Descubren en Ceuta el primer horno metalúrgico andalusí

Descubren en Ceuta el primer horno metalúrgico andalusí
Planta del horno metalúrgico del siglo XI-XII
Planta del horno metalúrgico del siglo XI-XII  

- El yacimiento permite además identificar el primer barrio industrial medieval documentado en la ciudad

- “Es un hallazgo muy importante que va a marcar un referente”, adelanta José Manuel Pérez Rivera, de Ceuta Dreams


El número 2 de Eduardo Pérez, una de esas calles anodinas en la periferia del centro, escondía un tesoro arqueológico: el primer horno metalúrgico andalusí de la Alta Edad Media. Un hallazgo con un doble valor: es el primero documentado en España, se sabía que trabajaban el hierro pero nunca se había encontrado uno de los hornos que utilizaban; y, además, permite avanzar en la reconstrucción de la Alta Edad Media en Ceuta, intuir un poco mejor cómo y hacia donde creció la ciudad medieval.

El responsable del hallazgo es el arqueólogo e historiador José Manuel Pérez Rivera, de Ceuta Dreams, que viene trabajando discretamente en un yacimiento que ilumina zonas hasta ahora oscuras. “De la época islámica andalusí nunca se ha encontrado nada así; había referencias arqueológicas de hornos metalúrgicos pero no se habían encontrado hasta la fecha, se había especulado mucho pero este es el primero que aparece y da una información muy interesante para conocer la metalurgia en el Al Andalus”, explica Pérez Rivera, “Tiene una enorme trascendencia científica, este hallazgo va a ser un referente de cara al futuro”. Y es que había referencias textuales, se habían encontrado escoras de fundición en otros yacimientos, pero nunca un horno “y menos en el estado de conservación en que hemos encontrado este”, subraya. ”Ver cómo se hacían, como funcionaban, abre una línea de investigación muy interesante”.

El horno se enmarcaría en una horquilla temporal entre finales del siglo XI o principios del XII, bien a la época de Taifas o Almorávide y es demasiado grande para ser simplemente un horno de reducción. “Por las primeras consultas realizadas es un horno muy grande. Hay dos sistemas. Por un lado había hornos que había que desmontar para sacar la plancha de hierro fundido y con esa plancha de hierro dulce se forjaba y se podía trabajar el hierro. Pero si era un hierro acerado hacían falta hornos más complejos y temperaturas más altas. Este tipo de hornos eran más pequeños del encontrado en Ceuta que tiene dos metros de diámetro, es un horno demasiado grande para ser de reducción”.

La clave está en las escorias, los residuos que generaba la fundición y que ya están en la Universidad de Huelva a la espera de ser analizados concienzudamente para determinar la temperatura a la que estuvieron expuestas y su composición. “A simple vista parece una mayoría de hierro pero otras presentan oxidaciones de cobre y algunas incluso de vidrio, pero hasta que no tengamos los análisis es prematuro aventurar nada”, explica el responsable de la excavación.

El yacimiento está no obstante diezmado. Más de la mitad se destruyó al construir un muro de cimentación para edificar las viviendas de protección oficial para jóvenes de Serrano Orive de EMVICESA. Afortunadamente quedó intacta una franja de siete metros por dos de ancho en la que yacía el horno metalúrgico. Se trata, explica José Manuel Pérez Rivera, de una estructura muy primitiva, de barro y arcilla, construida aprovechando la terraza natural de la zona, recostándolo sobre el nivel geológico y con unos muros perimetrales casi desaparecidos. El horno en sí es una preparación de piedra, el suelo de barro y las paredes de arcilla cocida. “Sólo queda la planta y no hay nada que conservar, da información pero no ha quedado ningún tipo de estructura que conservar”, lamenta el arqueólogo.

El yacimiento, además, tiene un valor especial para la reconstrucción de la historia de Ceuta, permitiendo avanzar en el conocimiento de la Alta Edad Media En la ciudad. “Hasta hace relativamente pocos años no se sabía mucho de la época, todas las excavaciones se habían concentrado en la zona del istmo, entre los dos fosos”, relata Pérez Rivera, “la zona que se preferentemente se ocupó fue la Bahía Norte, con mucha menos pendiente, menos abrupta y con más fácil acceso al mar, y según se fue ocupando esta parte norte se fue subiendo hacia la zona sur, más escarpada”. Y es que la topografía de Ceuta antes de su urbanización presentaba una costa sur, abrupta y con fuertes pendientes con ramblas profundas entre las siete colinas que conformaban Ceuta. Hasta ahora, explica el arqueólogo responsable del descubrimiento, se habían encontrado zonas más modernas, del siglo XII o siglo XIV, como el yacimiento de Huerta Rufino, integrado ahora en la biblioteca, incluso se habían hecho un par de excavaciones, donde se ahora se levantan viviendas de alquiler para jóvenes Emvicesa en Serrano Orive y lo que se iba encontrando era coetáneo, pero el hallazgo de la calle Eduardo Pérez va un poco más allá en el tiempo. “Es el más antiguo de la zona de la Almina, de finales del siglo XI o primer cuarto del siglo XII, un momento de la ocupación muy antiguo. El simple hecho de encontrar restos de esta cronología en esa zona de Ceuta ya es de por si interesante para saber cómo se fue ocupando la Almina en el periodo alto-medieval”, contextualiza Pérez Rivera, “pero es que además, las características son especialmente interesantes porque estamos hablando de una instalación de carácter industrial o semi-industrial, de las que no se tenía ningún tipo de noticia”.>p>Es por tanto, la primera zona industrial de Ceuta documentada. Sí hay texto de Al Ansari, Al Bakri y Al Idrissi, pero de épocas más tardías y mediante referencias generales, sin entrar en detalle. “Al encontrar una instalación industrial puedes inferir cosas interesantes, pensar porqué situaron allí estas instalaciones y no en otro lugar”.

El yacimiento da además otras postas, las de la configuración de un barrio industrial, situado en la parte más alta de la Almina, para evitar las molestias de los humos de fundición en la zona habitada, ya que en aquella época se sabía que eran insalubres. “Se sabía poco de la trama urbana y de las posibles zonas industriales, se conocía algo de los alfares de la zona de Llano de las Damas y hay referencias a orfebrería y joyería pero nunca se ha encontrado nada”, subraya el experto señalando los restos que indican un entramado de calles paralelo a la zona del horno. “Hay estructuras que se ocultan bajo la calle, hacia el norte, que podrían ser el taller del herrero, con lo que parece una estructura sujeta por poyetes y que sería el lugar donde se manipulaba el hierro, pero no tenemos la seguridad”, admite reconociendo que aún queda mucho trabajo para determinar qué tipo de horno, si era de hierro acerado, si se trabajaba el bronce, si servía para hacer campanas, analizar las piezas cerámicas encontradas… Un trabajo que salta ahora del barro al laboratorio. Lavar el material, inventariarlo, fotografiarlo, clasificarlo, tomar las muestras de las paredes del horno, los restos de carbones y de fauna, restos óseos, las escorias… Una labor científica que va a dar mucha información. Pero esa ya es otra historia.