Como cada año, UGT honra a siete guardias municipales escoltas del alcalde Sánchez Prado fusilados hace 88 años por la represión franquista y lanza una advertencia frente al auge del autoritarismo
La Unión General de Trabajadores (UGT) ha vuelto a alzar la voz este 10 de enero en un acto cargado de emoción, memoria y compromiso democrático. Se cumplen 88 años del fusilamiento de siete guardias municipales, escoltas del alcalde Sánchez Prado, y de su compañero Francisco Marto, víctimas de la represión franquista en Ceuta. Un crimen que, como recordó la secretaria general del sindicato, Yolanda Aparicio, no fue fruto del azar, sino de una decisión política y represiva.
“No los mataron por azar. Los mataron por su lealtad a las instituciones democráticas y por su compromiso sindical”, leyó Aparicio tras dejar dos ramos llenos de rosas rojas y margaritas a los pies de la estatua del regidor, en la Plaza de África; subrayando que aquellos hombres que le acompañaban eran trabajadores, objetores y vinculados a la Casa del Pueblo. “Su único delito fue cumplir con su deber y no renunciar a sus principios”.
Un acto marcado por una ausencia dolorosa
El homenaje de este año estuvo marcado por un vacío especialmente doloroso: la ausencia de Antonio González, hijo de Prudencio González, uno de los escoltas fusilados, quien durante años acompañó al sindicato en estos actos de memoria, incluso cuando su salud ya se resentía.
“Su pérdida nos recuerda que el relevo de la memoria nos corresponde ahora a nosotros”, expresó la secretaria general del colectivo, para quien se trata de una cuestión de relevo: “Si la UGT no cuenta su historia, el silencio ganará la partida”.
Un silencio que, según advirtió, no es neutro ni inocente. “No recordamos por nostalgia, sino por vigilancia democrática. Miramos al pasado para entender el presente”, defendió.
La memoria como defensa frente al autoritarismo
Durante su intervención, la secretaria general de UGT enlazó la memoria histórica con la actualidad internacional, alertando del avance de discursos y prácticas autoritarias que ponen en riesgo los derechos y las libertades.
“Vemos con preocupación cómo, en el escenario internacional, el autoritarismo se impone al consenso”, señaló, aludiendo a operaciones que “saltan por encima de la legalidad internacional y la soberanía de los pueblos” y que suponen un peligro. Y es que, advirtió, “cuando la fuerza sustituye a la justicia, siempre acaban pagando los más débiles”.
Para Aparicio, esa lógica es la misma que en 1936 intentó borrar los avances sociales conquistados en Ceuta y en toda España: “Ayer fueron los fusilamientos. Hoy puede ser el desprecio por las reglas que protegen a la clase trabajadora”.
Ser sindicalista hoy: memoria, dignidad y lucha
En ese contexto, reivindicó el papel del sindicalismo como dique frente al odio y la división. “Ser sindicalista hoy en Ceuta significa plantarle cara al discurso del odio que intenta dividirnos”, expresó reivindicativa, defendiendo que el poder debe ejercerse siempre bajo el control de la justicia y nunca bajo el capricho de la fuerza.
“Garantizar que el sacrificio de aquellos hombres y mujeres no fue en vano es nuestra responsabilidad”, insistió. “No estamos aquí para desenterrar el pasado, sino para sembrar el futuro”.
Aparicio cerró su intervención con un mensaje firme y combativo: “Nadie será olvidado mientras la UGT siga viva y ningún derecho será entregado sin lucha”.
La voz de la memoria familiar
Como hiciera junto a su padre cada año, no faltó a la cita José Manuel González, hijo de Prudencio González, quien vivió este homenaje como “uno más” entre los ugetistas, aunque marcado por la ausencia de su padre por primera vez.
“La verdadera historia de esta tragedia la vivió mi padre”, explicó, reconociendo que en la familia apenas se hablaba de lo ocurrido durante años. “Sabíamos cómo había fallecido mi abuelo, pero no se hablaba de nada”, recordó sobre aquellos años llenos de secretismo.
No fue hasta 2019, gracias al trabajo de compañeros como Paco Sánchez Montoya y Pepe Mata, cuando la familia pudo conocer con detalle lo sucedido: las acusaciones, los últimos días y el trágico final de aquellos trabajadores.
González tuvo palabras de agradecimiento para la UGT y para quienes impulsaron este acto de memoria, recordando especialmente a Pepe Mata, a Juan Carlos Pérez y a Francisco Sánchez Montoya.
Memoria viva, derechos vivos
El homenaje volvió a dejar claro que, para la UGT, la memoria no es un ejercicio del pasado, sino una herramienta para defender el presente y el futuro. Un compromiso que, 88 años después, sigue interpelando a la sociedad ceutí: recordar para no repetir, y luchar para
no perder lo conquistado.

