Durante todo agosto miembros de la especie "mola mola" han aparecido sin vida en las playas de la ciudad autónoma ¿Qué sucede con ellos? ¿Podemos evitarlo de algún modo? La basura en el mar se postula casi tan peligrosa como las redes de la Almadraba para estos animales.
En una tarde cualquiera de agosto tres niños juegan en la playa de San Amaro. Corren de un lado para otro, entran y salen del agua, que está agitada por el viento, y se meten entre las rocas. Vuelven hacia la toalla en la que su cuidadora toma el sol sujetando con esfuerzo entre dos de ellos una gran masa gris. Bien podría ser una bolsa de plástico de las que alegremente flotan en la costa como si la basura formase parte del paisaje, pero no, aunque puede que esa falta de cuidado hacia el medio ambiente tenga algo que ver con su hallazgo. Lo que han encontrado es un pez luna muerto, el tercero, señalan, del día.
Claudio Blasco (12 años), Omar Mohamed Roca (11 años) y Mariam Mohamed Roca (7 años) apilan el cuerpo inerte del pez junto a los otros dos. Saben que "no se puede comer"; por eso han llamado a Sanidad -Servicios Sociales dicen ellos- para que lo retiren de la playa, pero son las ocho de la tarde y nadie llega, pronto deberán recoger sus cosas y volver al Recinto, toca cenar. Para los pequeños es casi un juego, se sorprendieron cuando encontraron al primer animal y a partir de ahí buscaron y aparecieron los otros dos.
Algo parecido había sucedido la semana anterior en Benítez, y también en Fuente Caballo, en la bahía sur, al otro lado de la península caballa. El hallazgo de este último ejemplar, que estuvo horas en la arena, fue públicamente denunciado por la Asociación Plataforma en Defensa del Arbolado Urbano, la Biodiversidad y el Medio Ambiente (DAUBMA), que lamentaba la falta de acción tras el hallazgo del animal muerto.
¿Y por qué estos peces acaban en las playas de Ceuta? Las primeras hipótesis del colectivo apuntaban a las fuertes corrientes, que habrían arrastrado a los ejemplares hacia el litoral. Algo natural. La segunda parte, sin embargo, indica que una vez en la costa los "mola mola", como se los conoce científicamente, habrían ingerido plásticos (basura) al confundirlos con medusas (su dieta habitual), afectando esta circunstancia a su flotabilidad.
Desde la Fundación Museo de Mar, "sin un estudio" concreto, no se atreven a decir qué ha podido pasar. La bióloga marina Merichén Navas, miembro de la entidad, apunta con cautela que "las condiciones ambientales pueden favorecer que más individuos que hayan fallecido por el motivo que sea lleguen a costa y otras en las que por el contrario el cuerpo se pierda en el mar".
Aunque no hay certezas sobre qué ha podido acabar con la vida de estos peces luna, a finales de 2023, el Museo del Mar organizó un estudio basado en la observación de cetáceos desde Punta Almina. Este tendría lugar de marzo a junio, y en ese tiempo la fundación identificó como clara amenaza para la fauna marina la "numerosa cantidad de basura, tanto en los acantilados como en el mar, a la deriva".
La presencia de desechos, especialmente en una zona de alimentación, "implica riesgo de enredo e ingesta por toda la biodiversidad asociada a esta zona", entre la que menciona a los peces luna (además de aves y tortugas marinas, y por supuesto cetáceos entre otros).
La trampa mortal de la Almadraba
Hay otro factor de riesgo para la especie, este con claras evidencias. La Almadraba. Allí han tenido que actuar este mismo verano miembros del Centro de Estudios y Conservación de Animales Marinos de Ceuta, que han colaborado con los buzos para sacar de las redes pesqueras decenas de peces luna.
La reubicación de la tradicional zona de pesca a un lugar de fuertes corrientes ya provocó que Ecologistas en Acción clavase una de sus dos banderas negras (otorga un máximo de dos por comunidad o ciudad autónoma) para Ceuta en el Lugar de Interés Comunitario (LIC) del Monte Hacho (LIC ES6310002, del Monte Hacho).
El traslado de la Almadraba a una zona de fuerte corrientes a menos de una milla de distancia de este espacio protegido ha hecho habitual la captura involuntaria y en algunos casos la muerte de tetrápodos marinos (tortugas y cetáceos) "protegidos por leyes internacionales" y peces luna, lo que ha supuesto un motivo de preocupación para los expertos.
Ya en 2015 el biólogo marino y director de la Fundación Museo del Mar, Óscar Ocaña, publicaba en el número 4 de la revista 'Alidrisia' un extenso estudio en el que abordaba hasta qué punto la población de peces luna, al igual que otros seres vivos, "sufren duramente las consecuencias de unos sistemas de redes poco respetuosos con el medio ambiente marino".
Y es que, concluye Ocaña que, liberar a los peces de las redes no resuelve el problema porque muchos de ellos son dañados en partes sensibles como las aletas y en muchas ocasiones las corrientes marinas los arrastran de nuevo hacia la Almadraba, condenando a muerte a estos ejemplares.
La solución es más sencilla de lo que parece: Una malla de mayor o menor tamaño (para que los peces luna y demás fauna marina no puedan entrar o no tengan dificultades para salir de las redes).
