ACUERDO DEFENSA-CIUDAD DE CEUTA

La Lealtad, un barrio en venta

La Lealtad, un barrio en venta
Barriada La Lealtad San Amaro.
Barriada La Lealtad San Amaro.  

El barrio de La Lealtad, en San Amaro, a los pies del Monte Hacho, tiene dueño y no son sus vecinos, es el Ministerio de Defensa. Y el problema de tener dueño es que cualquier día te pone a la venta. Ese día está peligrosamente cerca para esta popular barriada de San Amaro y nadie les ha dicho nada.

El pasado jueves, Agustín Conde Bajén, secretario de Estado de Defensa y el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, firmaron un documento de cuatro páginas que escondía una cláusula que señala el destino de la barriada: su venta.

En la página 4 de la ‘Adenda al Protocolo de intenciones entre el Ministerio de Defensa y la Ciudad de Ceuta suscrito el 11 de febrero de 2010 en relación con propiedades de titularidad del Estado, ramo de Defensa’, se desglosa el capítulo ‘Otros Compromisos de la Ciudad de Ceuta’ en el que el Ministerio de Defensa insta al Gobierno local a agilizar los trámites correspondientes para regularizar la situación de otras propiedades e inmuebles, además de los 16 añadidos en esta adenda, entre los que se encuentra la barriada La Lealtad, “de forma que se posibilite su venta”.

El texto de esa cláusula cuarta dice así: “El Ministerio de Defensa es propietario de otro grupo de inmuebles situados en el Monte Hacho, en el Barrio de San Amaro (barriada de “La Lealtad”), así como la “Estación Telemétrica de San Hipólito” que no han podido ser enajenadas ya que necesitan licencia de segregación para regularizar su situación jurídico-registral. La Ciudad de Ceuta se compromete a agilizar los trámites para otorgar las licencias necesarias a fin de poder regularizar la situación de estas propiedades de forma que se posibilite su venta”.

En la barriada no lo sabían, pero tampoco les sorprende. Conocen su destino desde pequeños. “Un día vienen y lo echan todo abajo, eso lo llevo oyendo desde hace 40 años”, dice Manuel, nacido en el barrio y el encargado de actualizar el perfil de Facebook de la barriada. Aquí conoció a su mujer y su suegra aún vive aquí. “Ya nos han dicho que cuando mi suegra fallezca tiran la casa abajo, como han hecho con las otras, se resigna. “Como hicieron con la de Loli”, apunta su hijo a su lado. Y es que las casitas son antiguos pabellones militares y “cuando falleces o si te destinan a otro lugar tienes que dejarlas”, explica Manuel, “y después las tiran”. “Mira ahí estaba el número 11”, dice señalando un solar tapiado, “las tiran abajo y vacían el solar para que no las ocupen como pasa en otros sitios, pero últimamente ya ni limpian el solar y dejan las ruinas”, dice, denunciando los consiguientes problemas de insalubridad, presencia habitual de ratas y el refugio perfecto para botellones “y gente rara”.

La diminuta trama urbana de La Lealtad está mellada aquí y allá, cada tres casas un agujero cuadrado, como una muela arrancada. Huecos que hacen pensar en un barrio en lento proceso de desmontaje, esperando a que fallezca otro propietario más para arrancar su casa. Ausencias palpables que desazonan más aún cuando aún puede entreverse el papel pintado entre las ruinas de un vecino que se fue, ya sea a otro barrio o directamente al otro barrio.

Y es que el Príncipe no es la única barriada en suelo militar en la que sus vecinos no son propietarios de sus casas, eternamente pendientes de regularizar. Aunque la diferencia con La Lealtad es sustancial, ya que no se trata de viviendas edificadas ilegalmente sino de viviendas legítimas pero con un dueño distinto al inquilino. Y el problema de tener dueño es que todo lo tuyo es suyo y hay que pedirle permiso para todo. “Los vecinos no pueden hacer reformas, ni ampliaciones”, explican. Ni pueden presentar su casa como aval para una hipoteca ni serán nunca sus dueños, al menos a priori. Aunque no todas las casas están en la misma situación legal y algunos vecinos sí son propietarios, pero no es complicado saber cuál es cuál. “Todas las que veas que están reformadas o que las han ampliado no son ya pabellones militares”, señalan los vecinos.

“Así que no sé qué querrán hacer con esto”, se pregunta Manuel mientras enseña a Ceutaldia.com los rincones de una barriada de la que la mayoría de los ceutíes apenas conocen más que el camino para ir al bar Benito. “Quizá lo tiran todo y la Ciudad hace aquí pisos”, baraja, “pero mientras tanto seguimos abandonados”, confiando siempre en que su destino sea comno el de Príncipe Alfonso y se terminen regularizando las viviendas.

Otro de los problemas de tener dueño es que puede olvidarse de ti. Y mientras la ciudad avanza y disfrutan de ciertos servicios, en La Lealtad no tienen apenas parque infantil (un balancín encajonado entre dos casitas), ni jardines, ni casi aceras y son la única asociación que no tiene local social. “Nos dieron uno, pero es el aljibe, un lugar pequeño y con humedades, un aljibe, vamos”, se ríe. “Siempre nos ponen la misma pega, es que esto es de Defensa y no pueden hacer nada, pero para lo que les interesa bien que usan las naves para almacén de Festejos”, dice señalando los dos enormes pabellones que en su día servían de almacenes para el Cuartel de las Heras.

No saben qué será de su destino, ni que les depararán sus dueños, pero sí saben que al menos de momento la vida transcurre plácida en La Lealtad, “como en un pueblo”. Eso sí, un pueblo del que poco a poco van arrancando sus casas hasta que quede poco más que un solar.

Barriada La Lealtad San Amaro-1