“Un acto sencillo”: así se ha referido José Miguel Barranco Ferrer al evento que le ha valido al Cuerpo de Especialistas del Ejército de Tierra la conmemoración -una más- del aniversario del fallecimiento del soldado Antonio Güeto, muerto en acto de servicio hace ahora cuarenta y dos años.
Ocurrió un 24 de julio de 1982 que, a raíz de la tragedia sobrevenida, quedó grabado en el imaginario caballa como una triste efeméride. Antonio, miembro de la antigua Agrupación Logística número 6, perdió la vida cuando iba a bordo de un camión aljibe en el contexto de “un incendio rebelde”.
El incidente tuvo lugar en la zona de El Renegado. Güeto, que hoy día estaría próximo a la edad de jubilación, pereció “mientras participaba en las labores de extinción”. El joven no iba solo; lo acompañaba el también soldado Sergio Pérez, quien, por fortuna, logró salvar la vida, mas no sin secuelas.
El vehículo volcó. Antonio, que se desempeñaba como ayudante del conductor, “falleció prácticamente en el acto”. Un cuarto de siglo después de aquello, en el año 2007, la Asamblea resolvió conceder a Güeto -a título póstumo- y a su acompañante la Medalla de la Ciudad en su categoría de Plata.
Como cada curso, la ceremonia de este 2024 ha transcurrido al completo en la plaza a la que da nombre el propio fallecido, esa misma que se eleva sobre la playa de El Chorrillo y que el Gobierno local decidió convertir hace algo más de tres lustros en epicentro de un recuerdo perenne, inmortal.
”El viento soplaba fuerte”, contaba el coronel jefe de la actual Unidad Logística número 23. “El fuego amenazaba viviendas e instalaciones militares”, ampliaba. Poco antes de caer el mediodía, “Antonio murió de forma instantánea a consecuencia del accidente”. Según el posterior informe pericial, “el camión se salió de ruta”.
La tragedia no fue en vano: Güeto “entregó su vida en cumplimiento del deber y sirviendo al bien común”. “Este homenaje sirve para darle las gracias y, en cierto modo, conectarnos con él”, pronunciaba Barranco, quien no ha dudado en referirse al joven soldado como “un español virtuoso”. “Hizo gala a nuestro lema: ‘servir para servir’”, concluía el mando.
Tras los halagos de rigor, un funcionario adscrito a la ULOG ha depositado a los pies del monolito que recuerda al militar hoy objeto de tributo un vistoso ramo de flores. Marcos Llago, que ha presidido el acto “como uno más”, cree que, en escenarios tan amargos como el descrito, “el recuerdo es lo único que nos puede llevar a tener la moral más elevada”.