ENTREVISTA A ANDY CHANGO

"Basta leer una vez al mes el diario, siempre es lo mismo: Cataluña, Gürtel, doce huracanes y que ganó el Barça”

"Basta leer una vez al mes el diario, siempre es lo mismo: Cataluña, Gürtel, doce huracanes y que ganó el Barça”
Andy Chango, este sábado en La Sala (23.00 horas)
Andy Chango, este sábado en La Sala (23.00 horas)  

Este sábado desembarcará en Ceuta, equipado solo con un órgano, el músico argentino presentador, escritor y ahora monologuista Andy Chango, para presentar en La Sala (23.00 horas) su espectáculo ‘El Hombre Nada’, en el que vuelca todas sus facetas a pecho descubierto. En Ceuta al Día hemos cedido su entrevista a un fan irredento del argentino (de todo lo argentino), el periodista Nacho Gallego.

Cuarenta minutos de charla con Andrés Fejerman, Andy Chango sobre el escenario, en la que se muestra ilusionado de cruzar el Estrecho para conocer este lado de España. Una conversación entre un fan buen conocedor de la obra y el artista, en la que el músico va dejando frases brillantes e irónicas marca de la casa, en las que demuestra que tiene una mirada propia, muy singular, "más como un animalito jugando en el bosque que como un ser humano”; pero con los ojos bien abiertos, atento a lo que le rodea, aunque diga que le basta leer una vez al mes el periódico “porque te vas a encontrar lo mismo: Cataluña, Caso Gürtel, doce huracanes y que ganó el Barça”.

Vienes a Ceuta presentar el espectáculo "El Hombre Nada" y ese título me ha recordado a aquella canción que España presentó a Eurovisión: "Algo pequeñito"...

(Risas) Bueno, no conozco bien ese proyecto, pero El Hombre Nada no se refiere al tamaño, yo mido 1,91, sino que es más bien una cuestión espiritual, mental.

Claro, y probablemente haya que entenderlo en términos borgeanos. Borges llegó a decir que creía que él no existía...

Sí, en cierta forma sí. Tiene que ver con que estoy en una etapa de la vida en que no aspiro a nada o a casi nada y tampoco me siento parte de nada. Quizá por estos cambios de oficio permanentes que hago. Discos de rock, discos de jazz, trabajo en la radio, en la tele, escribí un libro, ahora estoy haciendo monólogos. No termino de sentirme del todo ninguna de estas cosas. No me siento del todo argentino ni del todo español. El futbol me ha dejado de interesar desde que se ha convertido en un negocio. Con el rock también me pasa. Lo empiezo a sentir algo más distante. Algo más de juventud. Esa nada es un poco mi momento presente. Y sí, es un poco más borgeana que gráfica.

Pero supongo que, a diferencia de Borges, tú estás seguro de que existes de verdad, ¿no?

No, no estoy del todo seguro (Risas) Depende que en qué momento del día me lo preguntes. Hay momentos en que creo que soy invisible.

¿Puede alguien tan extrovertido como tú sentirse invisible?

Bueno, no tanto con respecto a los demás. Es que a veces me voy tan lejos con la mente que me siento extraño. No estoy muy atado a una rutina, ni a una pertenencia y tampoco a un lugar. En fin, hay momentos de vuelo en que me siento más como un animalito jugando en el bosque que como un ser humano.

Volviendo al espectáculo, se trata de una presentación minimalista. Un hombre, un pianillo... le falta una escalera y una cabra...

(Risas) ¡La cabra! (Risas) De ahí también viene un poco El Hombre Nada. Es un espectáculo portátil. Me voy a los sitios con una maletita, un tecladito, un organito a pilas y ya tenemos todo. Es un espectáculo básicamente de palabras, semiteatral. Escribí unos monólogos que están funcionando muy bien. Es un espectáculo de humor, un poco cómico, con letras cómicas. Eso no quiere decir que si viene alguien con la mente un poco más cerrada no le pueda parecer provocador. Hablo de dios, del sexo, de política... pero siempre desde un sentido puramente cómico. Espero que no venga todo un regimiento de gente cerrada y tenga que salir por la puerta de atrás del bar (Risas).

Precisamente Ceuta es un sitio peculiar para ciertos temas que tocas en tu espectáculo...

