Los aficionados a este deporte estallan y reclaman mínimos básicos como aseos o un lugar en el que protegerse frente a la climatología y poder por fin organizar competiciones oficiales
Seis años son muchos para esperar. Demasiados para seguir entrenando a la intemperie, suspender jornadas por el viento o la lluvia y tener que explicar a menores que no hay aseos ni un lugar seguro donde practicar deporte. El Club Petanca Equipo Mariano ha dicho basta y ha decidido hacer pública una situación que arrastra desde su fundación en 2019: “Ha llegado el momento de no seguir callados”.
El club denuncia sin tapujos que la “nula colaboración del ICD y de la Consejería de Fomento, Urbanismo y Patrimonio” le ha condenado, por sexto año consecutivo, a quedarse sin instalaciones, lo que le impide organizar previas del calendario federativo o campeonatos, tanto a nivel local como nacional. La única actividad que puede mantener es su liga interna, y aun así “en una situación pésima”, obligada a suspender jornadas y entrenamientos por la climatología y la falta de un espacio adecuado.
Desde su creación, el Club Petanca Equipo Mariano ha solicitado “por los cauces oficiales distintos espacios donde poder instalarse y desarrollar su actividad deportiva”. Todas esas peticiones, según explican, han sido sistemáticamente denegadas por las consejerías competentes, sin que se haya ofrecido hasta ahora una alternativa viable.
Jugar donde se puede, no donde se debe
La realidad cotidiana del club dista mucho de cualquier estándar mínimo. Desde 2019, los jugadores se ven obligados a disputar partidos y entrenar “únicamente cuando la climatología lo permite” en la carretera de Benzú, frente a la antigua fábrica del guano. Un entorno que no solo carece de infraestructuras, sino que entraña riesgos evidentes.
Se trata de una zona con tránsito habitual de peatones y vehículos, “muchos de ellos a velocidades elevadas y sin control alguno”. A ello se suma una situación especialmente indignante: los jugadores “se ven obligados a realizar sus necesidades a la vista de cualquier transeúnte”, con el temor constante de que “cualquier día tengamos que lamentar una desgracia”.
Cumplir la ley sin medios para hacerlo
El club recuerda que, como cualquier entidad deportiva, está obligado a cumplir leyes y reglamentos, algo que resulta imposible sin instalaciones. y es que, insisten, tan solo reclaman mínimos básicos: aseos, protección frente a la climatología, asientos, un punto de agua, la posibilidad de organizar competiciones oficiales y, especialmente, “proporcionar a los menores un entorno seguro, libre de cualquier forma de violencia”.
En este contexto, el club se pregunta abiertamente “dónde está el compromiso de la ciudad y su protocolo de actuación con las entidades deportivas”. También cuestiona si la administración es consciente de que el lugar donde juegan “está infestado de garrapatas en verano y carece totalmente de aseos y de cualquier infraestructura básica”.
Una solución sencilla que nunca llega
Entre las alternativas propuestas a través del Registro de la Ciudad Autónoma figura el Parque de la Argentina, un espacio urbano que carece de varias disciplinas deportivas, entre ellas la petanca. “Es un deporte que se practica a cualquier edad y que es habitual ver en parques de toda la geografía nacional, con el respaldo de sus respectivos ayuntamientos”, inciden desde el club.
Socios y simpatizantes aseguran no comprender cómo, con pleno conocimiento de esta situación, “ningún responsable político ha asumido la responsabilidad de ofrecer una solución real”. El mensaje es claro: “no pedimos lujos ni grandes infraestructuras; no pedimos un chalet, pero sí al menos una barraca”.
Del discurso electoral a la realidad
Pero lo que más llama la atención a los aficionados a la petanca es el contraste entre las promesas y la gestión real. En época electoral, denuncian, “los problemas parecen resolverse incluso antes de ocupar un escaño”, pero la realidad posterior es muy distinta: “Si te vi y te prometí, ya no me acuerdo”.
Una frase que resume el sentir de un club que no pide privilegios, solo un lugar digno donde poder jugar. Y, sobre todo, dejar de sentirse invisible.

