IV PREMIO LA LATERA

La carta manchada de sangre que Enrique Santiago nunca pudo enviar

La carta manchada de sangre que Enrique Santiago nunca pudo enviar
Carta manuscrita de Enrique Santiago Araujo-1
Enrique Santiago Araujo.
Pepe Mata, responsable de Memoria Histórica de UGT Ceuta ha querido leer íntegra la carta que Enrique Santiago escribió desde el penal de García Aldave y que nunca pudo enviar. “Una carta manchada de sangre de un hombre bueno, un joven inocente”

El cuerpo sin vida de Enrique Santiago Araujo, médico oftalmólogo y reconocido sindicalista, apareció junto al muro del cementerio con un tiro en la nuca. La madrugada anterior había sido sacado de la cárcel de García Aldave por un grupo de falangistas encabezados por Emilio Pelegrina. Entre los objetos personales que entregaron a la familia había una carta que nunca pudo enviar y que llevaba encima en el momento de su asesinato. Una carta que 85 años después aun pueden verse las manchas de sangre de su autor. “Una carta manchada de sangre de un hombre bueno, un joven inocente”, se emocionaba Pepe Mata.

Mata, responsable de Memoria Histórica de UGT Ceuta ha querido leer íntegra la carta que Enrique Santiago escribió desde el penal de García Aldave y que nunca pudo enviar. Una carta escrita lo largo de varios días en la que se puede palpar el estupor inicial por su apresamiento, la conciencia tranquila de quien nada malo ha hecho y finalmente el horror ante su muerte inminente y el temor por los suyos. Esta es, íntegra, la carta que aún conservan sus familiares. 

“Queridos todos. Vuestra ausencia es lo que me incomoda, el trato, aunque serio, es bueno si se porta uno como una persona decente y sabe comprender las molestias que acarrean a presos y guardianes la aglomeración de gente de diferente pensar, sentir y educación. Me recuerda los días de milicia, aun recientes, cuando teníamos retén. Decidle al doctor Galofre que por favor que no se olvide de mis enfermos y si no puede él solo que avise al doctor Gabizón.

Por lo demás tengo la conciencia de que al que nada malo hizo no puede ocurrirle nada y algún día comprenderán mi inocencia y me dejarán libre, visto que no se tienen cargos contra mí. Por lo demás, no molesten a nadie pidiendo favores, que si son amigos y me conocen pedirán por mí sin encargo alguno. Desde aquí se ve muy bien Ceuta y las calles cercanas a la nuestra. Todos los días miro para vosotros cuando salimos al patio. 

El jueves se tiende la ropa, así que si podéis ir temprano el miércoles a casa del doctor Velasco y ponerse de acuerdo para traerme una talega de ropa limpia, yo os daré la sucia. Ya envié a casa de Velasco ropa sucia, no sé si la habéis recogido. Abrazos afectuosos de vuestro Enrique”.

Días después y con un trazo apresurado que evidencia el terror de quien escribe, añade un párrafo a la carta:

“No venir. No traerme al niño ni venir vosotros”.

Enrique Santiago Araujo-1

La carta manchada de sangre que Enrique Santiago nunca pudo enviar