Carreira./archivo
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Emilio Carreira

El Presidente Vivas se esforzaba en la campaña electoral por distanciarse de aquellos partidos políticos que, a jucio de él, quebraban la convivencia entre los ceutíes, señalando en concreto a Caballas y a VOX, comprometiéndose a no pactar con ellos. Tras el desencuentro con un PSOE que tampoco se lo puso fácil, parecía haber encontrado en VOX la solución a sus problemas de estabilidad, fuerza política esta que ganó con solvencia en Ceuta las últimas elcciones generales. Pero en VOX ha estallado una guerra de consecuencias inciertas, con gravísimas acusaciones acerca de manifestaciónes racistas vertidas por los máximos responsables de VOX en Ceuta y que han encendido el ambiente de un modo peligroso.

No hay gobernabilidad que se base en unos frente a otros y si una posición firme y comprometida a este respecto hace endeble un acuerdo con alguien, es que ese acuerdo no merecía la pena. Si lo que se ha publicado hasta en La Vanguardia es verdad, lo que ha pasado en las filas de VOX no va contra Juan Vivas ni contra su Gobierno. Va a favor de la convivencia, el mayor valor a exportar desde nuestra ciudad al resto del mundo. En estos asuntos, no se puede ser tibio, calculador y político. En esto hay que ser persona de bien.

Rápidamente, los aludidos han declarado que esas supuestas manifestaciones están manipuladas, pero el eco local y nacional del asunto ha sido grande y muy perjudicial para la imagen de Ceuta y de su Gobierno. Parece que todo esto va a acabar en los juzgados, pero la política no puede esperar en muchas ocasiones a que los juzgados culminen sus actuaciones, siempre rigurosas, pero igual de cadenciosas.

El Gobierno de Vivas ha defendido inequívocamente durante muchos años el valor de la Convivencia, tiene una fundación que lleva ese nombre y entrega una importante distinción periódicamente a personalidades muy notables del ámbito internacional. Estoy con el Gobierno cuando defiende a capa y espada la necesidad de combatir la inmigración irregular, el asentamiento ilegal de inmigrantes del norte de Marruecos y Argelia, ya sean mayores o menores, porque Ceuta no tiene la capacidad de atender las necesidades de esos excedentes de población, que inamistosamente nos envía el país vecino. Y es que eso no tiene que ver nada con el racismo, la xenofobia o la islamofobia, sino con la necesidad de fortalecer los derechos inalienables de nuestra ciudad y de quienes la habitan. La diversidad de la Ceuta de hoy es su gran riqueza, cultural, espiritual, inmaterial en definitiva. El encuentro entre dioses y hombres en un ámbito pequeño, donde la empatía, la amistad y el cariño han sido y deben seguir siendo el cemento que une los pilares de Ceuta, un lugar en el que nadie es más que nadie, ninguna fe es incompatible con otra y las culturas se entremezclan para compartir y no para dividir.

Por eso, el Gobierno de Ceuta y su Presidente a la cabeza, deben pensar en lo grande, no en lo pequeño, porque no hay gobernabilidad que se base en unos frente a otros y si una posición firme y comprometida a este respecto hace endeble un acuerdo con alguien, es que ese acuerdo no merecía la pena. Si lo que se ha publicado hasta en La Vanguardia es verdad, lo que ha pasado en las filas de VOX no va contra Juan Vivas ni contra su Gobierno, lo haya promovido quien sea. Va a favor de la convivencia, el mayor valor a exportar desde nuestra ciudad al resto del mundo. Y es que en estos asuntos, no se puede ser tibio, calculador y político. En esto hay que ser persona de bien.