Nace el 'Manifiesto de los hombres por la igualdad y contra la violencia de género'

Nace el 'Manifiesto de los hombres por la igualdad y contra la violencia de género'
Imagen del acto.
Imagen del acto.  

- "La violencia de género es una escandalosa realidad que cada día se extiende más y afecta ya a toda la sociedad. Es el claro síntoma de que algo no está bien, de que algo no marcha", advierten los alumnos del Programa Renuévate, Prestación IMIS, Programa De Inclusión Social y Centro Integral Equal de Procesa


El Polifuncional del Príncipe ha acogido este miércoles la lectura del manifiesto de los alumnos de los programas de Inclusión Social, Renuévate, IMIS y Centro Equal contra la violencia machista.

Al acto ha asistido la consejera de Asuntos Sociales, Rabea Mohamed, y personal del Grupo de Violencia de Género del Plan de Salud de la Consejería de Sanidad y Consumo, que también este jueves llevará al polifuncional del Príncipe su campaña 'Salud en la calle', con la que se adhiere a la conmemoración del 25 de noviembre.

Este miércoles, además de la lectura del manifiesto que han redactado los alumnos de los programas mencionados, el polifuncional Mustafa Mizzian ha sido escenario de una representación sobre el mismo tema. El título del relato puesto en escena es 'Mi lucha empieza ahora'. La autora es Josefina Castillo, de la Consejería de Asuntos Sociales.

Manifiesto

La violencia de género es una escandalosa realidad que cada día se extiende más y afecta ya a toda la sociedad. Es el claro síntoma de que algo no está bien, de que algo no marcha.

Sus consecuencias son terribles; miles, cientos de miles de mujeres viven subyugadas y atemorizadas ante una continua situación de terror físico y psicológico en sus hogares y entorno más inmediato. Decenas de mujeres mueren cada año, en nuestro país, a causa del sexismo, el miedo y el odio de algunos hombres.

Sorprendentemente, los causantes de este mal, no son personas ajenas, extrañas a las víctimas. Todo lo contrario, el problema tiene su origen, incomprensiblemente, en el entorno más cercano de estas mujeres y por quienes dicen amarlas; son sus maridos, novios o parejas los que maltratan a las mujeres que, supuestamente, más quieren.

Son los hombres de la propia casa, los que provocan tanto dolor.

Los agresores, en su gran mayoría, no son hombres diferentes, especiales o enfermos.

Son hombres comunes, ciudadanos típicos, en muchos casos modélicos, amables y reconocidos en el vecindario y, a menudo, respetuosos y cordiales en su trabajo.

Son hombres que basan su seguridad personal en valores que representan el estereotipo tradicional masculino; el poder a través de la fortaleza física, la competitividad, la agresividad y un estatus de superioridad y privilegio con respecto a la mujer.

Son hombres que no están siendo capaces de reconvertirse hacia un tipo de relaciones igualitarias, basadas en el respeto mutuo.

Los agresores, aunque muy numerosos, es verdad que no son, ni mucho menos, la mayoría. No dejan de ser los casos extremos, pero... ¿y el resto? ¿dónde estamos y qué hacemos el resto de los hombres?. Si los maltratadores se encontraran con un rotundo no, con un contundente rechazo social, especialmente por parte del resto de los hombres, la violencia de género se reduciría muy considerablemente. La violencia existente en el seno de una sociedad, no es más que la suma de las violencias individuales de cada uno de sus miembros; la que cada una de las personas que la componen genera y la que es capaz de tolerar y asimilar. Cada gesto, actitud o comentario peyorativo y discriminatorio contra las mujeres, aumenta la permisividad y abre el camino hacia los malos tratos.

Como cada día, como cada semana, como cada mes, como cada año... como siempre, en este mismo momento, millones de mujeres están siendo maltratadas por otros tantos hombres, en todo el planeta. Y ello ocurre para vergüenza de todos nosotros. Y es así, en gran parte, porque el resto no hacemos lo suficiente para evitarlo.

Ha llegado el momento de dejar atrás todas las excusas, los inconvenientes, los miedos, las reticencias, las comodidades. Es la hora de actuar. Los hombres no podemos seguir permaneciendo ocultos, pretendiendo no tener responsabilidad moral ante las víctimas. Debemos alzar nuestra voz y hacer llegar a la sociedad un claro mensaje de rechazo absoluto de las raíces de la violencia, negando cualquier razón que la justifique. No hay excusa posible. Los hombres violentos han de saber que sus actuaciones son inaceptables y que nos estamos movilizando contra ellos.

Lanzamos desde aquí una petición a todos los hombres: os pedimos que no miréis a otro lado, que no sigáis tolerando en vuestro entorno ninguna situación de violencia, sexismo o discriminación hacia las mujeres. Es vuestra responsabilidad actuar allí dónde se dé o se prepare el horror. Denunciad aquellos casos que conozcáis y apoyad, sin ninguna duda, a las víctimas pues necesitarán de toda vuestra ayuda.

Porque solo a través de una conciencia individual crearemos una conciencia social de rechazo y eliminación de la Violencia, solo así lograremos una sociedad de derechos de ciudadanía en la que podamos vivir de manera digna, libre y sin violencia.