Tras largos meses sin ver la luz del Sol, la señora de la Capilla de la Madre de Dios de la Palma y San Bernabé se ha dado un auténtico baño de masas para festejar, con ello, el centésimo aniversario del episodio fundacional de la Hermandad con sede en la barriada de Manzanera
Ceuta, septiembre de 2024: la vuelta al cole, el Mercado Medieval, el otoño... Y la Pollinica, en la calle. Reconócelo: si no te hubieras enterado por la prensa hace ya varios días, ahora mismo, estarías soltante un "¡¿cómo?!" cual Chiquito de la Calzada. Siéntate y sigue leyendo; la cosa tiene explicación.
Al igual que sucediera el pasado curso con el Medinaceli y el anterior, con la Virgen de África, su homónima de la Capilla de la Madre de Dios de la Palma y San Bernabé se ha dejado ver este primer sábado del período otoñal para celebrar el que ha sido el centésimo aniversario del episodio fundacional de la Hermandad con sede en la barriada de Manzanera.
No pudo ser en Semana Santa; la lluvia lo impidió. Pese a la previsión de fenómenos costeros, pese a haber estado el cielo caballa cubierto por momentos a lo largo de la tarde, al final, ha habido procesión: la Virgen de la Palma se ha dado, por fin, un nuevo baño de masas. Los fieles se contaban por cientos; ni siquiera el Ceuta-Recre ha impedido que así fuera.
Minutos antes de hacer acto de presencia ante sus incondicionales, se percibía entre estos cierta apetencia por volver a contemplar a la que, por sus galones, bien podría ser la segunda patrona de la ciudad autónoma. Cuando las puertas de la iglesia aún no se habían ni abierto, ya había quien estaba -móvil en mano- preparado para inmortalizar lo que, a la postre, ha sido una salida verdaderamente fastuosa.
Sacada la efigie, la comitiva se adelantaba: músicos, mujeres de mantilla, cofrades y demás simpatizantes se posaban frente a la imagen para dar inicio, así, al recorrido procesional. El mismo ha transitado por los Jardines de la Argentina para, posteriormente, atravesar el Puente Cristo, meterse en el paseo de Las Palmeras y enlazar con la plaza de la Constitución.
El desfile llegaba al Revellín ya con la noche y las faroles como telón de fondo. Luego de varios parones totalmente necesarios por lo elevado de la pendiente, el cortejo se desviaba por Antioco para, posteriormente, tomar General Aranda, Agustina de Aragón, calle Real, Ingenieros, Colón, Jáudenes, plaza de África... y vuelta a casa.
Después de ocho largas horas que, a buen seguro, a muchos les habrán sabido a poco, la Virgen de la Palma ha vuelto a resguardarse de todas las miradas al abrigo de un templo (el suyo propio) que, al igual que el grueso de los asistentes, la acogerá hasta la fecha de su próximo paseo con los brazos abiertos.
Pasión, fervor, devoción: todo eso (y mucho más) ha salido a relucir en mitad de una jornada atravesada de pleno por el recogimiento, la fe y hasta la ilusión que surge en uno durante las horas previas a contemplar un paso. Por fortuna para los más devotos, no habrá que esperar mucho para volver a ver la Pollinica procesionando; en apenas unos meses, Ceuta estará sumida de nuevo en la Semana Santa.