Más de trescientas personas han recorrido Ceuta desde la Plaza de los Reyes hasta el espigón de la Frontera Sur para reclamar justicia y rendir homenaje a las víctimas de la tragedia sucedida el 6 de febrero de 2014, cuando quince subsaharianos perdieron la vida tratando de alcanzar la costa ceutí mientras la Guardia Civil disparaba pelotas de goma y gas lacrimógeno
Bajaba el sol cuando llegaron a la playa. La XII Marcha por la Dignidad ha vuelto al Tarajal para denunciar y exigir justicia por las muertes de catorce personas el 6 de febrero de 2014: Yves, Samba, Daouda, Armand, Luc, Roger Chimie, Larios, Youssouf, Ousmane, Keita, Jeannot, Oumarou, Blaise y otro compañero cuyo nombre desconocen. Personas “que, buscando una vida mejor, encontraron la muerte”. De ellos se han acordado todo el camino, todo el día, todos los días, pero hoy con más fuerza y más voces unidas en un grito de justicia.
No es una manifestación más, se trata de un clamor en contra de las políticas migratorias actuales que cada año entonan cientos de personas venidas desde todo el país. Más de trescientas, han cifrado desde la organización en esta duodécima edición.
“En esta playa, catorce personas murieron ahogadas mientras la Guardia Civil les disparaba balas de goma y gas lacrimógeno para evitar que llegaran a la costa. Veintitrés personas fueron devueltas a Marruecos desde la misma playa y sin acceso a ningún procedimiento formal. A lo largo de estos años y a pesar de las denuncias, no se ha hecho justicia, no se han depurado responsabilidades y no se ha reparado a las víctimas ni a sus familias”, han leído varios portavoces con el atardecer como telón de fondo. Primero en árabe, luego en francés, finalmente en castellano.
“Un año más nos reunimos aquí para gritar que todas la vidas importan, que las vidas migrantes importan, que las vidas negras importan. Seguiremos luchando tantos años como sean necesarios para que todas las vidas sean respetadas y dignificadas. Seguiremos reuniéndonos y alzando la voz por todas las víctimas de las fronteras. Seguiremos pidiendo justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición para ellas y sus familias. Migrar es un derecho. No más muertes en las fronteras”.
Mientras siga habiendo una sola persona que pierda la vida en la frontera, la Marcha por la Dignidad volverá a recorrer las calles de Ceuta. Y “un año más y todos los que haga falta" habrá velas y flores en su memoria junto al espigón.
El proceso, atascado
Después de 11 años, el procedimiento judicial sigue pendiente de amparo ante el Tribunal Constitucional, quien admitió a trámite el recurso de amparo en junio de 2023. Para la abogada que lleva el caso en representación de la Coordinadora de Barrios, Patuca Fernández esto es "una buena noticia". Pero no hay nada asegurado y las familias de las víctimas continúan a la espera de que se reconozca que se han violentado derechos fundamentales tanto suyos como de sus allegados.
Se han vuelto remitir al último informe de Caminando Fronteras, en el que quedaba patente que tan solo en el año 2024, han muerto 10.457 personas tratando de llegar hasta España, entre las que se cuentan hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, “personas con familias, deseos y sueños truncados por la falta de vías legales y seguras para migrar”.
Razones por las cuales denuncian, “la falta de una voluntad política real” para garantizar una acogida digna a las personas migrantes y refugiadas que llegan hasta España “tras rutas muy violentas y mortíferas” y que se ven obligadas a “malvivir en recursos y espacios precarios que no reúnen condiciones dignas y agravan más las heridas físicas y psicológicas de la ruta”.
Van más allá y desde la Marcha por la Dignidad rechazan el “Pacto Europeo de Migraciones y Asilo”, “incompatible con los derechos humanos que provocará que tragedias como la del Tarajal y la Masacre de Melilla sigan repitiéndose”; también la “violencia administrativa que dificulta el acceso de muchas personas a conocer sus derechos, a solicitar asilo, les expone a más violencias como la explotación laboral, situación de calle, y hace de las instituciones una frontera más”.
La lista de afrentas es larga e incluye “la instrumentalización de las personas migrantes y la explotación de sus cuerpos”, el “neocolonialismo”, la irresponsabilidad del Estado al omitir su deber de socorro, el “constante goteo de muertes y desapariciones que se dan en las playas de Ceuta y Melilla” y “el racismo en todas sus formas, pero hoy sobre todo, aquel que atenta contra las vidas migrantes en las fronteras a través de las instituciones y las políticas fronterizas”.
Por todo ello, con el romper de las olas de fondo, cientos de corazones han pedido a una la inversión en políticas sociales, el fin de la externalización de las fronteras, el acceso efectivo al derecho de asilo, el combate contra los discursos racistas y xenófobos, la garantía de los rescate en el mar y el reconocimiento a la libre circulación de las personas.



