Tradición

“Sal a la calle y que no nos quiten lo vivido”: el mensaje de Adán Del Campo en el pregón de Semana Santa

 Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa
photo_camera Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa
Un pregón en verso, cargado de fe y humanidad, en el que Adán Del Campo Podadera reivindicó el amor que no se pierde, la fuerza de la juventud cofrade y la identidad única de la Semana Santa de Ceuta

El 22 de marzo de 2026 quedará grabado para siempre en la memoria de Adán Del Campo Podadera. Quizá el pregón le saliera mejor o peor de lo que él mismo soñó; quizá las expectativas fueran altas o discutibles. Pero lo que nadie podrá arrebatarle es haber entrado, con paso firme y humilde, en la historia de la Semana Santa de Ceuta como uno de los pregoneros más jóvenes de las últimas décadas.

Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa
Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa, junto a Isabel Gutiérrez

El acto comenzó con la elegancia y la emoción de Isabel María Gutiérrez Sánchez, pregonera de 2025, encargada de abrir el camino. Con las palabras del Evangelio —“No temas, yo estaré con vosotros hasta el final de los días”— entregó el testigo a Adán, al que presentó repasando su biografía y su profundo vínculo con las hermandades ceutíes. Vestidor en la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído, hermano del Rocío y devoto, como cualquier caballa, de Nuestra Señora de África, el joven pregonero se plantó ante el auditorio con la serenidad de quien sabe que está cumpliendo un sueño.

Un canto a Ceuta para abrir el alma

La primera parte del pregón fue un canto poético a Ceuta, un homenaje en verso a la ciudad que lo ha visto crecer como cofrade y como hombre. Tras ese arranque lírico, la voz desgarrada de Juan Granado elevó una plegaria que abrió paso al cuerpo central del pregón.

Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa
Adán del Campo, felicitado por el presidente de la Ciudad, Juan Vivas

Adán regresó al atril con un formato original y profundamente humano. A cada día de la Semana Mayor, a cada Hermandad y a cada Titular, dedicó una historia: relatos, protagonizados por figuras sin nombre ni rostro, pero reconocibles en la experiencia de cualquier creyente. Cada historia culminaba en un verso, recitado con devoción, que hacía vibrar al público. Todos los barrios, todas las calles, todas las imágenes encontraron su lugar en el pregón de Podadera.

Agradecimientos desde el corazón

El pregonero recordó el vértigo que sintió cuando se hizo pública su elección. Agradeció a Isabel su presentación y el relevo; a Pepe, por su trabajo silencioso; y a su amigo Salva, llegado desde Adamuz, a quien dedicó un mensaje cargado de emoción: “Gracias, Salva, gracias Adamuz, y en Ceuta lloramos la pérdida de nuestro paisano Álvaro”.

La fe que no se pierde

Tras los agradecimientos, volvió a la esencia de la Semana Mayor: “Se agota el tiempo de espera, el que más nos gusta”, dijo, evocando ese tiempo de hermandad que une a todos bajo distintas advocaciones, pero con un mismo amor a Cristo y a su Madre.

Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa
Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa

En una prosa que se deslizaba hacia el verso, recordó que el creyente busca y encuentra amor y paz porque “la fe y el amor no se pierden”. Y en ese punto, el pregón se volvió íntimo, valiente, profundamente humano. Habló del amor sin límites, del derecho a amar y ser amado: “Si no tengo amor, no soy nada. Yo no elegí amar diferente. He amado a un hombre y lo sigo amando, y él no me juzga ni me condena, porque me ama con mis defectos. De él aprendí. Nunca rechaces amor, venga de donde venga. Porque el amor no pasa nunca, se queda”.

Un mensaje que resonó en el auditorio como un acto de verdad y de fe.

La Madre que acompaña

Llegó entonces el turno de la Virgen, la Madre que sufre y sostiene: “Virgen del Mayor Dolor, dame tu mayor consuelo”. Repasó una a una las hermandades marianas, la de Los Dolores que acompaña y sigue al Señor de Ceuta, el Medinaceli, recordando que madre solo hay una, y que en cada paso, en cada palio, late el corazón de Ceuta.

El Domingo que no es cualquiera

Adán del Campo Podadera, pregón de Semana Santa

El pregón avanzó hacia el Domingo de Ramos, “que no es un domingo cualquiera”. Adán evocó los juegos de la infancia, los primeros pasos cofrades, los sueños de niño: “Soñaba con ser costalero”. Recordó sus años en la Junta de Obras del Puerto, los momentos compartidos con más de sesenta compañeros, y a Javi, su capataz y amigo: “mi roca donde me apoyo”. “Antes íbamos detrás y ahora vamos debajo”, dijo, en referencia a las trabajaderas que hoy carga con orgullo.

No faltó un guiño a su banda, la de la Amargura, parte esencial de su vida cofrade.

Un recorrido por la Pasión de Ceuta

El pregón continuó con un recorrido emocional por la Semana Santa ceutí:

  • Cristo muere en Hadú, y María lo busca por sus calles.
  • El Cristo de la Vera Cruz, al que dedicó versos.
  • El Cristo del Buen Fin, del que dijo: “no camina, pesa”.
  • El Silencio, donde la Madre contempla el dolor sin poder hacer nada.
  • La Soledad, que “llora desconsolada”, y a la que pidió: “Madre, cúbrenos con tu manto”.
  • Los penitentes descalzos, el terciopelo morado, el retumbar de la Legión en el Martes de Pasión.
  • El Encuentro del Martes Santo entre Jesús Nazareno y la Virgen de la Esperanza.
  • El Medinaceli, el Príncipe, la Mezquita de Sidi Embarek, y la historia de una abuela que nunca falta al Traslado.
  • El Cristo de la Paz, introducido con una reflexión sobre la guerra: “Dios no nos hizo para la guerra”.
  • El Cristo de la Humildad y las Penas, “elegancia, historia y verdad”.

Y proclamó: “Nuestra Semana Santa no muere, resucita”.

La Hermandad de su vida

No podía faltar su Hermandad, la de la Amargura, su casa, su gente: Canca, Quino, los amarguristas, el Miércoles Santo en Villajovita, los entresijos de la Casa de Hermandad. Allí está su corazón.

Un alegato a la juventud y a la verdad

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Adán defendió el papel de los jóvenes: “La juventud no viene a sustituir, viene a dar continuidad”. Recordó que la fe no es un instrumento de poder, que el Evangelio no se impone por la fuerza: “Un apellido no te da más poder. Aquí todos caminamos tras el mismo Señor. Si olvidamos que el antifaz nos iguala, se pierde el sentido. Si creemos que la Hermandad nos pertenece, habremos perdido: es de Cristo”. Un mensaje claro contra el partidismo y a favor de mirar al futuro.

El final: Ceuta en pie

“Ya estoy nervioso, mi Ceuta”, confesó al acercarse el final. “Aquí es donde muero yo”. Invitó a salir a la calle, a vivir la fe, a rezar "y que no nos quiten lo vivido", porque “por ahí viene el Señor, ese Jesús del Madero, que anduvo en la mar”. Y concluyó con un solemne “He dicho”, que levantó al público en un aplauso unánime.

El acto terminó con los himnos de Ceuta y España, poniendo el broche a un pregón que quedará en la memoria de la ciudad.

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