El clima acompañaba: la temperatura era ideal; el cielo estaba despejado; el Sol brillaba como nunca; el viento soplaba levemente de poniente. A primera hora de la mañana, el cóctel era perfecto para disfrutar de un buen desayuno bajo la sombra de cualquier toldo. Pasado el mediodía, lo que pegaba era un copioso almuerzo en buena compañía. La comida, de hecho, era secundaria; suele serlo -casi sin excepción- cada vez que la ciudadanía caballa se echa a la calle para celebrar el Oktoberfest.
Se lleva haciendo -emergencias sanitarias aparte- desde 2016. Tras su organización, está La Fábrica, ese establecimiento que, ahora, utiliza a la cantante Ebhel como reclamo de su Ceuta Star. El escenario lleva siendo el mismo desde que la iniciativa echó a andar hace ahora ocho años: la inmortal y siempre acogedora Plaza Vieja.
Olvídate de paella, callos, morcilla, pescado frito o cualquier otra cosa que huela a España: si secundas el festival alemán de la cerveza, hazte a la idea de que vas a comer comida alemana (o sucedáneos, al menos). Así ha sido siempre. Esta vez, claro, no iba a ser una excepción. El menú era básico a la par que efectivo; solo se ofrecían tres platos: salchichas Frankfurt en formato perrito caliente, codillo y chuletón. Pese a lo reducido de la oferta, nadie parecía descontento; todo lo contrario.
La Fábrica abría sus puertas pasadas las doce en punto. Poco después de las tres de la tarde, el lugar presentaba un lleno casi absoluto. El sofocante calor no ha sido impedimento alguno para los muchos comensales -fiesteros o no- que han encontrado en el evento un plan de sábado cercano a la perfección. Aunque había de todo, el grupo más numeroso lo conformaban esos a los que la demografía moderna ha bautizado con el nombre de baby boomers, adultos a los que, por una cuestión de edad, el terraceo les va casi más que cualquier otra cosa.
A pesar de que la mayoría de los asistentes tenía entre ceja y ceja llenarse la tripa hasta reventar, había quien solo quería disfrutar de un agradable rato en compañía de sus allegados. Cerveza en mano, los participantes iban encontrando acomodo allí donde hubiera sitio: en la barra, en las mesas, de pie, en un banco... Eso sí: siempre a la sombra; lejos del bochorno.
Al jolgorio ya propio de la festividad, se ha sumado la música en directo: The Ticks, La Ruina, La Jungla y Maldito Revólver estaban llamados a amenizar la gala a ritmo de arpegio. La invitada estrella ha sido, precisamente, Ebhel, quien ha vuelto a pisar La Fábrica apenas un mes después de hacer lo propio con motivo del Día de la Autonomía.