Trabajar de noche, cuidar de día y esperar hasta desesperar por la minusvalía de su mujer tras ictus

Imserso.
photo_camera Exterior de la oficina del Imserso.

La historia de un ceutí que denuncia el colapso en la valoración de la discapacidad: “Me dicen que puede tardar tres años porque no hay médico”

Un trabajador municipal de Ceuta vive desde hace más de un año una situación límite. Su esposa, de 66 años, sufrió un ictus durante la pandemia de la COVID-19 y posteriormente fue sometida a una operación cerebral en Cádiz. Desde entonces, apenas puede valerse por sí misma y necesita ayuda constante. Sin embargo, pese a que su familia entregó toda la documentación necesaria al Imserso para solicitar el grado de discapacidad y activar la Ley de Dependencia, aún no ha recibido ni siquiera una cita médica.

Hace un año que entregué los papeles del Imserso a mi mujer que le dio un ictus, no puede andar por sí sola, tenemos que estar ayudándola”, explica este trabajador, que prefiere mantener el anonimato. “Llamé al Imserso esta mañana, les digo que hace un año que entregué unos papeles, necesita una revisión médica nada más para darle los grados de minusvalía y me contestan que puede tardar dos años y medio o tres porque no hay médico”, añade con impotencia.

Un sistema atascado por falta de personal

La familia asegura que el retraso se debe a la falta de facultativos encargados de las valoraciones médicas en Ceuta. “El médico que había habría fallecido y no habrán puesto ninguno, me ha asegurado un conocido”, comenta el hombre, que lleva meses insistiendo sin éxito. “No sé meterme por la sede electrónica y esa es la respuesta que me han dado. Como que no hay médicos, me dijeron”.

Su caso refleja un colapso que afecta a decenas de familias ceutíes que dependen de la acreditación oficial de discapacidad para acceder a ayudas económicas, atención domiciliaria o recursos adaptados. “Esto es horroroso. Solo queremos que la vea un médico para que evalúe su situación, pero me dicen que puede tardar dos años y medio o más”, lamenta.

Jornadas imposibles entre el trabajo y los cuidados

Mientras tanto, este ceutí intenta sostener el hogar trabajando por la noche y cuidando de su esposa durante el día. “Yo trabajo por la noche, estoy en Servilimpce, la empresa municipal de limpieza. Tengo que estar con ella, no puede estar sola, se defiende un poco, pero necesita el grado de minusvalía. Por la noche se queda un hijo mío aquí”, relata.

El agotamiento físico y emocional se acumula. “Ella tiene 66 años. La tuvieron que operar en Cádiz de la cabeza, una operación grande. La semana pasada estuvimos de revisión allí. Tengo que gestionarlo todo yo”, explica. “El trabajador del Imserso que hace un año me cogió los papeles me dijo que podría tardar hasta un año, pero ya hace un año y cuando llamé a la muchacha que trabaja allí me dice que esto puede tardar hasta dos años y medio”.

Una espera que paraliza vidas

La falta de médicos valoradores en el Imserso está generando una cadena de demoras que bloquea el acceso a derechos básicos reconocidos por ley. Mientras tanto, familias como la de este ceutí siguen atrapadas en una espera desesperante.

Solo quiero que la vea un médico para que pueda tener su grado de minusvalía y la ayuda que le corresponde. No pido más”, concluye.

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