Para muchos vecinos y fieles, el sobrio diseño de la futura iglesia del Carmen diluye el carácter religioso del espacio. El arquitecto responsable defiende un obra marcada por obstáculos técnicos y administrativos y explica por qué tiene que ser así.
El nuevo proyecto para la capilla del Carmen de la Almadraba no mira al cielo desde la carretera con su campanario, sino que se funde con la tierra y el mar de la Bahía Sur. El moderno diseño de la que será la futura casa de la Patrona de los Marineros incluye un templo semisoterrado -aunque no exento de luz- en metal y hormigón, un edificio anexo, miradores y una plaza con graderío abierto al mar; todo ello escalonado en terrazas hacia la línea de costa. Una apuesta de 2,4 millones por la regeneración total del espacio, que será más accesible, pero que 'borra' del horizonte la pequeña y querida ermita y abre el debate en la calle.
El nuevo espacio tiene sus ventajas, incluyendo un futuro embarcadero y una explanada para celebrar a la virgen del Carmen, pero nunca llueve a gusto de todos y a los devotos y vecinos del barrio costero la imagen de la que será su futura capilla les ha caído como un jarro de agua fría.
Esta tarde era la presentación oficial del proyecto -con el que la Ciudad se siente ampliamente satisfecha- sin embargo, las primeras imágenes filtradas ya provocaron durante todo el fin de semana una avalancha de reacciones en redes sociales. Y muy pocas positivas. Una marea de críticas que la Ciudad ha logrado navegar hoy con gracia de la mano del vicario general, Francisco Fernández Alcedo, quien ha llamado a los detractores a "adaptarse".
"De todo menos una iglesia"
Desde los que comparaban el edificio con un tanatorio, un búnker o un supermercado hasta los que ven en la construcción más un centro social que un templo, el pensamiento común es que "parece de todo menos una iglesia". Un sentir que el propio vicario ya ha trasladado al Gobierno para tratar de que la iglesia cuente con "algunas cosillas que dentro de lo la ley permita" para "que sea un poco más de signo". Es decir, que luzca de forma inequívoca como el templo que es. "A ver si podemos dar un pasito más. Creo que eso será posible, y si no, pues bueno, pues nos nos adaptaremos", explicaba a los feligreses más descontentos.
La presentación no ha cerrado el debate, pero sí ha servido para contextualizar un proyecto que, según sus impulsores, nace más de la necesidad que de la estética y que ha tenido que abrirse camino entre normativas, informes técnicos y condicionantes casi imposibles.
Un proyecto “curtido en paciencia”
El vicario reconoció sin demasiados rodeos que las imágenes hasta ahora conocidas de la futura iglesia "han impactado y llamado la atención", pero pidió una mirada más amplia y menos inmediata. “Contar con este proyecto no es fácil; nos ha curtido de paciencia, pero sobre todo de esperanza”, recordó con cariño a los allí presentes, subrayando que para la Iglesia la prioridad nunca ha sido lo material, aunque forme parte inevitable del día a día.
Fernández Alcedo recalcó que levantar una nueva capilla en ese enclave habría sido “impensable por nuestros medios y con nuestras limitaciones”, y que se ha llegado hasta aquí porque “ha podido más la devoción que incluso las medidas técnicas, los planteamientos e incluso la propia ley”, que ha tenido que adaptarse para permitir la actuación. Todo, insistió, con un único objetivo: mantener la presencia de la Virgen del Carmen en un lugar “único desde el punto de vista geográfico y devocional, entre dos continentes, como se vive y se celebra en Ceuta”.
¿Arquitectura o devoción?
Ahí está, precisamente, uno de los nudos del intrincado debate. Para muchos vecinos y fieles, el diseño -semienterrado, sobrio, dominado por hormigón y metal- diluye el carácter religioso del espacio. Para otros, en cambio, es el precio a pagar por conservar la devoción en primera línea de mar. El propio vicario lo planteó casi como una disyuntiva moral: “¿Merece la pena sacrificar la devoción, la presencia y el signo de ese enclave por una construcción que puede ser más o menos discutible desde el punto de vista arquitectónico?”.
