Las calles de Mercamadrid, habitualmente un hervidero, parecían esta madrugada un desierto. En el mercado de frutas y verduras no había expositores y los pocos trabajadores que se empleaban con el pescado lo guardaban en las cámaras frigoríficas para que no se echase a perder. No se escuchaba un alma paseando por muchas de sus calles. Afuera, sin embargo, se oía la jarana.
29/sept/10 - 10:05
Actualizado:
14/nov/16 - 14:38
14/nov/16 - 14:38
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