LA MIGRACIÓN, DESDE MARRUECOS

Europa, mira a la cámara

Europa, mira a la cámara
Uno de los migrantes que no lograron acceder a Ceuta hace una semana, este jueves, cerca de Castillejos.
Uno de los migrantes que no lograron acceder a Ceuta hace una semana, este jueves, cerca de Castillejos.  

Sale mal Europa desde el 'petit forêt' de Castillejos. Sale fea. Salen feos los europeos que se adentran en él y salen corriendo, acongojados, cuando alertan los que se quedan de que policias, militares, paramilitares, pueden estar en camino. Sale peor el continente que lava su vergüenza en los billetes que pagan a quien mata y maltrata fuera de sus fronteras. Sale falsaria, sale engañifa: 'España era un país sin delincuencia, sin corrupción, donde había casas gratis para todos, con una educación estupendísima, donde había ayudas socials para todos y no había paro. Pero de golpe llegaron unos inmigrantes africanos y terminó esta utopía', ha escrito @Geografosubjeti, que conoce bien Ceuta, esta semana.

El mapa de la migración irregular al otro lado de la valla apenas ha cambiado durante los últimos años, aunque evoluciona. Los migrantes que no consiguieron acceder a Ceuta el jueves de la semana pasada, que en algunos casos siguen sangrando y supurando, repudian la "hipocresía" del continente al que anhelan llegar y niegan haber sido "violentos", hasta utilizar cal viva (fue "harina", dicen) contra la Guardia Civil.

No hay entrenamientos militares en los valles que rodean Ceuta. Tampoco, parece, mafias que todo lo pueden y lo mueven. Sí una famélica (y minúscula) legión de migrantes subsaharianos que sobrevive esperando, soñando, la oportunidad de llegar a Ceuta como lograron 602 de sus "amigos", de sus antiguos compañeros, hace exactamente una semana. Ceutaldia.com ha pasado este jueves con parte de los indocumentados que acampan cerca del vallado, el punto al que, apuntan fuentes de las Fuerzas de Seguridad españolas, acaban abocados los que no tienen dinero para pagar por un doble fondo en un coche o por un billete en una patera.

"Mi padre me dijo que el mar es demasiado peligroso", dice uno de los migrantes en los bosques de Castillejos

"Mi padre me dijo que el mar es demasiado peligroso", dice uno de los alrededor de treinta jóvenes varones, casi niños algunos a juzgar por sus caras barbilampiñas, al ser preguntado por si se plantea arrojarse al agua camino de Andalucía en lugar de a las concertinas entre el Tarajal y Benzú.

Huellas de las cuchillas hay en casi todos los presentes. En al menos un par, en una cabeza y un brazo, que todavía sangran o supuran. Otros muestran brazos cosidos, huesos de muñecas y tobillos rotos... Los más antiguos dicen llevar en el bosque "dos años". Poco antes, el 1 de diciembre de 2015, Ceutaldia.com estuvo en una de las angostas cuevas de ese mismo lugar grabando los dos cadáveres que dejó el incendio de los campamentos que usaban estos soñadores sin papeles.

La vida mirando a la valla, esperando un guiño de la suerte para pisar Europa en África, Europa al fin y al cabo, se pasa entre miedos, penurias y basura.

El mapa de la migración irregular en territorio marroquí cerca de Ceuta apenas cambia, los perseguidos siguen en los mismos sitios, pero evoluciona: ahora (al menos en verano) organizan estancias a cielo abierto que, aunque las Fuerzas Auxiliares destruyan o calcinen, como se puede comprobar que hicieron hace pocos días, no cobra vidas.

La vida mirando a la valla, esperando un guiño de la suerte para pisar Europa en África, Europa al fin y al cabo, se pasa entre miedos, penurias y basura. Es un caos ordenado. Para acceder al campamento de los migrantes se exige, si eres educado, permiso. Uno de los vigías encargado de controlar las colinas del entorno acude a hablar con quienes prefieren llamarse "coordinadores" del grupo, que a su vez piden para mantener un encuentro para conocer la intención de las visitas.

