DEATH CAFÉ

Contra la Conspiración del Silencio

Contra la Conspiración del Silencio
Conchi Capillas, impulsora del Death Café en Ceuta, explica el funcionamiento a los asistentes
Conchi Capillas, impulsora del Death Café en Ceuta, explica el funcionamiento a los asistentes  

Café, bizcocho, una docena de desconocidos y un solo tema sobre la mesa: la muerte. Sin guión, sin pudor, sin miedo. Sin rodeos. Ese es el sencillo mecanismo de un Death Café, un espacio para hablar de la muerte y qué mejor que con un café y un trozo de pastel. Una iniciativa que ha llevado a la Biblioteca el equipo psicosocial de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y la vicedecana de Internacionalización, Estudiantes y Extensión Universitaria y  profesora de cuidados paliativos de la Facultad de Enfermería, Conchi Capilla.

La muerte nos acompaña en nuestro día a día. Vemos morir y matar casi constantemente. Cine, televisión, video juegos… Muertos ficticios y muertos reales. Se calcula que un niño puede llegar a ver más de 20.000 muertes en diez años, pero en la vida real, con suerte la muerte ni rozará su entorno. En la sociedad del culto a la violencia no se habla de la muerte. Hasta que nos explota y nos convertimos en afectado o en daño colateral. Para evitar el shock los Death Cafés proponen hablarlo tranquilamente, sin esconderse de la muerte. Y no es requisito estar moribundo, ni tener a un familiar al borde la muerte. Este es un tema que nos toca a todos.

“No es una terapia de grupo”, advierte Capilla, impulsora de la iniciativa, “lo que se pretende es eliminar el tabú de la muerte”. Nadie tampoco promete la vida eterna ni es un encuentro de metafísicos, se trata de algo tan sencillo y complejo a un mismo tiempo como tratar la muerte con naturalidad.

La Conspiración del Silencio

Como profesional de cuidados paliativos, Capilla ha sido testigo de muchas muertes, algunas lentas, largas y dolorosas para el enfermo y para los familiares. Dramas sobre los que se extiende el oscuro manto de lo que se conoce como la conspiración del silencio. Una situación contra la que luchan desde estas iniciativas conocidas como Death Café.

Nuestra sociedad ha cambiado. Antes moríamos en el hogar, rodeados de familiares y con dolor; ahora se muere intubado, inconsciente y sin dolor (eso nos dicen) en un hospital. Escondemos la muerte, la omitimos en la conversación. Y lo que es peor: incluso se la ocultamos al moribundo. Es común que el paciente sentenciado a una muerte inminente desconozca sui situación, la información y las decisiones las toman los médicos y los familiares y “el paciente –el verdadero afectado- no puede decidir si quiere seguir enganchado a una máquina, si quiere una terapia de paliación, si quiere morir en su domicilio….”,explica Capilla. “Todos vamos a ser pacientes, todos vamos a pasar por ahí”, recuerda.

Hay una manera de, al menos, minimizar esa conspiración del silencio: el testamento vital o de voluntades anticipada en el Registro Nacional de Instrucciones Previas del Ministerio de Sanidad, el documento que recoge las instrucciones sobre cómo se quiere ser tratado al final de la vida en caso de que no se esté en condiciones de decidirlo. En el caso de Melilla y Ceuta, las dos ciudades suman solo 139 declarantes. Sobra decir que no resulta fácil ponerse a pensar sobre tu propia muerte y menos planearla, pero es una manera de evitar el dilema a tus familiares y a los médicos. “Luego puede pasar cualquier cosa, pero que lo decidas tú, que me hagan todas las técnicas posibles, en el hospital o, por el contrario, que diga que quiere morir en casa y entonces habrá que hacer caso a esas voluntades anticipadas”.

Pero, aunque esa posibilidad existe, apenas un 0,57% de los españoles, solo 265.303 personas, había registrado hasta el pasado mes de octubre su testamento vital o voluntades anticipadas, el documento que recoge las instrucciones sobre cómo se quiere ser tratado al final de su vida o cuando no esté en condiciones de decidirlo. En el caso de Melilla y Ceuta, las dos ciudades sumaban un total de 139 declarantes, lo que supone un porcentaje del 0,081 por ciento del país.

Trabajar con la muerte

El primer Death Café que se celebró en Ceuta tuvo un escenario y un público muy diferente al que hoy acude a la Biblioteca Pública del Estado. La primera edición tuvo lugar en la Escuela de Enfermería, porque la muerte es muchas veces una compañera de trabajo. Algo que los demás sentimos cerca apenas un puñado de veces en la vida y que ellos, especialmente en especialidades como oncología o cuidados paliativos, experimentan casi cada día.

“Los profesionales sanitarios muchas veces no sabemos cómo comunicar una mala noticia”, observa la profesora de cuidados paliativos, “no debería darse en un pasillo, que nos el prepara al familiar para recibir el diagnóstico, con una buena comunicación el familiar puede tomar mejor decisiones dolorosas”.

En la facultad se estudia la asignatura, se trabaja cómo da la noticia, explica Capilla. “Pero no estás preparado”, admite. Nadie está preparado. Y contra eso solo hay una medicina: hablarlo sin miedo, sin pudor y con una taza de café y un bizcocho de por medio.