PRESENTACIÓN DE ‘BEBEDORES DE TÉ’

Caamaño: “Llevo 33 años en la lucha contra el narcotráfico, no tengo que inventarme nada”

Caamaño: “Llevo 33 años en la lucha contra el narcotráfico, no tengo que inventarme nada”
Fotograma de El Niño, de Daniel Monzón
Fotograma de El Niño, de Daniel Monzón  

Un buen día de 2011 sonó el teléfono del jefe provincial de Operaciones de la Policía Nacional en Ceuta, José Manuel Caamaño. Al otro lado de la línea estaba Daniel Monzón, director de cine con éxitos en su haber como ‘Celda 211’. Lo primero que quiso saber Caamaño, Mané para sus amigos, es cómo había conseguido su número de teléfono. Era sencillo, el cineasta había hablado con la Dirección General de la Policía en Madrid pidiendo consejo para su próxima película, centrada en el narcotráfico en el Estrecho y no tuvieron duda, su hombre era Caamaño y estaba en Ceuta.

De aquel encuentro salieron muchas de las escenas de El Niño (2014) que, gracias a su consejo, no se centró en la figura del Nene “para no mitificarlo y para no criminalizar a una ciudad”, recuerda. Monzón también dio un consejo a Caamaño: “Escribe una novela, esas historias no se pueden perder”.  Le hizo caso y volcó sus treinta años de experiencia en el cuadrilátero del hachís, las cuatro esquinas del Estrecho: Marruecos, la costa de Cádiz, con el Puerto de Algeciras en su epicentro, la Línea de la Concepción y Gibraltar y Ceuta. Caamaño conoce como nadie el oscuro mundo del tráfico de hachís. Sus años de trabajo, alegrías y sinsabores, anécdotas e historias desgarradoras han cobrado vida en ‘Bebedores de té’, su novela, que este jueves presenta en la Biblioteca Pública del Estado.

Tele 5 y Antena 3 ya han mostrado interés en una serie que llevaría la firma de Monzón. Casi nada.

Es su primera novela, pero no la última. Le costó arrancar, la historia ha ido cociéndose desde 2011 en sus diferentes destinos, aunque su cargo no se lo pusiera fácil. “No es que no tuviera tiempo para escribir, no tenía tiempo ni para una caña”, resume, “yo gasto dos baterías de teléfono en una mañana". Al final, tras varios años perfilando la historia y los personajes, se puso a escribir coincidiendo con su llegada a Ceuta y aprovechando los periodos de vacaciones.  “También tenía que dedicarme un poco de tiempo a mi mismo”, argumenta, tras una vida dedicada a la lucha contra el narcotráfico. “Y en siete u ocho meses estaba lista”, recuerda. Le salió una obra monumental de más de 600 páginas que ha ido puliendo y, haciendo caso a los consejos de entre otros el escritor y periodista Óscar Lobato, autor de ‘La fuerza y el viento, decidió dividir su obra en dos partes ante la evidencia de que le “habían salido dos novelas del tirón”. “La segunda está casi lista para meter en el horno”, confiesa, dejando entrever incluso una tercera, y, tal vez, su adaptación a la pequeña pantalla. Tele 5 y Antena 3 ya han mostrado interés en una serie que llevaría la firma de Monzón. Casi nada.

"Cualquier cosa que escribas ha sucedido ya, no hay que inventarse nada".

Ahora comparte sus tres décadas de vivencias con Dogo, el apodo cariñoso de Domingo, uno de los protagonistas de su novela, con una trayectoria profesional paralela a la de Caamaño. “Pero no es una novela autobiográfica”, puntualiza, “llevo 33 años en la lucha contra el narcotráfico, no tengo que inventarme nada, lo llevo en la sangre, como quien dice”. Las historias de policías, narcos, gomeros y guardias civiles forman parte de su equipaje vital y del de sus compañeros, historias compartidas entre colegas. O lo ha vivido en primera persona o lo conoce de primera mano, no hay actor en este circo de cuatro pistas que es el narcotráfico en el Estrecho que se le escape. Con todo ello, Caamaño ha creado un universo propio en el que se conviven historias reales como la vida misma en una novela coral en el que demuestra que cada día  "la realidad supera a la ficción". "Cualquier cosa que escribas ha sucedido ya, no hay que inventarse nada".

‘Bebedores de té’ ha obligado a Caamaño a ponerse en otro lado del espejo, en el de los narcos, pero no ha sido difícil. “Aunque crean lo contrario, no tenemos nada contra las personas que detenemos, es muy duro privar a alguien de su derecho a la libertad, pero los tratas como a personas y a veces conoces a sus familiares sus historias”, relata explicando el lado humano a menudo invisible en la literatura o en el cine de género. Un lado humano que le ha permitido, a veces, trabar incluso amistad, recuerda contando el caso de un condenado a 12 años al que había detenido y que le pidió ayuda para poder ir al entierro de su padre sin esposas.

“No todo es dinero, hay mucho dolor, mucho sufrimiento, eso también hay que mostrarlo”, advierte

Pero igualmente, Caamaño alerta sobre el peligro de la mitificación del narco, muy presente en el cine y la literatura. “No todo es dinero, hay mucho dolor, mucho sufrimiento, eso también hay que mostrarlo”, advierte. Además, el negocio ha cambiado mucho en los últimos años con la entrada del mercado de la Europa del Este y la antigua Yugoslavia, más violento. “Antes si un alijo desaparecía como mucho había insultos y una pelea verbal y se solucionaba con otro pase”, recuerda. Ahora es distinto, “te puede costar la vida”, advierte recordando crímenes y tiroteos en la Costa del Sol. Afortunadamente, señala, “es entre ellos” y no contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FSCE).

Caamaño podría contar historias, “batallitas” como injustamente las llama él mismo, durante horas. Ya se las contaba a sus alumnos en su etapa como profesor de investigación en la Academia de la Policía de Ávila y ahora se las contará a sus lectores. Ha cogido el truco y el ritmo, que es lo mismo que decir que ha encontrado su voz como escritor y tiene muchas, muchas historias por contar. La primera, de momento, es ‘Bebedores de té’, pero tiene muchas más. Algunas, seguro, las compartirá este jueves, desde las 20.00 horas, en la Biblioteca Pública del Estado ‘Adolfo Suárez’.