Cincuenta niños disfrutan del verano en una estancia llena de actividades organizada por la Casa de la Juventud en el complejo Miguel de Luque: "Son un grupo genial", destacan los responsables
En la piscina una veintena de niños juegan intensamente bajo un calor sofocante. Vienen de hacer rapel. Antes, en los días previos, aprendieron, a través de talleres, como viven quienes tienen menguados sus sentidos. "Empatizan", cuenta José Ángel Rivas, el coordinador del campamento de verano de la Casa de la Juventud que estos días se desarrolla en el Complejo Rural Miguel de Luque de Ceuta.
Habla el responsable maravillas de los niños, de entre ocho y trece años, que componen el grupo de cincuenta jóvenes con el que convive desde el pasado día 19 y con los que seguirá hasta el día 24. "Son geniales. Ha habido desde el principio muy buena sintonía entre ellos. Hay por ejemplo un chico con TDH y lo han integrado a la perfección".
No son tan tímidos como otros años, pero sí aprecia Rivas que son "menos cafres" que su generación, la de hace unas cuatro décadas. "Son muy educados y gentiles. Además le tienen mucho apego a sus familias", destaca.
Con ellos comparte un sin fin de actividades, desde talleres de escalada a orientación, pasando por juegos sensoriales -justo ideado para que los niños se pongan en la piel de personas con algún sentido reducido- teatro, marionetas e incluso la elaboración de un periódico: "Ponen muchos anuncios por palabras ofreciendo servicios", detalla mientras ríe el coordinador.
Se nota en sus palabras la nostalgia de la juventud, de lo que él también aprendió de niño en los campamentos de verano. También de las travesuras, de noches "como la primera, que fue una locura". A partir de ahí la cosa se calmó: "Ahora a las doce y media están todos durmiendo".
La reflexión final de Rivas es alentadora: "No hacen ninguna maldad".