Se da la casualidad de que nunca fui a Ceuta. Sí que he oído hablar de Ceuta, por supuesto. De hecho el abuelo de mi hija estuvo ahí en el Regimiento. Pero yo creo que el humor está por encima de todo y no trato de hacer una monserga ideológica. Más bien trato de reirme de lo absurdo de algunas cosas y creo que hasta personas que piensen diferente a mi pueden tomárselo con humor. No es un espectáculo duro ni provocador. Ahora bien, no descarto que por alguna de las frases quieran después asesinarme. (Risas) Nunca me pasó (Risas).

Imagino que todavía no han ido a buscarle con una escopeta por sus frases...

Por suerte, lo único bueno de no ser tan famoso es que tampoco tienes enemigos. A ver, a John Lennon le pasó lo que le pasó porque tenía demasiados fans. Es una cuestión estadística. Entre tanta gente siempre hay un loco. En cambio, con las cifras que manejo yo sería improbable. Además, mi actitud es puramente humorística y en absoluto provocativa. Si alguna idea moviliza o provoca una reacción pues bienvenida sea porque para eso me subo al escenario. Yo estoy a gusto con todas las cosas que pienso y es una catarsis que para mí es sanísima. Si a alguien o se le mueve algo o se siente un poquito ofuscado o se le tocan un poco sus ideales, pues también es parte del sentido que le encuentro yo a hacer arte.

Andy Chango verticalDe hecho, en sus diferentes proyectos siempre encontramos una especie de función social, como si tratara de hacer de psicólogo del universo. Hay que recordar que en su primer disco hablaba directamente de las drogas y en el siguiente de los males que provoca el tiempo en el ser humano pero siempre desde una perspectiva un tanto vitalista e intentando remover algo en las consciencias colectivas...

Sí, también se trata de algo de honestidad. Aquel primer disco que hablaba de las drogas tiene ya veinte años pero en Argentina causó tanto revuelo que cuando volví hace cuatro años, o sea dieciséis años después de aquel disco, todavía me seguían diciendo cosas por la calle y de hecho por eso me dieron trabajo en la televisión. Debido a esa función de provocador o de decir la verdad en una época en que había mucha hipocresía y nadie hablaba de ese tema con franqueza, en parte porque estaba penado. Siempre me caractericé por decir mis verdades. Las cosas que pienso y que hago las defiendo diga lo que diga la ley. Si yo creo que algo está bien y soy adulto, lo hago para mí mismo y no perjudico a nadie, creo que no tengo porqué ocultarlo. No creo en la farsa de estar disimulando nada porque tenemos una sola vida y hay que tener los dos cojones para ser uno mismo y defenderse por todos lados.

Como músico te formaste en la Universidad de La Plata donde estudiaste Composición. ¿Cómo llega un músico de formación clásica al mundo del rock?

Es que yo llegué al mundo del rock antes de empezar mi formación clásica. Yo era fanático del rock cuando era niño. Llevo desde los diez años viendo unos conciertos maravillosos en Argentina. Gente como Charly García o Spinetta. Por eso desde la niñez siempre estudié clásico pero con la idea clara de hacer rock, cosa que empecé a hacer a los catorce o quince años. Esa fue una etapa de la vida.

Hablas en pasado del rock y de hecho en 2008 anunciaste que abandonabas el rock. ¿Entiendo que fue algo ficticio?

Bueno, no fue tan ficitio porque desde que salió el disco de Boris Vian, que es un disco hecho con músicos de jazz y letras hechas con Javier Krahe, a partir de ahí no volví a grabar un disco de rock. Sin embargo ahora estoy ensayando con los amigos de hace veinte años el repertorio antiguo para hacer un concierto y no descarto nunca volver a hacer rock, pero es verdad que me tomé un paréntesis de más de diez años.

Pero incluso llegaste a hacer una escuela de rock para niños, motivo por el que muchos hemos tenido hijos...

(Risas) Aquella fue una experiencia muy linda en la Casa Encendida. Había un buen grupo de niños pequeños. Hicimos un curso de rock que consistía en componer una canción, grabarla y presentarla. ¡Hasta hicimos una rueda de prensa! (Risas) Y todo eso con pequeños niños de nueve y diez años. Fue algo delirante. Les quise explicar en una semana lo que era la vida global de un roquero adulto.

La vida de un roquero adulto suele incluir drogas. En Argentina legalizaron un cierto uso de ellas. ¿Deberían hacer lo mismo en España?

