PROTESTA

Los transfronterizos, al borde de la desesperanza

Los transfronterizos, al borde de la desesperanza
Trabajadoras transfronterizas
Trabajadoras transfronterizas
Los bailes de fechas en torno a la reapertura de la frontera y los presuntos desencuentros en las negociaciones entre España y Marruecos, han terminado por agotar la paciencia de los trabajadores y las trabajadoras transfronterizas

Tras más de dos años atrapados en Ceuta para poder conservar sus empleos, los trabajadores transfronterizos, están ya al borde de la desesperanza. Cada lunes reclaman una solución a su situación frente a la Delegación de Gobierno, pero, a estas alturas, “no quedan palabras”, lamentaba exhausta su portavoz, Rachida Jraifi. 

La reunión de la comisión hispano-marroquí de inmigración era su última esperanza, pero nada. “De nosotros nada y ni nos han nombrado, ni han hablado de nuestro caso”, dice Jraifi casi al borde de la renuncia. “Sabemos que no les importamos, pero dónde están los derechos humanos. Mira la cara de Ahmed, 32 años cotizando y sin ningún derecho. La cara de Hassan es un poema, ¿estáis esperando una tragedia?, señala. A su alrededor, como Oda lunes desde hace ya nueve meses, una treintena de trabajadores transfronterizos, casi todas mujeres, piden una solución a su situación singular: tienen contrato, cotizan a la Seguridad Social, pero no pueden regresar a su país sin perder su empleo. Están atrapados en una situación que parecía tener salida en un futuro cercano con la apertura del paso fronterizo, pero tampoco.

Los bailes de fechas en torno a la reapertura de la frontera y los presuntos desencuentros en las negociaciones entre España y Marruecos, han terminado por agotar la paciencia de los trabajadores y las trabajadoras transfronterizas, en su mayoría empleadas de hogar. “Ya no nos creemos nada”. “La verdadera frontera —tercia Hassan, trabajador transfronterizo— no es la valla, es el desconocimiento, señala: “Ese es un muro que no podemos traspasar, que nadie reconozca nuestra presencia, eso es muy difícil de tragar, que nadie reconozca tu labor, que nadie sienta lo que tu sientes”

Los transfronterizos, al borde de la desesperanza