FERIA 2024

Rafael Ramírez, nacido de la feria

En el centro, Rafael Ramírez, con dos de sus compañeros en su puesto 'El Artesano R.F. "
photo_camera En el centro, Rafael Ramírez, con dos de sus compañeros en su puesto 'El Artesano R.F. "

El veterano vendedor de turrones cuenta como la decisión de su abuelo de dejar el pastoreo de cabras y convertirse en feriante hace 115 años le ha marcado la vida: "En casa paro si acaso treinta días al año"

Hace ciento quince años el destino de Rafael Ramírez, un cordobés que suma sesenta primaveras, quedó marcado. Ligado a una mezcla de azúcar, almendra y miel, a pasar más de trescientos días al año fuera de casa, entre el machacón sonido de las atracciones. Ligado a la feria, como la que este lunes arranca en Ceuta.

Más de un siglo lleva su familia llevando el turrón de las fábricas de su pueblo a las fiestas de toda España. "Mi abuelo era cabrero, tenía un rebaño bastante grande. Un día decidió comprar el producto de los empresarios locales y salir a venderlo en las ferias", relata el andaluz, que, como su padre, se crió tras el mostrador de las casetas.

"Somos ya la tercera generación. Dos de los ocho hermanos nos dedicamos a esto por herencia de mi padre, que era feriante por el verano y talaba olivos en invierno", cuenta Ramírez, cuyo primer recuerdo en el negocio se remonta a una visita estival para comerciar en los festejos del pueblo de Pizarra: "Teníamos unos seis años y nos dio por ir a recoger higos chumbos. Volvimos llenos de espinas y nos tuvieron que rebozar por la tierra para que se nos quitaran", recuerda el ya veterano feriante.

Aquello era pura dinamita, juntando a ocho hermanos más once primos había mucho potencial para hacer "trastadas", "como todos los niños las han hecho", apostilla el hombre.

Eran tantos que tenían que dormir debajo del mostrador de las casetas. "A los pequeños nos metían ahí y los adultos descansaban en el camión". Lo de estar a la intemperie dio para algún susto también, como un día en que el inquieto joven dio demasiadas vueltas durante el sueño y acabó en medio de la acera. "Una señora me vio y llamó a mi madre preguntando que si ese niño que estaba tirado en el suelo, en mitad de la calle, era suyo".

Pasados muchos años desde entonces, Ramírez llenaba el viernes por la tarde bolsas de gominolas apresuradamente en su puesto ubicado en el paseo de La Marina. Lo hacía acompañado de uno de sus hijos. "Los otros están trabajando fuera. Ya no quieren este negocio. Cada vez es más difícil. Nosotros porque lo hemos mamado y nos va bien".

Las cosas han cambiado, "ahora no solo hay ferias en verano", él se pasa la práctica totalidad del año fuera. "En casa paro si acaso treinta días", reconoce. "El invierno lo hago en Melilla", agrega. A pesar de ello, está a gusto, no echa "de menos nada". Tanto aquí en Ceuta, como haya donde va conoce a mucha gente, está en su salsa. Nació de la feria.

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