Los fracasados del último salto preguntan preocupados por los rumores de que sus "amigos" con éxito serán repatriados, también están al tanto del cierre de los puertos de Italia o de la situación en Libia.

herida inmigranteUna vez sabido que el objetivo es saber más de su vida y de sus ambiciones, el cónclave prospera no sin interrupciones. La jerarquía y el "respeto" parece ser una norma inviolable. Incluso ante visitas, la actitud de uno de los que dice y parece no llegar a los 18 años, con interrupciones constantes a quien está en el uso de la palabra, desata un enfrentamiento por el que el resto pide disculpas avergonzado del espectáculo ante invitados.

Los fracasados del último salto, que en corrillos preguntan preocupados por los rumores de que sus "amigos" con éxito serán repatriados, pero que también están al tanto del cierre de los puertos de Italia o de la situación en Libia, niegan haber sido "violentos", ni con la Guardia Civil, de la que más de uno asegura haber recibido más que una dosis de gases lacrimógenos, ni con las Fuerzas de Seguridad.

"Harina" y no cal viva, aseguran, es lo que usan para "compactar" los excrementos que, a su vez, reconocen, arrojan a los agentes españoles para ganar tiempo y quebrar las defensas de las vallas. Todas las fuentes consultadas por este medio discrepan. "Se veía, olía y quemaba como cal viva", han repetido desde la Benemérita. Las heridas de los agentes eran reales. "Se apreciaron quemaduras de tipo químico que se diferencian de las demás, fusen de cal o no", ha indicado personal sanitario. En el Hospital trataron "quemaduras y trastornos respiratorios por una sustancia que los médicos no supieron identificar". Eso no lo hacen las heces por muchos sueños y desesperación que lleven.

Los que lograron pasar y son acogidos son la prueba, se interpreta al otro lado, de que hay sitio.

Muchos aseguran haber estado en medio, en la "zona internacional", y haber sido atrapados y expulsados por los guardias, incluso con buenas palabras ("lo siento, es la vida") que ahora recuerdan "hipócritas". Hay que estar al otro lado para reprochar algunas cosas para seguir respirando pero hay que ser muy malo para inventar y promocionar el uso de "machetes" o "ácido de baterías de coche" paseando por territorio protegido por la todopoderosa bandera azulada con estrellas con el propósito de sublevar a las masas.

El mismo apelativo, "hipócrita", recibe, paradoja, el hecho de que España, Europa, acepte y acoja a los que pasan. Ellos son la prueba, se interpreta al otro lado, de que hay sitio. Su ingenuidad se limita, a lo sumo, a la de guardar una vieja cámara que, por supuesto, no sirve para nada más que como juguete que mostrar ante los periodistas. Se alteran, más que con nada, con el "racismo", con los vídeos que han podido ver en Internet de "españoles" haciéndose los monos, aullando como simios, para ofender a los negros. Otra paradoja, sin haber llegado ya les indigna la actitud de la sociedad a la que sueñan con llegar como sea.

A media charla, una comitiva de cinco hombres regresa al campamento con el menú del día, lo recogido en el basurero cercano, un montón de frutas, verduras y hortalizas, dos o tres trozos de pan para hamburguesa. "Yo fumo para no tener hambre", argumenta uno de los jóvenes que solicita un cigarrillo que, por supuesto, corre de mano hasta el filtro. Aquí todo se extingue rápido y de modo compartido, también el humo; todo menos la miseria y los sueños por alcanzar esa Europa en la que imaginan que las cámaras funcionan.

Cinco hombres regresan al campamento con el menú del día, lo recogido en el basurero cercano, un montón de frutas, verduras y hortalizas, dos o tres trozos de pan para hamburguesa.

"Mayoría" de Guinea Conakry, francófono casi en su totalidad, pero con algún integrante de otros países como Sierra Leona que, un tanto desplazados, preguntan por quién habla inglés, el grupo lamenta con especial grima el trato que les dispensa Marruecos, donde no han encontrado la supuesta hermandad islámica que cualquier musulmán debe dar a otro de su confesión, en un país en el que se sienten "esclavos", el trato que quieren pensar no tendrán al otro lado del Estrecho.