Una ceutí, trabajadora del Hospital Universitario, fue sometida a un incómodo interrogatorio al intentar acceder a una vivienda; una experiencia que refleja no solo las dificultades económicas para acceder al mercado inmobiliario, sino también los prejuicios que persisten en el mismo
Si encontrar vivienda en Ceuta es toda una odisea, a las mujeres solteras con hijos se les cierran más puertas de las que se les abren. Es el caso vivido el pasado 4 de junio por una ceutí, quien al tratar de alquilar un piso a través de un conocido portal web inmobiliario se ha encontrado con un flagrante caso de discriminación por parte de un propietario. Una experiencia que ha querido relatar para este medio a modo de denuncia sobre los prejuicios que a día de hoy todavía colman el mercado.
Tras "semanas buscando", sin prisa, "poquito a poquito" porque "todos sabemos que el tema del alquiler en Ceuta se está yendo de las manos y está muy complicado", esta joven madre trabajadora en el Hospital Universitario de Ceuta encontró por fin un lugar de su interés en la calle Sargento Mena. El piso, de 55 metros cuadrados y sin ascensor estaba sin amueblar y a pesar de que lo básico de su estado no le terminaba de encajar decidió negociar su entrada.
"Ya me había imaginado el precio con todo, estaba bien, pensé, está vacío, pero me busco mis muebles, me gusta lo que transmite, así que voy a preguntar para ir a verlo", cuenta, reconociendo que había empezado a ilusionarse con la idea de un nuevo comienzo.
Sin embargo, pronto se truncaron sus sueños. Esa misma mañana, después de no recibir respuesta por mensaje, decidió llamar al número del anuncio. "Me lo cogió un hombre y le pregunté si podía ir a ver el piso, me dijo que sí, así que le respondí que tendría que ser el domingo por la mañana, porque este puente tenía que trabajarlo", relata.
Ahí comenzó el interrogatorio. Y la primera cuestión que puso sobre la mesa el arrendatario fue cuánta gente viviría en el piso. "Le expliqué que seríamos mi hija y yo y ahí vino el primer resoplido", continúa.
Fue entonces cuando se encontró con una batería de cuestiones inapropiadas sobre su vida laboral. Desde en qué trabajaba hasta cuánto tiempo llevaba en su empresa o qué cargo concreto ejercía. Con una situación estable en el hospital desde hace ya cinco años, trabajando "como interina" y "cobrando bien", ella, indica, no tuvo problema en dar sus explicaciones a pesar de no entender a qué se debía el interés.
Tras el segundo resoplido llegó el mazazo. "¿Y tienes aval?". "Ahí fue cuando aluciné, porque yo no iba a comprar la casa y podía mantenerla perfectamente, así que ya pregunté a qué se debía esa pregunta", recuerda sobre la incómoda conversación, en la a pesar de que la incomodidad de la mujer ya era notable espetó con contundencia que podía mantener la casa perfectamente.
Mientras ella permanecía atónita, el casero le explicó que "aquí en España una mujer con su hijo pertenece al grupo vulnerable", por lo que asumía que no podría hacerse cargo del importe que requería. El hombre, según su testimonio, aclaró que "una madre soltera que no cobra más de 3.000 euros pertenece al grupo vulnerable", así que la mujer, indignada por el trato recibido, prefirió desistir.
"Le dije que no iba a entrar a discutir de cuánto era mi nómina, pero le dejé claro que cobro más 2.000 euros y que era de sobra solvente", detalla.
Una situación de discriminación que para la joven "no tiene sentido", ya que para ella resulta obvio que no iba a interesarse por un piso que no podía pagar o amueblar, pero que pone sobre la mesa un problema más allá de un contexto socieconómico donde los alquileres se han vuelto inasequibles para muchos en Ceuta. Esta experiencia muestra cómo, además de los precios, algunas personas -en este caso las madres solteras- deben enfrentar prejuicios que les cierran puertas en la cara antes siquiera de abrirlas.