Gabriel León, el hombre que trajo al siglo XXI la Ceuta del siglo XV

Gabriel León, el hombre que trajo al siglo XXI la Ceuta del siglo XV

- Así se construyó la maqueta de la última ciudad árabe de Ceuta

- La obra está hecha siguiendo datos históricos, crónicas portuguesas y, sobre todo, la descripción de la ciudad que hizo Al Ansari

- “He hecho la ciudad a través de la mirada de alguien que la vio”, explica el autor, que ha contado con la ayuda de su padre, conocido belenista


Hace casi 601 años Al-Ansari describió su ciudad, Ceuta (Sabta para él) con la minuciosidad que da la rabia de haberla perdido para siempre, arrasada por los portugueses, sin apenas rastro ya de aquella medina, con su aroma de azahar y mil mezquitas, en la que creció. Para que su amada ciudad no quedara enterrada en el olvido, plasmó su memoria en la obra ‘Ijtisar al-ajbar amma kana fi tagr Sabta min sanni alatar’, o lo que es lo mismo: el ‘Compendio de noticias sobre los ilustres monumentos de Ceuta’. En sus últimas líneas, Abu Abd Allh Muhammad ibn al-Qasim al-Ansari, confía en que esas páginas sean de utilidad para alguien en el futuro. Seis siglos después, en la misma ciudad que él amó, otro ceutí, Gabriel León, ha hecho realidad su deseo, trayendo al siglo XXI la Ceuta del siglo XV en una maqueta tan minuciosa y exacta como el Ijtisar al-ajbar de Al-Ansari, obra que sirvió de guía perfecta para hacer realidad la última ciudad árabe que conoció Ceuta.

Pero cuando comenzó el proyecto -por puro placer, para servir de decoración en su casa- Gabriel León comenzó guiado sólo por su pasión por la época medieval, especialmente la árabe, y por la pericia de su padre, Gabriel, experto belenista. Juntos se pusieron manos a la obra en un proyecto que se fue complicando a medida que avanzaba. León padre construyó el grueso de los centenares de casas, casitas y mezquitas. León hijo se zambulló en un trabajo de investigación que le ha llevado a leer crónicas portuguesas… en portugués antiguo, a descubrir Al Ansari o a convertirse en algo más que un aficionado a la historia de la Ceuta medieval y la arquitectura árabe.

Han sido cuatro años de trabajo que rememora, sin disimular su pasión, orgulloso de su obra sentado en una terraza en lo que hace seis siglos era la calle Ibn Isa, la arteria principal de la Ceuta árabe. La curiosidad estuvo en el origen de todo, leyendo aquí y allá sobre la historia de Ceuta, León se topó con un estudio de los arqueólogos de la Ciudad en el que se definía el perímetro amurallado, “y pensé que con esos datos y la textura que da mi padre a los belenes podría quedar de escándalo”. Así dibujó el trazado con las 50 torres que lo componían, 16 al Norte, 16 al Sur, 9 al Este y otras tantas al Oeste. Más de un kilómetro de muralla alrededor de la medina de la última ciudad árabe de Ceuta. El más pequeño pero también el mejor documentado, con muchos restos arqueológicos e incluso fotografías en las que se podía intuir la planta de la Torre de la Mora o la gran Madrassa de Al Yadidda, datos que, “junto a la suerte de tener a mi padre, que es un artista e hizo el grueso de las casas y eso es una garantía artística” sirvieron para dar los primeros pasos y a los que sumó un plano del siglo XVIII con la línea de costa original cedido por José Luis Gómez Barceló que trasladó al programa Google Earth a escala 1/200 para comprobar que encajaba, “casi a la perfección” con el trazado que había planteado él. Aquel mapa facilitado por Gómez Barceló añadía nuevas pistas a su puzle: “Aquel mapa marcaba la Torre de la Mora y nos decía donde se cerraba la Alcazaba.

