Imagen de recurso.
Imagen de recurso.  

Juan Redondo

Que Ceuta es una ciudad insegura es una realidad mas que evidente, nunca hemos estado en el nivel que ahora nos encontramos. Podrán decir que con las estadísticas en la mano, nuestra ciudad no difiere en los números con los datos que se producen en otras ciudades peninsulares, puede ser, pero lo que a buen seguro no se recoge en esas estadísticas es el miedo real que existe entre los ciudadanos a consecuencia de esta situación.

La situación ya está ampliamente desbordada, por la Ciudad se mueven deambulando sin ningún tipo de control, decenas de personas que no tienen más oficio que el de delinquir, ni siquiera pueden ser considerados migrantes de ninguna categoría, gente que cruza nuestra frontera con la única animosidad de continuar con algo más de éxito e impunidad las tareas delictivas, menos productivas y más duramente castigadas, que venían realizando al otro lado de la frontera.

Y ese es el problema, el desastre de la frontera ocasionada por la actividad de los polígonos, situación caótica tomada como una verdadera oportunidad por esta masa ingente de delincuentes de todo tipo que entran en la ciudad sin más impedimento que el que les supone el tener que camuflarse entre los miles de porteadores que cruzan diariamente ese monumental coladero fronterizo.

Cualquiera que se mueva por la ciudad puede observar sin mayor dificultad la realidad de inseguridad en la que vivimos, da igual que sea el centro o la periferia, mañana, tarde o noche, el más simple descuido o imprudencia le puede llevar a más de uno a encontrarse en una situación comprometida con algunos de estos individuos, ya sean menores o mayores, nada tienen que perder y mucho que ganar con su acto delictivo y tal como están las cosas, sin duda tienen sus vías de escape muy bien aseguradas.

De nada vale que se quieran hacer paseos, poner más macetas o levantar más estatuas, y ese es el caso de la Avenida don Juan de Borbón, zona portuaria actualmente remozada y con presencia de una extensa oferta comercial, que sin embargo se ha convertido en un punto negro para la seguridad de Ceuta al concentrarse en sus inmediaciones decenas de indocumentados cuyo entretenimiento principal, además de intentar forzar la seguridad del perímetro portuario, es el delinquir cuando se presenta la oportunidad y amedrentar a trabajadores y a los posibles transeúntes que se aventuren a las horas menos concurridas a algunos de los comercios de la zona.

Lo cierto es que los ciudadanos estamos ya bastante cansados de tanta palabrería y estupidez por parte de los encargados en resolver esta situación, sabemos dónde está el problema, pues soluciónenlo de una vez. El problema está en la existencia de esos polígonos adosados a la frontera que hacen imposible el control adecuado del perímetro fronterizo, el problema está en mantener un comercio de “porteo” además de agotado, inhumano, el problema está en que no se hace cumplir la ley ante el temor del que dirán o a qué artilugio político requerirán aquellos interesados en que todo esto siga igual, aprovechándose del desastre.

Pero el más grave de los problemas reside en la falta de capacidad para dar una respuesta valiente a todos los enumerados y mientras la sociedad local no empiece a entender que los actuales responsables políticos no están en disposición de darla, poco o nada se podrá hacer por revertir la situación en la que tan dramáticamente está ciudad vive desde hace ya no pocos años.