DESALOJO DE HUERTA TÉLLEZ

“Esto no es el final, esto es solo el principio”

“Esto no es el final, esto es solo el principio”
Una mujer carga con un colchón infantil en el desalojo de Huerta Téllez
Una mujer carga con un colchón infantil en el desalojo de Huerta Téllez  

Solo los golpes sordos de las mazas de la UIP de la Policía Nacional rompían el tenso silencio que se ha vivido este jueves en el desalojo de las viviendas ocupadas de Huerta Télez. Un desalojo que ha transcurrido sin incidentes, con los ‘okupas’ saliendo por su propio pie con los pocos enseres que podían y sin que haya sido necesario el uso de la fuerza. “Nos han tratado bien, ellos son unos mandados, los culpables son los ladrones de los políticos y el primero el enano de Juan Vivas”, bramaba una mujer, sentada sobre la maleta en la que guardaba todo lo que ha podido sacar.

“Esto no es el final, esto es solo el principio”, amenaza otro de los desalojados, que prefiere no dar su nombre no mostrar su cara, como la gran mayoría de los congregados en los alrededores de Huerta Téllez. “Si hay que ir a ocupar el Ayuntamiento o la casa de Vivas se va”, avisa mientras a su espalda los vecinos que aún están en las viviendas lanzan los colchones y bolsas por las ventanas para aligerar la mudanza obligada. “No nos dejan recoger nuestras cosas, al menos nos podrían haber avisado con tiempo, somos españoles, no perros”, explica una mujer denunciando que “ni siquiera hay aquí una ambulancia, hay niños, gente mayor… Me da vergüenza ser española en este momento”, lamenta denunciando que en los 23 días que llevan como okupas “no ha venido nadie del ayuntamiento, ni una asistenta social ni nada”.

“No nos han enseñado la orden, pero cualquiera se atreve a pedírsela”, explica otro afectado por el desalojo que insiste en que “no se han negado a pagar” y solo han ocupado unas viviendas oficiales vacías. “A ver qué hacen ahora con estas viviendas, a ver quién se las queda”, interroga acusando al Gobierno de no invertir en viviendas sociales, “y cuando lo hace ya sabemos lo que pasa”.  

“Con mi trabajo no puedo pagar un alquiler de 600 euros”, lamenta otro de los okupas, diferenciando entre aquellos verdaderamente necesitados, muchos de los cuales están ahora sentados en la acera aguantando las lágrimas, de quienes ocuparon pisos pese a tener ya una vivienda en propiedad, solo por hacer negocio.