”Ha sido un trabajo de investigación, me he sentido casi como un detective, dato a dato montando el puzle. Y de camino estudiar, estudiar y estudiar, porque cada dato le llevaba a una nueva derivada, algo que añadir o perfeccionar. “He leído tratados de arquitectura meriní y califal”, explica apuntando que entre las diminutas callejuelas se esconden detalles arquitectónicos que recorren 400 años de arquitectura árabe. “La Ceuta que conoció Henrique el Navegante”, apunta.

Fueron precisamente las crónicas portuguesas de la ‘Tomada’ de Ceuta una de las guías fundamentales para reconstruir la vieja medina. Un relato, parcial y seguramente inflado por los ardores patrióticos, que va siguiendo los pasos de Henrique el Navegante. “Te dice por qué calle entraron, por donde fueron, cuando se encontraban con una mezquita o cuando se toparon con la calle de las especias”.

La memoria de Al-Ansari

El otro guía imprescindible en este viaje al siglo XV fue el ya citado Al Ansari, descrito por los expertos (Virgilo Martínez Enamorado, del Instituto de Estudios Ceutíes) “Su descripción topográfica de Ceuta alcanza tal grado de detallismo que no existe parangón en todo el Mediterráneo occidental para los tiempos medievales”. Al Ansari, que empezaba así su libro: “soy noble ceutí de nacimiento y crianza”, ha sido la inspiración de León ”Espero que esté orgulloso de mi trabajo, es la ciudad tal y como él la describió”. Un hombre, lamenta Gabriel, cuyo trabajo es una referencia imprescindible para los historiadores medievales, pero que no tiene ni una calle en Ceuta.

Al Ansari puso el espíritu del proyecto, el propio León calculó y corroboró minuciosamente el resto. Colocó (sobre un ‘borrador’) los principales edificios, la Alcazaba, el Palacio del Gobernante (que se ubicaría casi en el mismo lugar que hoy el Ayuntamiento), las catorce mezquitas que salpican la medina, al madraza. “Y desde ahí hice el trazado de las calles, siguiendo grabados, alguno muy minucioso ya que el trazado original de las calles se mantuvo durante la época portuguesa y de hecho se mantiene hasta ahora”, explica, “la calle Jáudenes, por ejemplo, lleva pisándose más de mil años, era la calle de las especias; en paralelo está Ibn Isa, la actual Gran Vía que conectaría con el Paseo del Revellín, idéntico trazado. “Eran caídas naturales de agua, sobre el plano topográfico coloqué bolas de hierro y cayeron 50 veces por el mismo lugar, lo que son las calles transversales, por ejemplo la calle de la Basílica Tardorromana”.

 

Hace ya tiempo, casi desde que empezó a tomar forma la maqueta que, confiesa, es capaz de imaginarse la ciudad medieval cuando pasea por Ceuta, imaginarse los volúmenes de la una ciudad que tenía dos madrasas, dos universidades y una docena de mezquitas. Conoce aquella medina como si hubiera estado. Tanto es así que la maqueta guarda secretos sorprendentes invisibles desde fuera. Y es que, por ejemplo, los aljibes de las casas están huecos o la Puerta Califal está construida también en su interior, cada recoveco. “Tenía que comprender el interior para hacer el exterior”, alega. La maqueta guarda otros secretos indetectables. Una de las casitas de pescadores de lo que sería la playa de La Ribera es en realidad el lugar exacto en el que estaba la casa de su padre, el responsable de la “textura” y la “verdad” de la maqueta, hecha con madera, pintura y tierra y arena de Ceuta.

Una maqueta hermosa que invita a adentrarse por sus callejuelas, un trabajo bello que provoca una extraña sensación de nostalgia por un lugar que nunca has conocido pero que, de algún modo u otro, se intuye como propio. Todo un regalo para la curiosidad de los que quieran conocer cómo era Ceuta hace seis siglos.

Curiosamente, quiso la casualidad, que Gabriel León formalizara la entrega a la Ciudad de su maqueta un 20 de agosto de 2015, justo cuando se cumplían 600 años del comienzo del fin de la última ciudad árabe de Ceuta.