EXPOSICIÓN

Mis dos años de terapia en 19 fotografías

Mis dos años de terapia en 19 fotografías
%22Reality (...Happy ever affter)%22 Instalación de Rachel Valdez en La Habana. 2012. Javier Sakona. 'Cierra los ojos. Respira'.
%22Reality (...Happy ever affter)%22 Instalación de Rachel Valdez en La Habana. 2012. Javier Sakona. 'Cierra los ojos. Respira'.

En algún momento difuso entre mayo de 2019 y febrero de 2020 —la memoria se me aprieta confusa en los meses anteriores a la pandemia— mi terapeuta, Dolores Escalante, que no da puntada sin hilo, me propuso montar una exposición en el marco del XX Aniversario del Colegio Oficial de Psicología de Ceuta, del que es decana. El resultado de aquella propuesta es ‘Cierra los ojos. Respira. Un relato visual sobre la terapia en primera persona’. 19 fotografías que resumen, o eso pretendo, la cadena de emociones de dos años de psicoterapia que pueden verse en la Sala de Usos Múltiples de la Biblioteca Pública Adolfo Suárez hasta el próximo 15 de octubre.


El reto que me planteó mi terapeuta era doble: personal y artístico. Personal porque, como una vez me dijo Hamadi Ananou, “exponer es exponerse”. Cualquier fotografía es siempre personal y mostrarla, más aún en una exposición pública, es desnudar tu mirada, exponerla al juicio ajeno, al escrutinio de terceros. Dar un paso al frente. Y eso no siempre es fácil, aunque este caso fuera misteriosamente sencillo. 

Pero el mayor reto era, sobre todo, artístico. La cámara es una maquina nacida para mirar a nuestro alrededor, un artefacto pensado para “coleccionar el mundo”, decía Susan Sontag en ‘Sobre la fotografía'. Las imágenes que surgen de esa cámara oscura buscan ante todo mostrar algo allá afuera, tomar apuntes de la realidad o atesorar recuerdos de nuestra vida construyendo una especie de crónica de nosotros mismos a modo de árbol genealógico de nuestros lazos familiares y afectivos. Un “sustituto de la memoria”, resumía John Berger en su ensayo ‘Para entender la fotografía’: “La memoria entraña un acto de redención. Lo que se recuerda ha sido salvado de la nada. Lo que se olvida ha quedado abandonado”.

Exposición 'Cierra los Ojos. Respira'. Javier Sakona

Rara vez la fotografía gira su mirada hacia el interior del fotógrafo. Algo, sino imposible, solo al alcance de los elegidos. “Fotografío lo que no quiero pintar y pinto lo que no puedo fotografiar”, confesaba Man Ray señalando los límites de uno y otro arte.  Es evidente, sobra precisarlo, que no me hallo entre esos elegidos. Es por ello que me vi obligado a asumir mis limitaciones —algo reconfortante, lo recomiendo— y las limitaciones de la fotografía y opté por no refugiarme en caminos trillados y hacer lo otro que sé hacer (medianamente) bien: escribir, en este caso con imágenes.

Rara vez la fotografía gira su mirada hacia el interior del fotógrafo. Algo, sino imposible, solo al alcance de los elegidos. “Fotografío lo que no quiero pintar y pinto lo que no puedo fotografiar”, confesaba Man Ray señalando los límites de uno y otro arte. 

En cada fotografía hay una huella a veces evidente, otras veces borrosa, casi invisible, de la mirada del fotógrafo. Cada visión del mundo implica una gramática, una “ética de la visión” (Susan Sontag). En cada fotografía flota una idea, una emoción, una sensación. Algunas fotografías no son sino versos sueltos, sin comienzo ni final. Versos huérfanos de poema, ideas congeladas en un instante, fuera del espacio y el tiempo, esperando a un interlocutor que las comprenda. Y yo tengo miles de esos versos sueltos dormidos en dos discos duros. Con ellos traté de escribir un relato, un poema visual, con el que narrar las etapas de un proceso psicoterapéutico. 

Callejon del Oro. Praga. 2018. Javier Sakona

He de confesar que en el camino se quedaron otros enfoques, alguno de ellos muy interesante, como el esbozado con mi buena amiga la fotógrafa Ana Caballero. Enfoques todos menos personales y quizá por ello menos honestos. La vida se encargo de poner cada cosa en su sitio y, atropellado por los plazos, me vi obligado a asumir la que había sido mi primera idea: afrontar el proyecto en primera persona, tomándome al pie de la letra aquello de “exponer es exponerse”.

Esas 19 fotos que componen la muestra son imágenes sacadas en los últimos diez años en lugares dispares como Gijón, Ceuta, La Habana, Nueva York, Roma, Lisboa o Berlín. Versos sueltos que ahora dialogan entre sí formando mi relato personal.

Pero no se asusten, el planteamiento es personal, muy íntimo, pero la desnudez es conceptual. Esas 19 fotos que componen la muestra son imágenes sacadas en los últimos diez años en lugares dispares como Gijón, Ceuta, La Habana, Nueva York, Roma, Lisboa o Berlín. Versos sueltos que ahora dialogan entre sí formando mi relato personal. Pero quiero pensar —con ese ánimo está construido este poema—, que mis emociones no son precisamente únicas. Todos clamamos al cielo, todos nos topamos con muros, todos lloramos, todos pasamos noches en vela ahogados en recuerdos o asediados por temores. Por eso asumí que la única forma de escribir el relato era en primera persona del singular, la más universal de las formas verbales. 

Ciudad del Vaticano.  Azotea de la basílica de San Pedro. 2016

Pero, sobran más palabras. En teoría no deberían hacer falta. Es por ello que las fotografías no tienen título, aspiro a que hablen por sí solas. Atendiendo a John Berger decidí no condicionar al espectador, no interponerme más entre la imagen y el observador, que cada cual lea las fotografías como quien lee un relato. Yo ya hice mi trabajo, el psicológico y el fotográfico. El relato está escrito y colgado en las paredes de la Biblioteca. Si quieren pueden leerlo en la Sala de Usos Múltiples de la Biblioteca Pública ‘Adolfo Suárez’ hasta el 15 de octubre.

Mis dos años de terapia en 19 fotografías