimientos y carpinterías.

La Sirena de Punta Almina vuelve mirar al mar