MONUMENTO EN GRAN VÍA

Medio millón de euros para homenajear a los Trinitarios, "redentores de cautivos" desde Ceuta

Medio millón de euros para homenajear a los Trinitarios, "redentores de cautivos" desde Ceuta
Imagen recogida en un trabajo de Gómez Barceló.
Imagen recogida en un trabajo de Gómez Barceló.  

El proyecto de remodelación de la Gran Vía y todo su entorno que Tragsa ha presupuestado en 7,8 millones de euros prevé destinar algo más de 500.000 a un monumento a la Orden Trinitaria que, según fuentes del Ejecutivo local, se ubicaría justo enfrente de la Asamblea para recordar el espacio en el que tuvo su centro neurálgico en Ceuta.

Tras la toma de Ceuta por los portugueses en 1415, el edificio que fue la Almadrassa o universidad se convierte en un convento franciscano, según la reseña histórica que del antiguo Convento de la Santísima Trinidad de Ceuta hace el Ministerio de Cultura a partir, entre otras fuentes bibliográficas, del trabajo 'Nuevos datos para el estudio del Real Colegio, Convento e Iglesia de la Santísima Trinidad de Ceuta y la Madraza al-Yadida', de José Luis Gómez Barceló.

Hasta 1568 perteneció a esta Orden hasta que se hace una permuta con los trinitarios portugueses para que ellos lo ocupen. A cambio del convento en la ciudad, "desde donde podrían realizar mejor su tarea de redención de cautivos", estos entregaron a los franciscanos el que tenían en Tanger.

Esta situación se mantuvo hasta 1640, cuando los trinitarios portugueses deben abandonarlo, entregándoselo a los trinitarios descalzos de Andalucía. En el siglo XVII se realizaron proyectos de obra para acondicionar el convento y que pudieran habitar en él los frailes.

El conjunto se formaba por el convento de la Santísima Trinidad, la iglesia de Nuestra Señora de Gracia y el Real Colegio de Trinitarios. Se mantuvo activo hasta 1820, cuando los decretos de exclaustración del Trienio Liberal afectaron a la Orden y a esa casa.

En 1824, pasado el gobierno del Trienio Liberal, los monjes volvieron a ocupar el convento pero en 1835, ya de forma definitiva, debieron abandonar el convento y la ciudad. Desde ese momento el edificio recibió "diferentes usos", desde alquiler de viviendas hasta sede de pabellones militares, al menos una parte del conjunto conventual. A finales del siglo XIX fue demolido por el estado de ruina en el que se encontraba.