Puedo prometer y prometo


Puedo prometer y prometo
Puedo prometer y prometo, y es más, me comprometo a trabajar porque Ceuta sea ciudad olímpica en 2020; y que un puente de plata la una a la Península como siempre soñó y que cada caballa tenga un velero bergantín (que bonita palabra) para cruzar el Estrecho a su libre albedrío (otra preciosidad de vocablo). ¿Qué como lo haré? Nadie ha dicho que lo vaya a hacer, sólo que trabajaré por ello. ¿Y por qué lo digo si no tengo intención de cumplir mis rimbombantes promesas? Hombre, no es una promesa, se trata de una reflexión… Y estamos en campaña electoral.

No soy el autor del anterior juego retórico. El honor de los malabares es del candidato del PP al Parlamento Europeo Jaime Mayor Oreja, un artista de la promesa, tal y como demostró a su paso por Ceuta prometiendo “trabajar” y “reflexionar” cuando se dé la ocasión de abordar la integración de Ceuta en la Unión Aduanera, la apertura de una aduana comercial, o la necesidad un trato especial para la Ciudad Autónoma dentro de la UE. O sea: nada.

Pero Jaime Mayor no es el único que regatea sus promesas electorales Algo así, y en el mismo terreno, la Unión Europea, es lo que vienen haciendo unos y otros. PP, PSOE, y hasta UpyD, prometen sin explicar que no son nadie para cumplir sus promesas, que serán sólo medio centenar de diputados en un mar de escaños de 27 nacionalidades. Es cierto, pueden comprometer su trabajo, su esfuerzo, sus desvelos, pero son apuestas con dinero ajeno, un brindis al sol. El poder ejecutivo está en manos de los Gobiernos, un entramado en el que unos pesan más que otros y desequilibran balanzas imposibles de equilibrar. Un entramado puntiagudo como el alambre de espino de las fronteras y frágil como un castillo de naipes edificado por políticos. Un entramado que, además se juega en el tablero internacional.

Jaime Mayor Oreja puede venir a Ceuta y proclamar con la gravedad su vozarrón que Ceuta será “más España y más Europa”; que Ceuta tendrá, lo jura, una aduana comercial, aunque Mohamed VI se parta de risa al otro lado del Tarajal. Y puede jurar y perjurar que los ceutíes serán miembros de pleno derecho de la Unión Europea, aunque Bruselas arquee una ceja preguntando dónde está Ceuta. Total, prometer es gratis.

Jaime Mayor, o Adela Nieto, o Izaskun Bernal nos sonríen y prometen llevando al límite la elasticidad de las palabras. Les es indiferente que, en lo esencial, sus programas europeístas para Ceuta se parezcan más de lo que piensan. ¿Y trabajar juntos para hacerlo realidad? Ni hablar: “Ahora es el momento de la competición, ya habrá tiempo para eso, esto es la democracia”, respondió Cristóbal Montoro a esa pregunta en su visita a Ceuta.

Pues eso. Así es la democracia


Puedo prometer y prometo, y es más, me comprometo a trabajar porque Ceuta sea ciudad olímpica en 2020; y que un puente de plata la una a la Península como siempre soñó y que cada caballa tenga un velero bergantín (que bonita palabra) para cruzar el Estrecho a su libre albedrío (otra preciosidad de vocablo). ¿Qué como lo haré? Nadie ha dicho que lo vaya a hacer, sólo que trabajaré por ello. ¿Y por qué lo digo si no tengo intención de cumplir mis rimbombantes promesas? Hombre, no es una promesa, se trata de una reflexión… Y estamos en campaña electoral.

No soy el autor del anterior juego retórico. El honor de los malabares es del candidato del PP al Parlamento Europeo Jaime Mayor Oreja, un artista de la promesa, tal y como demostró a su paso por Ceuta prometiendo “trabajar” y “reflexionar” cuando se dé la ocasión de abordar la integración de Ceuta en la Unión Aduanera, la apertura de una aduana comercial, o la necesidad un trato especial para la Ciudad Autónoma dentro de la UE. O sea: nada.

Pero Jaime Mayor no es el único que regatea sus promesas electorales Algo así, y en el mismo terreno, la Unión Europea, es lo que vienen haciendo unos y otros. PP, PSOE, y hasta UpyD, prometen sin explicar que no son nadie para cumplir sus promesas, que serán sólo medio centenar de diputados en un mar de escaños de 27 nacionalidades. Es cierto, pueden comprometer su trabajo, su esfuerzo, sus desvelos, pero son apuestas con dinero ajeno, un brindis al sol. El poder ejecutivo está en manos de los Gobiernos, un entramado en el que unos pesan más que otros y desequilibran balanzas imposibles de equilibrar. Un entramado puntiagudo como el alambre de espino de las fronteras y frágil como un castillo de naipes edificado por políticos. Un entramado que, además se juega en el tablero internacional.

Jaime Mayor Oreja puede venir a Ceuta y proclamar con la gravedad su vozarrón que Ceuta será “más España y más Europa”; que Ceuta tendrá, lo jura, una aduana comercial, aunque Mohamed VI se parta de risa al otro lado del Tarajal. Y puede jurar y perjurar que los ceutíes serán miembros de pleno derecho de la Unión Europea, aunque Bruselas arquee una ceja preguntando dónde está Ceuta. Total, prometer es gratis.

Jaime Mayor, o Adela Nieto, o Izaskun Bernal nos sonríen y prometen llevando al límite la elasticidad de las palabras. Les es indiferente que, en lo esencial, sus programas europeístas para Ceuta se parezcan más de lo que piensan. ¿Y trabajar juntos para hacerlo realidad? Ni hablar: “Ahora es el momento de la competición, ya habrá tiempo para eso, esto es la democracia”, respondió Cristóbal Montoro a esa pregunta en su visita a Ceuta.

Pues eso. Así es la democracia


Posted originally: 2009-05-27 09:06:00

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Puedo prometer y prometo