Un año; trescientos sesenta y cinco (largos) días: eso es lo que Ceuta ha tenido que esperar para viajar de nuevo hacia atrás en el tiempo y, con ello, instalarse en lo más profundo del corazón de la Edad Media (lejos, eso sí, de los tentáculos del Tribunal del Santo Oficio y de las epidemias de peste bubónica).
Para mayor gloria de todos esos ceutíes que disfrutan como críos rememorando la época de las Cruzadas -la parte buena de ella-, las Murallas Reales ya están acogiendo ese Mercado Medieval que, desde hace largo tiempo, es parte indisoluble del imaginario caballa. Por delante, lo de siempre: cuatro frenéticas jornadas en las que, a buen seguro, el ciudadano de a pie -el que quiera dejarse caer por el lugar- no encontrará ni un solo motivo para aburrirse.
El evento ambulante más popular de nuestra salada tierra (con permiso de las Fiestas Patronales) ha quedado inaugurado poco después de las siete en punto de la tarde de este 12 de septiembre al ritmo de un pasacalles que, como de costumbre, bien ha hecho las delicias de los más pequeños de la casa.
Tal y como marcan los cánones, trovadores, juglares bufones, músicos y alguna que otra criatura mitológica han desfilado Revellín abajo -Gran Vía incluida- bajo la atenta mirada de cientos de paseantes que, móvil en mano, no han dudado en inmortalizar el momento.
El desfile, claro está, no ha sido más que un pequeño aperitivo previo a todo lo que estaba por venir. Las Murallas, de hecho, no han sido el final, sino el inicio de todo, la génesis de una tarde-noche de jolgorio como pocas se dan a lo largo del año.
Si acostumbras a frecuentar el Mercado, sabrás de lo que te habla este humilde informador: nada más poner un pie en el antiguo Ángulo, lo primero que invade a uno es el olor a comida (y vaya olor...). Independientemente del acceso que se elija para entrar al conjunto monumental, resulta extremadamente difícil no acabar salivando. El aroma a queso curado se fusiona inevitablemente con aquel que desprenden las chacinas, dando como resultado un cóctel explosivo no apto para aquellos que estén a dieta (y que deberían plantearse seriamente hacer un pequeño alto en el camino hasta, al menos, el domingo).
Pese a haber caído la inauguración en día laborable, la organización ha estado a punto de colgar el cartel de 'completo'. Poco antes de las nueve de la noche, la zona presentaba un lleno casi absoluto. A falta de datos oficiales, el que escribe estas modestas líneas diría que han sido varios cientos (puede que miles) los transeúntes que han tomado parte en la cita en el que ha sido su estreno, circunstancia que viene a mostrar a las claras que el Mercado sigue teniendo algo más que simple tirón.
La música pagana, el fuego y los malabares han centrado la jornada. Entre medias, grandes y pequeños han aprovechado para darse a uno de los mayores reclamos del rastro: la comida. Daba igual un sitio que otro; no importaba que fuese el asador, el puesto de los chorizos de León o el de las morcillas de Extremadura: lo importante era llenarse la tripa hasta reventar (a cualquier precio, de hecho).
Así, entre gaitas y tambores medievales, espectáculos circenses, artesanía y manjares varios, la ciudad autónoma ha puesto el broche -hasta mañana mismo- a la que ha sido, un año más, a su primera toma de contacto con el Medievo. Tranquilidad: todavía quedan tres días de disfrute.