XXIV JORNADAS DE HISTORIA

Cuando el fin del mundo estaba en el Estrecho

Cuando el fin del mundo estaba en el Estrecho
Conferencia d elas Jornadas de Historia. Sala de usos múltiples de la Biblioteca
Conferencia d elas Jornadas de Historia. Sala de usos múltiples de la Biblioteca
Este martes las Jornadas de Historia arrancaban con la mirada puesta más allá de los hechos históricos, acudiendo a las fuentes más antiguas: los mitos

Las Jornadas de Historia del Instituto de Estudios Ceutíes (IEC), son ya historia en sí mismas. Hace 24 años, con el IEC aletargado, decidieron dar un impulso a su actividad con el desarrollo de unas jornadas sobre la historia de Ceuta. “Había quien pensaba que no era una aventura de largo recorrido”, recordaba con cierta ironía su decano, Fernando Villada, este martes en la inauguración en la Biblioteca Pública de la vigésimocuarta edición.24 años sin faltar una la cita —tampoco en 2020, haciendo frente a la pandemia con una edición online—. “La historia de ceuta interesa y no solo los ceutíes”, reivindica el decano de la sección de historia del IEC. El tiempo ha venido a darle la razón.

Este martes las Jornadas de Historia arrancaban con la mirada puesta más allá de los hechos históricos, acudiendo a las fuentes más antiguas: los mitos y su relación con la realidad y el paisaje. Esto es, “cómo dialogan los mitos y la realidad arqueológica. Las fuentes textuales dan luz a la arqueología y la arqueología permite entender los mitos”, explicaba el prestigioso arqueólogo Juan Blázquez, ponente de la primera conferencia de esta XXIV edición.

Y si hay un ejemplo de mito que ha llegado a nuestros días ese es Hércules. “Algo hay para que el mito tenga tanta perdurabilidad”, reflexiona Blázquez, apuntando tal vez a un culto antiguo a la masculinidad y la fuerza. Un culto que, en cierto modo, ha llegado hasta nosotros, modulado, suavizado tal vez, pero muy vivo. “La iconografía de Hercules ha llegado hasta el siglo XXI y se h¡juega con ella apolíticamente, se ha hecho una lectura política, por ejemplo, está en el escudo de la Junta de Andalucía, pero solo el presidente puede usarlo en su membrete completo”.

Los confines del mundo

Pero no se puede entender el mito de Hércules (o Héracles) no solo sin su marco histórico, sino sobre todo sin entender su paisaje en tres vertientes: el paisaje simbólico, el paisaje natural que lo rodea y, sobre todo, el paisaje cultural. Las aventuras de Hércules, sus ‘trabajos’, transcurren en un marco geográfico concreto, “más allá de las columnas”, más allá de los confines conocidos del mundo. 

Y es que el mapamundi de la antigüedad acababa aquí, en el Estrecho, el fin del mundo, la puerta del océano. Hay que entender, explicaba Blázquez, que aunque ahora seamos capaces de dibujar el contorno de la península Ibérica o imaginar la Península Itálica como una bota, eso era algo impensable para un ser humano hace 2.000 años. Nuestros antepasados desconocían el mundo más allá de su pueblo. “La concepción del mundo era muy diferente en la antigüedad”, matiza el experto, poniendo un ejemplo esclarecedor. Según un estudio, un vecino de un pueblo del interior de España en el siglo XVI solo vería a 14 personas de fuera de su pueblo a lo largo de toda su vida. En ese contexto, imaginar siquiera cómo es el mundo más allá del horizonte es simplemente una quimera. Solo quedaban los mitos, relatos ancestrales hechos para explicar lo inexplicable. 

Durante muchos siglos, la mitología y la geografías han fundido en los mapas los paisajes simbólicos, naturales y culturales. Algo que es hoy aún visible. Basta solo con mirar a nuestro alrededor a la luz de los mitos. Un buen ejemplo esta aquí mismo, en el Estrecho, donde aún se ven las columnas que un día separó Hércules. Un mito para explicar una realidad geográfica que aun hoy, con diferente luz, tiene sentido, aunque ahora, viajando en avión o en cómoda ferry climatizados se nos pase por alto.

“Lo último que hay que hacer es reñirse de un mito”, advierte el arqueólogo y pone un ejemplo nítido en el que lo que parecía un mito era una realidad histórica: Coleo de Samos fue uno de los primeros griegos que dio cuenta de sus viajes por la Península Ibérica, describíendo Tartessos como un país tan rico que “la plata manaba por ríos”. “Ahora, la arqueometalurgia ha descubierto que Tartessos explotaba la plata con mercurio, mediante copelación”, apunta Blázquez. La leyenda de la riqueza de Tartesos era real. El mito es real. Como las columnas de Hércules.

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