Bueno, allí legalizaron el uso medicinal, pero yo creo que en Andalucía el hachís está legalizado desde la época de Franco. Otra cosa es que los papeles digan lo contrario. (Risas).

Musicalmente no dejas de ser un artista un tanto peculiar. Tienes 47 años y has editado cuatro discos de estudio. Sacaste los dos primeros y el siguiente ya fue un recopilatorio de esos dos discos...

Sí, sí. Yo tengo un lado un poquito atorrante, que se dice en Argentina. Todavía no sé cuál es el equivalente español, pero es que a veces la vagancia me tira. Yo creo que esto en Andalucía lo van a entender bien. Yo pensé que teniendo dos discos ya podía hacer un Grandes Éxitos. Es el mínimo que se necesita para hacer un compilado, ¿no? (risas).

También tuviste el proyecto de hacer un disco de sólo once minutos...

¡Y lo hice! Al final hice una ópera rock de doce minutos. Es como un mini disco con doce mini canciones de un minuto o cincuenta y tantos segundos cada una. Lo que pasa es que no lo edité. Fue una experiencia creativa personal. Quizá este año lo saquemos de regalo en Internet  porque es una experiencia bastante interesante.

¿Cómo lleva haber dado el salto al mundo de los monólogos?

Pues estoy muy centrado y disfrutando muchísimo. Como notarás soy una persona que habla bastante, más que suficiente, y los monólogos me permiten poder capitalizar eso (risas). En vez de comerle el tarro a mis amigos y parientes puedo hacerlo encima de un escenario. Además combino con la música porque toco algunas canciones de las antiguas, he compuesto algunas nuevas e incluso he podido inventar un género nuevo que se llama "Cumbia existencial". Consiste en combinar música lo más hortera posible con letras que nos hagan reflexionar. (Risas) Estoy disfrutando como un niño. Esta sensación de desnudez  y el premio de ganarme la risa del público con mi ingenio y sin parafernalia, sin estar vendiendo nada, ni siquiera con una pose, es una situación de transparencia, de nada, que me supone un éxtasis total porque sé que es verdadero y que no está impuesto por las reglas de mercado.

Antes decía que eres un artista peculiar y voy a subir mi apuesta: eres un humano muy peculiar. No ves tele, no lees diarios, no escuchas la radio. ¿De verdad?

No tengo televisión desde hace siglos y tampoco leo los periódicos, pero creo que aun así estoy al tanto de todo. Hoy en día las noticias se respiran por todos lados. Voy a prender el mail y ya me salen noticias. Oigo a la gente comentando. Si me subo a un taxi escucho la radio. Pero también creo que las noticias son siempre las mismas. Convengamos que tampoco hace falta leer el periódico todos los días. Con hacerlo una vez por mes ya estás informado porque te vas a encontrar lo mismo: Cataluña, Caso Gürtel, doce huracanes y que ganó el Barça. Es siempre lo mismo. (Risas).

El libreto del disco "Boris Vian" lo cierra, de forma semi oculta, la reproducción de un extracto de tu cuenta bancaria a fecha 25 de marzo de 2008 que refleja un saldo positivo de 1,53 euros en total. Dime que si lo pedimos hoy la cosa ha mejorado un poco y hablamos ya de brotes verdes.

(Risas) Es que en esa época todavía no apostaba. Ahora estoy un poco mejor. (Risas). Era gracioso porque estaba grabando el disco y justo ese día estaba con un tema que se llama "Un euro con cincuenta" y vi que me quedaba 1,53 € y pensé que era muy conceptual y que tenía que ponerlo. Estaba de manera sutil porque tampoco hay que presumir de pobres. Tengo entendido que en el mundo actual el éxito llama al éxito. Y por esa ecuación si uno empieza a presumir de pobre se condena al fracaso. Por desgracia este mundo es muy exitista. Hay que venderse. Cosa que después de tantos años de carrera no debería de ser así. No lo digo por mí sino por millones de músicos excelentes que permanentemente tienen que estar vendiéndose a pesar de los años que llevan triunfando.

Andy-Chango cuadradaEn el año 2002 sacas al mercado el disco "Salam Alecum". Un trabajo que, lejos de lo que indica el título, no está enfocado al público arabófono. ¿Te atreverás con él en Ceuta?

