La vivienda, el empleo y especialmente el hecho de ser musulmán aparecen como factores esenciales en un riguroso informe elaborado por FOESSA que pinta la cara a quienes políticamente defienden una ciudad integradora
Ceuta se enfrenta por primera vez a un retrato estadístico sin precedentes y de enorme impacto: Por mucho que el Gobierno popular defienda la integración de todos sus ciudadanos, una gran porción de los ceutíes, especialmente los de origen musulmán, los menores y las mujeres, viven en exclusión social. Y la solución podría estar en un cambio de paradigma hacia un modelo que bien podría tildarse de socialista o incluso comunista.
Los devastadores datos del Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social presentado este martes por Cáritas y la Fundación FOESSA han desvelado que el 28,5% de la población ceutí —unas 23.000 personas— vive algún grado de exclusión social. Pero el más alarmante es el que FOESSA califica como un hecho “excepcional”: la exclusión severa alcanza el 15,8%, superando a la moderada, algo que “no ocurre en la mayoría de territorios”.
Una radiografía social rigurosa que desmonta dudas y salda una deuda histórica con Ceuta
La encuesta permite conocer con precisión la realidad social de la ciudad, hasta ahora ausente del mapa detallado de FOESSA. Un hito que corrige una ausencia histórica y que aporta una mirada imprescindible para entender cómo se manifiestan la desigualdad, la vulnerabilidad y la exclusión en un territorio con dinámicas propias.
Este informe se presenta, además, en un contexto marcado por las recientes declaraciones del Gobierno sobre la supuesta inexactitud de los datos recogidos hasta el momento sobre pobreza y exclusión. Precisamente por ello, FOESSA ha puesto especial énfasis en explicar la solidez metodológica del estudio: el diseño muestral ha sido elaborado por el CSIC y en CEUTHAM se han realizado encuestas en más de la mitad de las secciones censales, con rutas aleatorias amplias que evitan sesgos y garantizan una adecuada dispersión.
A continuación, la muestra ha sido equilibrada por edad, tipologías de hogar y otras variables clave, dando lugar a un proceso estadístico robusto: más de 12.000 entrevistas en el conjunto del país y 400 en Ceuta, con un margen de error dentro de los estándares de excelencia de las ciencias sociales. Es, por tanto, un informe plenamente representativo, sustentado en un trabajo colectivo en el que participan casi 500 personas, entre ellas 180 investigadores de 51 universidades y centros de estudio, además de más de 300 profesionales de campo.
En Ceuta, además, FOESSA ha ido un paso más allá incorporando un consejo asesor específico, integrado por académicos locales que han acompañado el análisis, enriquecido la interpretación de los datos y asegurado una mirada afinada y situada del territorio. Gracias a esta aportación, el primer diagnóstico social de FOESSA en la ciudad nace con la profundidad y el rigor que exige un contexto tan complejo como el ceutí.
El informe aborda la pobreza, sí, pero sobre todo la exclusión social, entendida como la imposibilidad de participar plenamente en la vida comunitaria debido a la acumulación de dificultades en ámbitos como el empleo, los ingresos, la vivienda, la salud, la participación, las redes relacionales o el conflicto social.
Una exclusión “más intensa, más concentrada y con un impacto más profundo”
Daniel Rodríguez, sociólogo de FOESSA y coordinador del estudio, ha desgranado esta mañana la magnitud del problema: “Esto nos muestra un escenario donde no solo hay más exclusión, sino una exclusión más intensa, más concentrada y con un impacto mucho más profundo en las trayectorias de las personas”.
El investigador insistió en desmontar discursos habituales que caen en "el mito de la pasividad de las personas en situación de pobreza y exclusión", y recordó que “no fallan las personas, falla el sistema”, subrayando que tres de cada cuatro hogares en exclusión severa activan estrategias de inclusión pero se estrellan contra “dispositivos fragmentados y recursos escasos”.
Vivienda: el epicentro de la desigualdad
Entre los datos más duros destaca el impacto del mercado inmobiliario. El 59,1% de quienes viven de alquiler están en riesgo de pobreza, situando a Ceuta entre los cinco territorios más tensionados del país. La ciudad autónoma soporta un incremento del precio de la vivienda del 45% desde 2018, muy por encima de la evolución salarial.
La presión tiene consecuencias directas: 3.100 personas viven en una vivienda insegura y 21.200 residentes lo hacen en hogares inadecuados, hacinados o insalubres. Rodríguez lo resumió así: “La vivienda es ahora un cuello de botella… un derecho ‘fake’”.
Fernando Sotomayor, director de Cáritas Ceuta, remarcó que la entidad atiende mucho más que alimentación: “Lo nuestro no es solamente alimentación… puede ser un medicamento, la luz o ayuda en un alquiler”. Y añadió que FOESSA “no viene aquí a soltar unos datos y se va”, sino que se pone a disposición de la ciudad para profundizar en el diagnóstico.
Empleo que no integra: salarios con un 8% menos de poder adquisitivo
FOESSA detalla un mercado laboral incapaz de absorber la exclusión. El empleo ha crecido un 5,9% en Ceuta, frente al 12% estatal, y los salarios han perdido un 8% de poder de compra real entre 2018 y 2023.
El 23,5% de la población vive exclusión laboral, casi diez puntos por encima de la media nacional. Los grupos más golpeados son las personas nacidas en el extranjero (50%), los menores de 30 años (41%) y las mujeres (37%).
Rodríguez alertó además de los llamados “falsos integrados”, trabajadores que, pese a tener empleo, “son incapaces de sostener un proyecto de vida digno”.
Una red de apoyo fuerte… pero rota para quienes más la necesitan
A pesar del panorama económico y residencial, Ceuta destaca por su tejido comunitario. El 48,7% de los hogares da y recibe ayuda, y otro 16% presta apoyo sin recibirlo. Pero entre quienes están en exclusión, la red se deshace: el 36,8% afirma que sus relaciones se han deteriorado.
A esto se suma un dato inquietante: el 38,9% de los hogares denuncia haber sufrido discriminación, que sube al 59,1% entre los excluidos, por motivos de religión, origen o desconocimiento del castellano.
La exclusión golpea con especial fuerza a tres grupos: el 39% de las personas con nacionalidad extranjera, el 41% de los menores y el 34% de los hogares encabezados por mujeres. Para FOESSA, el análisis revela “una desigualdad estructural y persistente” que condiciona todas las dimensiones de la vida social.
FOESSA pide un cambio de rumbo
El informe concluye advirtiendo de un modelo social “agotado”, que “desgasta tanto a las personas como al planeta”, y propone reorientar las políticas hacia el cuidado, la justicia social y la interdependencia. Rodríguez lo resume así: “La salida solo puede ser comunitaria. Pasa por reconocernos interdependientes”.
Entiende que para que una nueva mirada se imponga hacen falta dos pilares: una sociedad civil activa y unas instituciones públicas fuertes que impulsen políticas coherentes en vivienda, empleo, protección social o fiscalidad, con un propósito claro: garantizar que nadie quede atrás.
La disyuntiva, concluye, es clara: seguir atrapados en un modelo que produce incertidumbre y desigualdad, o atreverse a construir un horizonte nuevo basado en el cuidado mutuo y la responsabilidad compartida. FOESSA y Cáritas lo tienen claro: “Es el único camino que deja espacio para la esperanza”.