La mala estrategia del PSOE

La Zarpa - Julio Basurco


- Podemos y PSOE no se tragan. Y es normal. El primero nació contra el segundo. Iglesias, Monedero y Errejón han bebido siempre de las tesis de Anguita y Manolo Monereo: para llevar a cabo una verdadera política de transformación, el PSOE no es una ayuda, sino un obstáculo.

La crisis de 2008 le costó el gobierno a un Partido Socialista que se alineó más que nunca con su adversario dialéctico, el PP, y abrió la puerta a que una fuerza como Podemos pudiera intentar el sorpasso que jamás logró Anguita. Es posible que a Iglesias y Sánchez, dado lo dictaminado en las urnas, no les quede más remedio que entenderse. Pero eso no quiere decir que, por ahora, tengan que ser amigos, sino todo lo contrario.

Cada uno lucha con las armas que tiene. Podemos tiene a su favor las políticas de derechas del PSOE, algo que supo utilizar bien en campaña, consiguiendo más de cinco millones de votos y casi empatando a los socialistas, un hito histórico e imperdonable. El injusto modelo electoral, en cambio, hace que los de Pedro Sánchez disfruten de 21 diputados más en el Congreso.

Ese peso parlamentario es el arma que han usado contra Podemos. ¿Qué tú me disputas mi espacio político/electoral? Yo, a cambio de la Presidencia, le regalo el control de la Mesa a lo que en campaña denominé “las derechas”. Con lo que ello conlleva. ¿Qué tú sales en rueda de prensa ofreciéndome un gobierno, perdonándome la vida, cargándote una investidura de Rajoy que me servía para ganar tiempo, colocándome a mí en la tesitura de elegir entre tú o nuevas elecciones y montándome otra crisis interna en mi partido? Yo consiento y apoyo que la Mesa regalada a “las derechas” te manden al gallinero para invisibilizarte. Sí, cada uno usa sus armas y todas son legítimas. Ahora bien, ¿realmente acierta el PSOE? Yo diría que no.

En mi opinión, la actitud del Partido Socialista beneficia a Podemos, cargando de verdad lo que dijeron en campaña y han mantenido posteriormente. A nadie le conviene quedar ante el electorado como el culpable de que no haya entendimiento o de que se produzcan nuevas elecciones (algo que no creo que vaya a suceder). Podemos supo escapar de tal posición al ofrecerle Gobierno a Sánchez.

En cambio, es ahora el PSOE el que, con la pelota en su tejado, se muestra ante una porción del electorado progresista como una fuerza hostil hacia el cambio y connivente con el búnker representado por el PP y su muleta, Ciudadanos. El PSOE perjudica a Podemos en el Congreso, sí, pero le beneficia reforzando su línea discursiva: de un lado, Podemos; de otro, el tripartido inmovilista.