No, pero no por cobardía sino porque se trata del único disco de mi discografía que no me gusta. Lo hice en un momento en que no pude producirlo como a mi me hubiera gustado. Tampoco me pude tomar el tiempo para componer las canciones de forma suficiente. Lo saqué un poco apurado, con un productor dudoso y en un momento en que necesitaba dinero. Prácticamente lo veo como un conjunto de maquetas. Si hubiera tenido un poco más de tiempo y tranquilidad hubiera quitado algunas canciones, agregado otras, hubiera grabado de otra manera. A pesar de ello no me avergüenzo. Sigue habiendo canciones de ese disco que me gustan y me causan alegría. Por otro lado, en El Hombre Nada las canciones que hago son las que se ajustan al guion. Las canciones que acompañan suelen estar hechas a medida del monólogo que estoy haciendo.

A pesar de que hemos hablado de "El Hombre Nada" como algo minimalista hay que decir que eso no le resta profundidad.

Te diré que en muchos ámbitos de la vida menos es más. Es una expresión que se usa mucho en el mundo de la música. A veces, con pocas notas bien puestas se puede llegar más hasta el corazón de alguien que con un solo de heavy metal, que tocan quinientas notas por segundo. Que conste que no quiero despreciar ese género, pero a veces menos es más. En la simpleza también hay mucha magia. A pesar de ello los textos son bastante complejos. Los escribí yo que soy una persona ligeramente cínica, retorcida y con un humor que no es el tradicional español.

Los argentinos sois muy de folclore musical (tango) ¿Qué opinión te merece el folclore español?

A mí me gusta mucho el otro. El folclore alcohólico: el aperitivito, las tapitas... esa cultura española que me da ganas de tomarme todos los chopitos, chipirones y las cañas que haya sueltas. Soy un amante de la gastronomía y de la forma de beber que hay en España. Y una vez que uno está bien comido y bien bebido pues adelante con el folclore musical porque entonces cualquier cosa me viene bien.

Comentabas antes que vas a hacer un concierto por el 20 aniversario de tu primer disco.

Veinte años después, quitando la tristeza de los que ya no están (Guille Martín y Daniel Zamora), es curioso volver a juntarse. Volver a la misma sala, con los mismos personajes, es bastante emocionante. Estamos celebrándolo como si tuviéramos veinte años y eso que algunos no deberían porque incluso tuvieron sus infartos y todo. Será una reunión en Madrid, como una reunión de amigos con grandes invitados como Javier Gurruchaga y Ariel Rot, en un lugar chiquitito. Es curioso porque tuvimos que volver a aprendernos las canciones que ya sabíamos. Yo tuve que volver a escuchar atentamente mis propios discos e incluso alguna canción con música de Fito Páez o alguna que no toqué en veinte años tuve que volver a aprendérmela de oído. Lo cual era absurdo. Además no tengo mis discos y tuve que buscarlos en Internet. ¡En Spotify me querían cobrar por escuchar mis propias canciones! (Risas) Al final lo encontré gratis por la Red y se me acabó la reproducción a la mitad del disco, con lo que la otra mitad del disco no la pude tocar. Tuve que ir al ensayo y pedírselo a los chicos.

Vamos que tropezaste con la industria musical en toda su esencia.

(Risas) Y con mi falta de previsión. Cuando uno saca un disco la compañía siempre te regala unos cuantos ejemplares y yo los regalo todos en la primera semana y a los primeros amigos que pasan por mi casa. De hecho no tengo ni mi libro y hay mucha gente pidiéndomelo. Tengo un ejemplar de "Boris Vian" que lo uso en el espectáculo, eso sí.

¿Irías a comprarte un disco tuyo?

Estaría un poco en contra de mi filosofía. De hecho ni siquiera me compro discos de los demás. (Reflexiona unos segundos) Creo que llegado el caso, y si están a un precio razonable, me volvería a comprar alguno de mis discos. El primero de ellos, el que hablaba de las drogas, me lo volvería a comprar porque me trae lindos recuerdos. Fue mi llegada a España. Entonces no existía la piratería y se grababa en grandes estudios. Fue un gozada. Grabábamos de noche y tras un mes estaba en un estado tan deplorable que mandaron construir un estudio móvil para llevarme a Rota a meter las voces. Se vinieron conmigo el productor del disco y el hombre del estudio para que yo no saliera de noche y pudiera grabar. Imagínate lo que era la industria que toleraba todos esos caprichos. Lo recuerdo con una gran nostalgia.

Andy Chango, foto Cristina Esperanza