UN AÑO DEL ÚLTIMO SALTO MASIVO

C'est fini

Imagen de archivo.
Imagen de archivo.  

Se cumple un año del último salto multitudinario a la valla fronteriza de Ceuta. Alrededor de un centenar de migrantes subsaharianos lograba saltar el perímetro aprovechando la hora del rezo colectivo que marcaba el inicio de la Fiesta del Cordero de 2018. Apenas 24 horas después, una orden del ministro de Interior, Fernando Grande- Marlaska, los devolvía al otro lado de la frontera desempolvando un acuerdo de 1992 con Marruecos.

A las 9.40 horas del 22 de agosto de 2018, hace ahora un año, un grito de júbilo se coló por encima de las plegarias del imán en plena ‘musal-la’, el rezo colectivo que marca el inicio de la Pascua del Sacrificio.  ¡Boza!  Una algarabía se acercaba a la carrera hacia Loma Margarita en el preciso instante en el que el rezo tocaba a su fin.

Quiso la casualidad, o tal vez la Divina Providencia,  que coincidiera la salida de Loma Margarita de los miles de feligreses musulmanes, con sus mejores ropas, con el centenar de migrantes subsaharianos recién entrados en el país, sin camiseta o con la ropa rasgada de las cuchillas de la valla fronteriza que acababan de saltar solo unos minutos antes.

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¡Boza, boza, boza, c’est fini!, se desgañitaban, abriendo los brazos al cielo mientras coreaban  su ya habitual “boza”. Un grito de victoria con el que celebran los triunfos, al que esta vez parecían haber añadido una coletilla premonitoria: c’est fini. Se acabó.

Y ciertamente se acabó. Aquellos 116 migrantes, son, de momento, los últimos que lograron pisar suelo español en un salto multitudinario. Apenas 24 horas después, una orden directa del ministro Fernando Grande-Marlaska, devolvía al otro lado de la frontera a los 116 subsaharianos desempolvando un acuerdo firmado con Marruecos en 1992 para casos en los que se usara la violencia y que solo se había utilizado de manera excepcional hasta entonces. Interior alegó que la entrada de los migrantes devueltos se había producido –como la anterior del 26 de julio de 2018-  de forma “ilegal y violenta”, usando para ello “cal viva, ácido y excrementos” a los guardias civiles que custodiaban la frontera. Siete agentes y cinco migrantes resultados heridos.

Desde entonces, el perímetro de Ceuta es inexpugnable. O casi. El pasado 9 de abril, seis jóvenes de Guinea Conakry saltaban por sorpresa aprovechando que el fuerte viento y la lluvia restaban mucha visibilidad. Y lo lograron. Ellos son, de momento, los últimos en entrar saltando la valla.

Desde aquel 22 de agosto de 2018, los intentos multitudinarios de salto se  han quedado en eso, en intentos, repelidos en la mayoría de los casos por las fuerzas marroquíes, más diligentes desde la inyección de fondos de la UE auspiciada por España. La amenaza de expulsión colectiva en caso de entrada violenta sigue vigente y, por si fuera poco, la doble valla de España ya no está sola. Marruecos está levantado un tercer vallado, coronado por las cuchillas de las concertinas que Grande-Marlaska prometió quitar en la valla española, promesa que aún no ha cumplido. De eso hace ya más de un año.

Imagen de las heridas de uno de los inmigrantes subsaharianos que protagonizaron el último salto a la valla el pasado mes de agostoMIGRANTE SUBSAHARIANO BANDERA ESPAÑA SALTOSALTO A LA VALLA 22 08 18    72-59SALTO A LA VALLA 22 08 18    72-49SALTO A LA VALLA 22 08 18    72-38