JUICIO APLAZADO

Don Alberto niega que tuviera una relación sexual con sus alumnos: “Tengo síndrome de Peter Pan”

Don Alberto niega que tuviera una relación sexual con sus alumnos: “Tengo síndrome de Peter Pan”
Don Alberto, el ex profesor de Agusinos acusado de seis delitos sexuales contra menores, durante su declaración
Don Alberto, el ex profesor de Agusinos acusado de seis delitos sexuales contra menores, durante su declaración

El ex profesor de los Agustinos se acogió a su derecho y sólo respondió a las preguntas de su abogado negando tajantemente tener "ánimo sexual" para terminar entre lágrimas lamentando haberse convertido en "un leproso"


Tras tres días de juicio y después de una decena de peritos y los testimonios de 14 chavales que fueron sus presuntas víctimas, por fin don Alberto, el ex profesor de educación física de los Agustinos, salió a escena para defenderse de hasta seis delitos: tenencia y elaboración de pornografía infantil, corrupción de menores, abuso y agresión sexual a menores de 16 años, inducción a la prostitución de menores y ‘sexting’. 

Pero su testimonio no fue completo. Acogiéndose a su derecho a no declarar, el acusado optó por responder sólo a las preguntas de su abogado, más amables que las de la acusación, pero no pudo evitar escuchar los centenares de preguntas (casi dos horas leyendo el enunciado de las cuestiones) que le tenía preparado la fiscal Sheila Vilches y que debían constar en acta

A las 18.22 horas, don Alberto, pelo cano, nariz afilada, rostro hierático y con un rosario entre las manos, se levantaba de la silla que ha ocupado junto a su abogado estos tres días para dirigirse al estrado. Allí, una vez pasado el chaparrón de preguntas sin respuesta de la fiscal, el ex profesor, al que todos conocen por su nombre de pila, Don Alberto, empezó rechazando tajantemente todas las acusaciones para terminar llorando en el estrado.

¿Ánimo sexual? Qué voy a tener yo ánimo sexual, en absoluto, vamos. La persona que quería se murió de cáncer y estoy más solo que la una en mi casa”, afirmó.

El acusado negó cualquier ánimo sexual en su relación con sus alumnos, presentándose solo como un amigo de los niños, un adulto con “síndrome de Peter Pan”. Con la ayuda de las preguntas de su abogado, don Alberto presentó el autoretrato amable de un hombre generoso, volcado en el colegio y la cofradía y al que la vida asestó un golpe fatal al morir su gran amor por un cáncer, privándole de tener hijos, su gran ilusión, lo que, a su juicio, explica su afinidad con los chavales. “¿Ánimo sexual? Qué voy a tener yo ánimo sexual, en absoluto, vamos. La persona que quería se murió de cáncer y estoy más solo que la una en mi casa”, afirmó.

Nunca, afirma, hizo fotos a sus alumnos y menos fotos eróticas, ni tampoco se las pidió, pese a que en su ordenador se hallaron fotos y videos de algunos de sus alumnos desnudos o en bañador o calzoncillos y pornografía infantil que trató de destruir sin lograr borrar su rastro, algo que negó también. Si alguien accedió a esas webs pornográficas fueron los chavales, deslizó: “No, no, qué voy a acceder a páginas de pornografía infantil (..) porque primero no sé cómo buscarlas (…), sé que los niños sí saben y tenia que tener mucho cuidado”.

El acusado trato de explicar las razones por las que guardaba ese material, alegando que en su ordenador y en las tabletas y teléfonos tiene “200.000 fotos aproximadamente” por su gran afición a fotografiar la Semana Santa de Sevilla, para las excursiones y otra parte descargadas de los 15 grupos de Whastapp en los que está, la mayoría relacionados con la Cofradía de las Penas y su labor como docente en el San Agustín.

“No, no, qué voy a acceder a páginas de pornografía infantil (..) porque primero no sé cómo buscarlas (…), sé que los niños sí saben y tenia que tener mucho cuidado”.

También negó que le hicieran masajes. Si acaso que “le apretaran con fuerza en los deltoides”. Y si depiló a alguno de sus alumnos fueron “puntualmente tres o cuatro porque tenían partido”. “Ni que tuviera una esteticién”, ironizó, pese a que en los chats intervenidos él mismo hace un sinfín de alusiones a los masajes que se daban unos y otros.

Si hizo regalos es porque es generoso y “le gusta regalar”, alegó, poniendo un curioso ejemplo reciente de su generosidad: “A mi me ha gustado siempre regalar, el otro día en la puerta de la iglesia del Valle le regalé unas zapatillas de 120 euros a un desgraciado que pasaba por allí y me fui descalzo a casa”. Todo ello pese a que durante tres días de juicio se han ido desgranando conversaciones en los que el acusado regalaba o se ofrecía a regalar bañadores, calzoncillos o el caso de las zapatillas Adidas de 80 euros que hizo saltar las alarmas de la madre denunciante ante la extrañamente íntima relación de su hijo con un docente del colegio San Agustín.

