Carlos Verdejo

A falta de seis meses para los comicios de mayo, la incertidumbre no para de crecer. Por primera vez desde que Juan Vivas se puso al mando de su cortijo en 2001, la ciudadanía anda expectante por lo que pueda acontecer en los próximos meses. La certeza de una mayoría absoluta del PP se ha desmoronado a base de escándalos de corrupción, pasividad buenista ante la inseguridad, calamidades económicas y una marroquinización tan permitida como fomentada.

El Gobierno local está más que retratado y son mayoría los ceutíes que quieren dar un paso adelante para luchar por causas justas y legítimas. La hegemonía de los partidos acomodados se ve amenazada por VOX, que causa temor entre la extrema izquierda y la derechita cobarde del PP. Ya no se demandan paños calientes, sino soluciones contundentes ante problemas de enorme gravedad para la paz social e incluso el futuro de la soberanía española de la ciudad.

Con este ambiente, se afronta una batalla en la que las artes sucias de la trama empoderada y apoltronada alcanzarán su máximo exponente, pero que sólo podrán aspirar a confundir en su intento por desacreditar a un partido con sangre nueva e inmaculado. No se enfrentarán como están acostumbrados a otra banda de tránsfugas con manchas en el historial o personajes de cierta relevancia gracias a favores de cuestionable moralidad. VOX Ceuta rompe con los clichés de lo que podría interpretarse como una revolución social de ciudadanos que se ven en la obligación de tomar las riendas y desplazar a una clase política caduca, dañina y muy peligrosa si continuase cuatro años más.

Los Juan Sergio Redondo, José María Rodríguez o Juan Manuel Aguiar que hoy ponen cara al proyecto en Ceuta bien podría ser un Antonio López, una África Pérez o un Miguel Álvarez. Ceutíes de cuna que sienten y padecen el día a día en el que se ha dejado caer a la ciudad (mención especial para algunas zonas y barriadas), con la nostalgia de tiempos mejores. Nada que ver con aquella panda del GIL llegada de tierras ajenas en 1999 y fagocitada en 2001, con el que desde la bancada de Vivas ya se trata de hacer un burdo paralelismo infundado que infructuosamente frene el ascenso del color verde.

VOX no se plasma en una élite de dirigentes esnobistas entre cuatro paredes, sino en un sentir popular que se comparta por calles, casas y lugares de ocio

La última encuesta local da a VOX cuatro diputados y diez al PP (mayoría absoluta en trece). Si bien se aprecia una evolución al alza, no puede considerarse suficiente. Se debe hacer caer al “establishment”, sin conformidad por poder eliminar algunos culpables o levantar las alfombras menores. La aspiración es gobernar y cambiar la política ceutí de forma directa y sin complejos. Las herramientas elegidas son las propuestas, la información y la rectitud.

Estructura funcional aparte, la idea de VOX no se plasma en una élite de dirigentes esnobistas entre cuatro paredes, sino en un sentir popular que se comparta por calles, casas y lugares de ocio. Una ilusión general por recuperar lo mejor de nuestra identidad, nuestro orgullo y que recuerde a los ceutíes el coraje que siempre nos caracterizó. Se acerca la hora de salvar a Ceuta, la hora de la España viva.