Las últimas borrascas han terminado por agravar una situación que, sin embargo, no es nueva, y que afecta a otros equipamientos sanitarios, como es el propio Hospital Universitario
Una vez más, el Centro de Salud del Recinto ha amanecido entre goteras y charcos que inundan por completo el vestíbulo. Los trabajadores, agotados, llevan días lidiando contra la continua entrada de agua provocada por un temporal que, lejos de remitir, promete seguir azotando Ceuta durante los próximos días. Las previsiones meteorológicas, que vienen advirtiendo de lluvias persistentes, viento y episodios de fuerte intensidad, no son halagüeñas.
Charcos desde primera hora
Con la llegada de los primeros pacientes, el problema se hace todavía más evidente. Y es que, aunque el servicio de limpieza se ha afanado desde primera hora en retirar los empapadores que llevan tratando de absorber —sin demasiado éxito— todas las filtraciones, la escena resulta imposible de disimular. Los usuarios se sorprenden al cruzar la puerta. “¡Madre mía, cómo está esto!”, se escucha murmurar a alguno mientras avanza con cautela, chapoteando en la entrada.
Fregonas, señales de peligro y agua en el techo
Las fregonas no dan abasto, quienes las sostienen, menos. Los carteles que advierten del riesgo de resbalones se multiplican y ocupan prácticamente cada rincón del acceso principal. Los charcos no se limitan al vestíbulo: en la zona de citaciones, situada en la misma planta, el agua cae directamente del techo. Llueve dentro del edificio.
Las filtraciones empapan el suelo y alcanzan los cables eléctricos, que han sido fijados de manera provisional con esparadrapo para evitar que entren en contacto con el agua. Una solución precaria ante un riesgo laboral evidente que obliga al personal a extremar las precauciones mientras intenta mantener la atención sanitaria con la mayor normalidad posible.
Ascensores y plantas inferiores, también afectados
La situación se repite en otros puntos sensibles del edificio. Los ascensores tampoco se libran del problema: el agua se acumula en las esquinas y se cuela por el hueco de las puertas, generando nuevas balsas que se suman al recorrido diario del personal y los pacientes. En la planta más baja, el salón de actos y la salida de emergencia también presentan filtraciones, agravando la sensación de deterioro generalizado.
Repetido sí, pero "como lo de ahora... nunca"
Las últimas borrascas han terminado por agravar una situación que, sin embargo, no es nueva. Los trabajadores del centro llevan tiempo trasladando sus quejas al Instituto Nacional de Gestión Sanitaria, alertando de las carencias estructurales del edificio.
Sin embargo, de momento, no hay resultados visibles, las goteras se han convertido en parte del paisaje habitual, aunque el volumen de agua acumulada en estos días ha alcanzado niveles que incluso el personal más veterano reconoce como excepcionales. "Como lo de ahora... nunca", admite.
El escenario recuerda inevitablemente al vivido hace apenas unos días en el Hospital Universitario de Ceuta, donde cubos, empapadores y suelos mojados se convirtieron en la imagen cotidiana de los pasillos. Fuentes del sector apuntan que situaciones similares se repiten en otros centros de salud de la ciudad, evidenciando que la infraestructura sanitaria no está preparada para soportar temporales de esta magnitud ni episodios de lluvia tan continuados como los que se están registrando.
La lluvia sigue, la solución viene en camino
Mientras las previsiones meteorológicas mantienen la alerta y la lluvia sigue cayendo sobre Ceuta, los sanitarios continúan trabajando entre goteras, charcos y soluciones improvisadas, en una carrera constante contra el agua para que la asistencia no se vea aún más comprometida. Por su parte, desde el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria han señalado que el problema “se está solucionando” y que, “desde la primera gotera que salió se llamó a coordinación de mantenimiento para que se subsanara el problema y se está trabajando en ello”.