“No eran regalos del otro mundo, eran detalles. Me han hecho más regalos de los que yo he hecho. (..) Los niños me han regalado mucho más, pero lo que me regalan ellos no sale. Eso no vende”, se defendió don Alberto, que también restó importancia a sus comidas y meriendas en el Muralla —"el niño que más fue iría dos veces”—o en el Refectorio, algo normal porque, aseguró, él no va a otro bar ni a otro restaurante. “No voy a ningún otro sitio”. Y si los chavales estaban allí es porque sabían que estaba él allí y pagaba las consumiciones o como premio por trabajar en la caseta de Las Penas en la Feria. "Los niños no son tan niños, no son tontos"

Tampoco entraba en los vestuarios a ver desnudos a los chavales, aunque haya muchas conversaciones de Whatsapp en los que se refiere a ello o menciona hechos sucedidos allí. Y el laboratorio en el que presuntamente hacia fotos y masajes a los chicos que tantas veces menciona en sus mensajes es, según su versión, solo un almacén “muy transitado”, del que en ocasiones tienen que echar a los más espabilados que consiguen entrar. Iba a todas las excursiones porque se lo pedía el centro ya que “ponía orden”. Y es que, asegura, había un don Alberto en el aula, recto, que imponía respeto, —“a mí no se me suben a las barbas”— y un don Alberto enrollado, capaz de "mimetizarse" con los chavales y el lenguaje cariñoso que supuestamente usan entre ellos.

“El trato fuera del colegio ya cambiaba, hablaba con un lenguaje como ellos, ni ellos veían ninguna intención ni yo la tenía. Trataba mucho tiempo con ellos y usaba su lenguaje, ellos me enseñaban a manejar el móvil que yo no tenía ni idea”, explicó, destacando su “capacidad de adaptación”. “Yo puedo irme con chavales de 18 de botellón, una amiga psicóloga me dijo que tengo el síndrome de Peter Pan, que es que quieres mantener una vida joven”.

Los menajes los chavales de 'te quiero, te echo de menos, estoy celoso, tengo ganas de verte'…“Fuera de contexto es una tontería. La expresión, la emoción, no se coge en los WhatsApp y si los coges y los sacas de contexto le quitas emocionalidad, las emociones no se interpretan, los psicólogos dicen que las interpretan pero no lo creo

¿Y el extraño lenguaje íntimo que usaba con sus amigos? Esos te quiero, te echo de menos, estoy celoso, tengo ganas de verte con ls que se dirigía sus alumnos 'especiales': “Fuera de contexto es una tontería. La expresión, la emoción, no se coge en los WhatsApp y si los coges y los sacas de contexto le quitas emocionalidad, las emociones no se interpretan, los psicólogos dicen que las interpretan pero no lo creo. Es una cosa escrita, fría. Estoy harto de leer hermano te amo, te quiero hermano, los corazoncitos se ponen en las conversaciones, se los pongo a mi familia, un emoticono no es una cosa, no tiene vida, no tiene sentimientos…”, argumentó para explicar lo que hasta su abogado calificó de “lenguaje llamativo”.

El ex profesor, que terminó entre sollozos recordando lo mucho que sufrió su difunto padre por el “linchamiento” de la prensa, denunció el ostracismo al que se le ha condenado tras la denuncia: “Soy un leproso, hace cuatro años que no paso por la calle Real. Me echan del colegio que ha sido mi vida, me echan de la cofradía, me han quitado mi vida y a mi padre que ha muerto”, dijo antes de romper a llorar. 

Don Alberto, quiso también, a preguntas de su abogado, enviar un ultimo mensaje dirigido a los padres denunciantes, a los que pidió perdón si habían interpretado mal las conversacjones con su hijo y un mensaje dirigido también a la víctima, hijo de los denunciantes, asegurando que no le guarda rencor y deseándole lo mejor. “A pesar de lo que ha pasado se merece triunfar en la vida”, zanjó.

“Soy un leproso, hace cuatro dos que no paso por la calle Real. Me echan del colegio que ha sido mi vida, me echan de la cofradía, me han quitado mi vida y a mi padre que ha muerto”,dijo antes de romper a llorar. 

Pero el juicio aún no ha terminado. La falta de un testimonio, por enfermedad de un perito informático citado por la defensa, obliga a suspender la vista en un largo receso hasta que se retome el 27 de enero a las 10.30 horas cuando quedará visto ya para sentencia.

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