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"Me envidian porque soy rico y guapo"

Cristiano Ronaldo abandonó el estadio Maksimir cojeando al apoyar el pie derecho y arrastrando un humillante sentimiento de discriminación que no fue capaz de reprimir. La afición local reunida en el fondo norte le había estado gritando durante todo el partido, "¡Lionel Messi! ¡Lionel Messi!", en oleadas sucesivas, de intensidad creciente, puesto que era evidente que el mensaje zahería a su destinatario. La reacción se dedujo de los gestos que Cristiano devolvió a la hinchada croata. La gente, entusiasmada con su cántico, no se detuvo ni cuando Jerko Leko cazó a Cristiano a destiempo propinándole una terrible patada en el tobillo. El alarido de dolor resonó en todo el campo. Cristiano cayó paralizado por el trauma pero el árbitro, el noruego Svein Oddvar Moen, no sancionó al agresor con amarilla. Como el lateral ya cargaba una amonestación, la segunda tarjeta habría supuesto su expulsión. Y Leko siguió en el campo hasta el final.