El arquitecto: “No se construyen muchas iglesias”
El encargado de dar forma a esa adaptación ha sido el arquitecto Juan Antón Pacheco, que afronta este proyecto como una excepción en su carrera y al inicio de su intervención se daba por contento de "no ver muchos tomates". Convencido de que "Aunque no sea lo que se esperaba, una iglesia pequeñita con su campanario y techo, va a ser una infraestructura maravillosa y la primera piedra de una regeneración total de la zona que servirá para disfrutar de la playa de otra manera". "Creo que os va a acabar gustando", animó a su público.
En realidad lo de la capilla le pilló casi por sorpresa. “Cuando empiezas arquitectura no te imaginas que vas a construir una iglesia. Esta es mi primera y probablemente la última”, confesó, visiblemente emocionado por hacerlo además en su ciudad y dedicado a una advocación “tan querida y respetada como la Virgen del Carmen”.
Pacheco relató un proceso largo, de casi cinco años, marcado por obstáculos técnicos y administrativos. El proyecto inicial, más visible y vertical, chocó frontalmente con las servidumbres de la carretera N-352 y con las limitaciones de Costas. “Fue un gran varapalo, una bofetada”, reconoció, tras dos años de trabajo que parecían irse al traste. La alternativa era clara: alejar la capilla del mar o integrarla en el terreno. Y ahí se tomó la decisión clave.
Integrarse en el terreno para no desaparecer
La solución final pasa por un diseño topográfico, escalonado, que no sobresalga en altura y que se funda con la ladera, obligando a los más tradicionales a despedirse de su querido campanario. De ahí el carácter semisoterrado del templo, aunque, como recalcó el arquitecto, “no será oscuro ni lúgubre”. Al contrario: contará con grandes puertas pivotantes abiertas al mar y con un lucernario cenital que iluminará el altar, de modo que “el mar forme parte de la propia celebración”.
El proyecto no se limita a la capilla. Incluye un edificio anexo de apoyo, plazas públicas en distintos niveles, miradores, graderíos y un recorrido completamente accesible hasta la playa, además de dejar preparada una futura segunda fase con embarcadero. “La capilla es el corazón, pero alrededor se genera ciudad”, defendió Pacheco, convencido de que el conjunto permitirá recuperar un espacio degradado y peligroso, hoy prácticamente inaccesible.
Regeneración urbana y apuesta institucional
Desde el Gobierno de la Ciudad, el consejero de Fomento, Alejandro Ramírez, insistió en que el proyecto va mucho más allá de un edificio religioso. Lo definió como una actuación de regeneración ambiental y paisajística en una zona estratégica de la Bahía Sur. “Es un proyecto cargado de sentimiento y de fe, pero también de colaboración institucional”, señaló, destacando la implicación de Delegación del Gobierno, Costas, varios ministerios y la propia Ciudad.
Ramírez detalló que la obra, con un presupuesto aproximado de 2,4 millones de euros, será ejecutada íntegramente por Tragsa y tendrá un plazo estimado de seis meses. Si los trámites avanzan según lo previsto, los trabajos podrían comenzar entre abril y mayo. “No solo se crea un espacio para el culto, sino una plaza pública abierta a todos, accesible y en contacto directo con el mar”, defendió.
Una imagen que divide… y un debate abierto
El Ejecutivo reconoce el carácter "moderno" del diseño y asume que no deja indiferente. Para el Gobierno, es una oportunidad de poner en valor una zona en transformación; para parte de la ciudadanía, una ruptura demasiado brusca con la imagen tradicional de la ermita. Entre ambos extremos, la Iglesia trata de mediar, consciente de que la estética puede discutirse, pero convencida de que “ha podido más la devoción”.
Mientras tanto, la pequeña ermita amarilla que durante décadas ha marcado el paisaje de la Almadraba tiene los días contados. Su sustituta, aún sobre el papel, ya ha logrado algo que pocas obras consiguen antes de empezar: abrir un debate profundo sobre identidad, fe, paisaje y memoria colectiva. Un debate que, a la vista de las reacciones, está lejos de cerrarse.

