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Messi, ante el síndrome de Thomas Alva Edison

Los grandes genios nunca tienen bastante. Thomas Alva Edison era ya millonario a los 32 años después de haber inventado el fonógrafo dos años antes siendo empleado de la Western Union. Este pelotazo, al más puro estilo Bill Gates del siglo XIX, le llevó a aceptar la oferta de JP Morgan. El mandamás de los banqueros estadounidenses de la época, le puso la pasta suficiente para fundar la General Electric, empresa que aún fabrica la mayoría de los contadores de luz que tenemos en casa. Edison podía haberse dedicado por aquel entonces a tumbarse a la bartola y a vivir de los pingües beneficios que reportaban sus ocurrencias, pero estaba enfermo por pensar tanto. Al final de su vida, había consignado unas mil patentes. Lo que significa que durante su edad adulta inventó un cachivache más o menos útil para el personal cada quince días.