Alejandro Gómez Muñoz

El señor Carlos Verdejo ha abierto un interesante debate a través de su carta 'Hable árabe o márchese de Ceuta' al que me gustaría contribuir con mi humilde opinión.

Soy caballa de corazón, aunque llevo más de 20 años viviendo fuera de mi tierra y lejos de mi familia, como cientos de ceutíes. Nunca le di mucha importancia a aprender idiomas, y mucho me he arrepentido de esa falta de interés. Envidio a todo aquel que es bilingüe de lengua materna, porque tiene una mayor facilidad para aprender nuevas lenguas. Y creo firmemente en la lengua como instrumento de comunicación, y no de división como la utilizan los nacionalistas catalanes.

Se puede ver el árabe ceutí como una lengua invasora si así se quiere. Pero en Ceuta se habla árabe 'de toda la vida' al menos desde mis 35 años de vida. No sé yo si quedará algún ceutí que recuerde una época en la que nadie hablara árabe en nuestra Perla del Mediterráneo.

Yo creo que la lengua enriquece. Que conocer y dominar otros idiomas te abre puertas profesionales, pero también personales. Y que en Ceuta tenemos la fortuna de hablar dos lenguas con gran número de hablantes a nivel mundial. ¿Qué importancia podría alcanzar a nivel global una ciudad multicultural y bilingüe en español y árabe? Yo creo que en un mundo en el que los servicios a través de Internet son el motor de las grandes economías Ceuta tiene una oportunidad que abrazar. Un mercado árabe desconocido para occidente, con el que tenemos la ventaja de conocer su lengua y cultura. No será un camino fácil. Pero ojalá en algún momento todos los ceutíes habláramos perfectamente castellano y dariya. El día que eso suceda, Ceuta tendrá un futuro y un rol en este planeta. Mientras tanto sólo podremos vivir de más y más subvenciones, mientras las fronteras físicas nos ahogan cuando el mundo ya no es físico sino digital.

Como decía Carlos, no muchas generaciones atrás se habrían echado a reír de pensar en una Ceuta bilingüe, y como consecuencia hoy somos una ciudad dividida y sin rumbo. Ojalá tras haberme criado en Ceuta pudiera escribir este artículo en árabe, pero eso antes provocaba miedos y risas. Quizás sea bueno buscar un capitán sin miedo para dirigir la nave