FRONTERA

Tarajal, el caos que cambia cada día

Tarajal, el caos que cambia cada día
La Guardia Civil controla a un grupo de porteadoras en la frontera del Tarajal-1
La Guardia Civil controla a un grupo de porteadoras en la frontera del Tarajal-1  

“La frontera es una serpiente que cambia de piel constantemente”, reflexionaba hace unos días el jefe de Gabinete, Juan Hernández. Y cada día la frontera le da la razón. En el Tarajal, el reino mutante donde el lema que rige el universo es ‘hecha la Ley, hecha la Trampa’, se estrenaba ayer circuito de porteadores y nuevas normas.  Y si todo cambio tiene un efecto perturbador, en medio del caos el efecto es siempre impredecible.

La frontera del Tarajal es, cada día, un laboratorio de capitalismo salvaje, dispuesto a colarse por las rendijas que deja el poco ordenamiento disponible. Delegación de Gobierno lleva más de una década tratando de poner orden y limitar el flujo de mercancía a la tradicional, alimentación, menaje, ferretería… Sin apenas éxito. Desde este lunes 22 de octubre se ponía en marcha un nuevo modelo, un nuevo intento, por el que se establecía que el paso peatonal de la frontera del Tarajal permitía solo el llamado régimen de viajeros. Esto es, un par de bolsas de la compra por viandante. Una normativa ambigua, muy imprecisa, por la que tiene que velar Guardia Civil y seguridad privada, enfrentándose a una casuística muy difícil de establecer.

Porteadoras en la frontera del Tarajal-5“He comprado un calentador, mire, aquí está la factura”, explicaba un vecino de Castillejos ante la duda del agente de la Guardia Civil que consulta a su superior, que resopla y lo consulta al responsable de Delegación sobre el terreno que termina optando por dejarlo pasar. Poco después llega otro con un par de sacos de almendras, otro con chatarra y mañana toca pimienta blanca… Mercancías normales en el Tarajal II pero que resulta difícil, sino imposible, encajar en el régimen de viajeros. El problema, explica el agente, está en esa mercancía aparentemente inocente, como las almendras o el calentador, porque en cinco minutos llegará otro con otro calentador que, casualmente, también acaba de comprar y luego otro y otro… “Hasta que han pasado uno a uno todo contenedor de calentadores”, resume con resignación.

Contrabando de plumíferos

“¿Te has fijado en la cantidad de porteadores que pasan con un chaquetón?”, pregunta al reportero un agente veterano, que lleva una década en primera fila de la frontera del Tarajal. La tarde es calurosa, por encima de los 22 grados de Levante, pero aún así muchos de quienes cruzan la frontera cargados de bolsas o a bordo de una moto lucen un chaquetón de plumas. Todos el mismo modelo en cuatro colores, negro, mostaza, verde y rojo. Todos nuevecitos, recién estrenados.

El textil ‘made in China’, considerado “producto tóxico”, está vetado en Tarajal II y también a través de Tarajal I en el régimen de viajeros, no así en el porteo a vehículos, donde la mercancía no se somete a ningún control. Da igual que sea una manta, ropa de bebé o plumíferos. Pero, hecha la Ley, hecha la trampa. Si no se puede pasar en cajas o fardos, se pasan uno a uno, abrigo a abrigo. Las motos hacen varios viajes, mientras, el resto, pasan a pie bien abrigados. Alguno, como si fuera a embarcar con Ryan Air, lleva dos y tres abrigos encima y son rechazados por la Guardia Civil o los vigilantes de seguridad. La trampa es evidente, pero poco pueden hacer las fuerzas de seguridad, salvo impedir el paso de los demasiado abrigados para una calurosa tarde de otoño.

Porteadoras en la frontera del Tarajal-4Mujeres-fardo

No es el truco más evidente para intentar sortear el régimen de viajeros. El otro salta a la vista: las porteadoras cargadas de mercancía textil pegada a su cuerpo hasta hacerlas enormes pelotas. Sus cabezas pequeñitas en enormes cuerpos con forma de fardo, con la mercancía adherida con cinta al cuerpo hasta duplicar su volumen, dispuestas a avanzar en avalancha, inmunes a las porras de la policía.  

Si no fuera por el drama y la miseria que esconden cada una de las historias de estas mujeres, el panorama resulta surreal, cómico. Una multitud de mujeres-fardo, como concursantes del mítico programa nipón, 'Humor amarillo', avanzando con pasitos cortos hacia los antidisturbios de la Guardia Civil, que trata de contener a una masa de señoras gritando 'por favor', 'por favor'.

Muy pocos son los hombres que se ven cargados de mercancía pegada al cuerpo, casi todas son señoras de edad avanzada que podrían ser las madres o incluso las abuelas de los guardias que las intentan contener, con palabras educadas o bien a porrazos al bulto cuando ya no atienden a razones. “Este supuesto no lo estudiamos”, comentaba irónico unos de los GRS, especializados en control de masas.

Ha sido el primer día en el Tarajal con la nueva regulación del porteo en régimen de viajeros y el caos era de esperar. Ninguno de los agentes o responsables de Delegación parecen sorprendidos, los GRS están desplegados desde las 15.00 horas en previsión de lo que podía pasar. Aquí está también Ceuta al Día. Todos sabemos que todo cambio en medio del caos produce un efecto inesperado. “A ver mañana”, suspira un guardia, porque mañana todo volverá a cambiar, más aun en la frontera del Tarajal, el reino del caos mutante.