AUTOBUSES

La seguridad de los conductores de autobús: un ideal inalcanzable

La seguridad de los conductores de autobús: un ideal inalcanzable
Un autobús de la línea 4, a su paso por El Príncipe
Un autobús de la línea 4, a su paso por El Príncipe

Muchas quejas y ninguna solución para un problema que persiste desde hace años


¿Está garantizada la seguridad de los conductores de autobús de nuestra ciudad? Puede que muchos ceutíes (sobre todo, los menos asiduos del transporte público) nunca se hayan hecho esta pregunta. Sin embargo, a la luz de los últimos acontecimientos, parece claro que no se trata de un tema precisamente baladí.

No son pocos los trabajadores de Hadú Almadraba los que, en algún momento de sus respectivas trayectorias profesionales, han vivido momentos de tensión a la hora de cubrir determinados trayectos considerados «de riesgo». De hecho, la cifra de estos no ha hecho más que ir en aumento a lo largo de los últimos años. Tanto es así que, en la actualidad, resulta difícil encontrar a un solo conductor que no haya sido testigo directo de algún incidente.

Este medio tuvo la oportunidad de hablar personalmente con varios chóferes de la (ahora) empresa municipal encargados de cubrir algunas de las rutas más «conflictivas». ¿La respuesta más frecuente? «Es el pan de cada día», aseguraron muchos de ellos, quienes, resignados, parecen haber aceptado lo que se ha convertido en una suerte de «condena» más que en una rutina de trabajo.

Abandonados a su suerte

«Durante el día, la cosa suele estar bastante tranquila», manifestaba un asalariado de la compañía. Y es que, al parecer, es al caer la noche cuando comienzan a darse los primeros incidentes. «Hace poco, un ocupante amenazó a uno de nuestros conductores a punta de pistola a la altura de Arcos Quebrados. El agresor le acabó golpeando en la cabeza con la culata del arma. El trabajador agredido tuvo que cogerse la baja psicológica porque no podía ni dormir por las noches», aseguraba.

El grado de indefensión de muchos chóferes llegó a ser tal que la empresa decidió «blindar» varios de los vehículos de la flota e instalar cámaras de seguridad a bordo de estos. «Colocaron rejas como las de los furgones de la policía para proteger el chasis de apedreamientos y demás actos vandálicos [a su paso por determinadas zonas]», narraba nuestra fuente.

Más tarde, las rejas dieron paso a incentivos en forma de incrementos salariales para aquellos empleados que se prestasen a cubrir los trayectos más «comprometidos», algo que resulta verdaderamente difícil de «digerir».

La vigilancia policial: la mejor de las soluciones

Ni pluses ni rejas. Ni siquiera la presencia de seguridad privada. La solución pasa, según los propios conductores, por intensificar la presencia policial en aquellas zonas en las que, habitualmente, suelen producirse altercados. «Es la única manera de atajar el problema», manifestaba uno de ellos.

La pelota está en el tejado de las Administraciones. Los trabajadores de Hadú Almadraba albergan la esperanza de que, con la inminente municipalización del servicio, los políticos encuentren una solución real y efectiva a una situación que se ha tornado completamente insostenible.

Por el momento, habrá que seguir esperando para ver si lo que ya se ha convertido en todo un clamor sirve para activar la iniciativa de unos mandatarios que, en ocasiones, parecen «ausentarse» de la realidad.

La seguridad de los conductores de autobús: un ideal inalcanzable