Picardo, en una imagen de la web del Gobierno de Gibraltar.
Picardo, en una imagen de la web del Gobierno de Gibraltar.  
- El pasado jueves se celebraron las elecciones generales de Gibraltar.

Fabian Picardo repetirá como Ministro Principal (Chief Minister) durante los próximos cuatro años. Su coalición ha recogido cerca del 70 % de los votos emitidos, un porcentaje sin duda superior al que le catapultó al gobierno del peñón en 2011 (48,88%).

Sin la ayuda del formidable catálogo de declaraciones sobre Gibraltar que el ministro García-Margallo ha confeccionado con tesón durante estos últimos cuatro años, y sin las correspondientes técnicas de resiliencia dialéctica desplegadas por Picardo, tal vez los porcentajes de voto hubieran sido algo distintos.

Sería por supuesto absurdo afirmar que Picardo ha ganado las elecciones gracias a los cables retóricos echados por Margallo. Sin embargo, parece evidente que varios factores de matriz margalliana (como aquel “¡Gibraltar español!” que en su día soltó el Ministro en su característico tono diplomático-chispeante, el posterior y más afectado “se acabó el recreo en Gibraltar” pronunciado en plena crisis de los bloques de hormigón, o el ya perenne celo controlador instalado de forma poco espontánea en el lado español de la frontera) han jugado un rol determinante.

Margallo ha insuflado una más que potente dosis de épica cohesionadora al relato electoral de quienes han estado al mando del ejecutivo gibraltareño durante la última legislatura. Y sin duda les ha beneficiado.